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Editorial & Opinion

Invadidos…

Carlos Alvarenga Arias/bogado y MAE

martes 3, octubre 2017 - 12:00 am

¿Qué pasaría si nos invadieran los extraterrestres? Nos enseñarían lo poca cosa que en realidad somos como especie. Frágiles y vulnerables.

Lo poco organizados que estamos, lo desunidos. Se aprovecharían de nosotros para divertirse, esclavizarnos, sodomizarnos, usarnos de abono y alimentarse de nosotros. Nos chuparían la sangre como sanguijuelas, adheridos a nosotros mientras languidecemos lentamente, pero sin eliminarnos.

Nos cobrarían tributos, se tomarían nuestras viviendas, actuarían arbitrariamente, gobernarían o cogobernarían con nuestros líderes. Justo como hacen las maras y los extorsionistas.

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Corolario: ya fuimos invadidos y no nos hemos enterado.

Las maras son el enemigo público número uno de la sociedad salvadoreña.


Este fenómeno social se combate con inteligencia y contundencia, proveyendo de todos los recursos a la prevención, la investigación, así como a los fiscales especiales y asegurando el cumplimiento de las penas, aun cuando la rehabilitación en el país sea un cuento de hadas.

La imposición de un impuesto para la prevención y el combate es urgente, necesario, impostergable, que provea de recursos a un plan bien elaborado en el que participen todos los actores del país.

Lo que haría visible e indubitable la voluntad del gobierno central es la construcción de más penitenciarías y el fortalecimiento de las existentes. Algo que vengo esperando de los rojos, pero nada. Puro discurso hueco.

En la lucha directa contra un fenómeno delincuencial como el de las pandillas, el encarcelamiento sería masivo. No digo arbitrario ni antojadizo. Cuando se espera que la investigación y los tribunales den resultados positivos a la sociedad, lo lógico es esperar que hayan muchos condenados, porque los involucrados son muchos.

Sin embargo, no existe. Lo único que sí construyen, con bastante ligereza, son mentiras que no engañan a nadie.

Este mes de septiembre fue otro mes para el olvido en nuestra historia moderna. Imagínense cuántas familias de luto, cuántos niños huérfanos, cuántas mujeres que quedaron sin el sostén de su hogar. Si es que parece una novela de H. G. Wells. Aniquilación de la especie humana, o al menos de la salvadoreña.

Todo lo contrario de ir remitiendo el delito que más no hace visibles antes los demás países, ante los organismos que estudian nuestra realidad, vamos aumentando en el índice de homicidios.

Acá se están matando a discreción, y lo peor es que están atacando a los elementos más importantes en la guerra directa contra las pandillas: los policías. Esto desembocará en deserción y decepción de los elementos y las consecuencias previsibles. Es claro pensar que ellos dirán que si el Estado no los defiende por qué tendrían que esforzarse en defender a la población. Una actitud así sería fatal.

Si sabemos que están en pugna las pandillas, pero eso es de siempre. Acá hay otro fenómeno: están atacando directamente a la población civil. Los muertos de las pandillas son un porcentaje muy bajo, y a menos que sean parientes de los muchachos, cosa que estaría por verse, las investigaciones no dicen nada.

Pueden ser testigos, vecinos fastidiados que ya no quieren pagar la extorsión, personas con las que tuvieron algún altercado por las cosas más banales como un parqueo, cualquier cosa, por mínima que sea, con el poder que han alcanzado, puede ser concebible. No creo que sea tampoco la cacareada violencia social, porque de ser así entonces habría que concluir que nos estamos volviendo psicópatas y sociópatas.

Por otro lado, dicen los voceros, que todas estas muertes es porque están ejerciendo presión sobre los políticos para que negocien. ¡Dios santo! Si la información en la que basan eso es correcta, no me quiero imaginar una nueva tregua. Si con la anterior se fortalecieron, con una nueva nos dan fuego.

Lo cierto es que todas son especulaciones sin fundamento, que no sirven para nada, pues el país continúa sangrándose, bajo la paciencia de los políticos, del gobierno actual que no encuentra el norte para dar a la ciudadanía seguridad jurídica, respeto a la ley, principalmente en lo que concierne a la dignidad de la persona, a su vida, su integridad, sus bienes.

Esto ya no puede seguir así. Pero al parecer nos tocará como a los mayas: una migración masiva, quién sabe para qué lugar…y desaparecer como sociedad.

 




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