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Editorial & Opinion

Inventar pruebas es una práctica abominable

Jaime Ulises Marinero / Periodista

Martes 25, Abril 2017 - 12:00 am

Inventar o plantar, por parte de miembros de la Policía Nacional Civil (PNC), pruebas falsas para hacer algunas capturas o amedrentar a algunas personas parece ser una práctica abominable más común de lo imaginable.

Según el mismo director general de la PNC, Howard Cotto, solo en 2016 se abrieron 431 investigaciones por denuncias contra agentes por fraude procesal y al final se comprobó que 151 cometieron dicho delito, por lo que hubo necesidad de depurar a 54 policías, algunos de los cuales son procesados penalmente y están encarcelados. Estas cifras en una institución que ronda los 28 mil miembros, son escandalosas.

La semana pasada se confirmó lo que ya los salvadoreños sospechábamos gracias a la denuncia ciudadana y a la intervención de instituciones como la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH). Se trata del caso del joven Daniel Avilés Alemán, quien en enero pasado fue detenido en Ilopango, acusado de Tenencia y Posesión, ya que los agentes captores aseguraron que lo habían detenido con una libra de marihuana. Tras varias denuncias en diferentes instancias y luego de investigaciones se ha llegado a la conclusión que los agentes Marvin Alexander Alvaisa y Reynaldo Madrid Pacheco, en realidad le implantaron la droga, es decir, que el joven nunca tuvo en sus manos la droga y fue arrestado en una cancha de la colonia Altavista ante unos 30 testigos que presenciaron la injusta detención.

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Actualmente los dos agentes, a quienes en sus respectivos casilleros se les encontró droga están siendo procesados en un Juzgado de Instrucción de Soyapango, luego de que un juzgado de paz les decretara la instrucción. Si pasan ajuicio deben ser  juzgados con pruebas valederas y no falsas, como la que ellos implantaban.

Reitero que este implante de falsas pruebas no son nuevas. Hace unos 15 años me conducía junto a mi familia en mi vehículo, cuando una patrulla policial se estrelló contra mi auto en la avenida Cuba de San Jacinto en San Salvador, frente a decenas de personas. La patrulla no llevaba sirena abierta y los policías se dirigían a dejar a su casa a un civil, es decir, no andaban en servicio. Cuando llegaron dos patrullas a realizar la inspección, de manera sospechosa un agente me pidió abrir el baúl y afortunadamente uno de los testigos advirtió que el susodicho policía pretendía colocar dentro del auto una bolsita con polvo blanco, probablemente cocaína. En ese momento le reclamé y siendo amigo de un oficial de Tránsito le hablé de inmediato. Al agente le abrieron un proceso disciplinario y entiendo que lo castigaron. Tuve suerte, pues de lo contrario me hubieran capturado por Posesión y Tenencia y seguramente me pasaba varios meses preso y con mi reputación por el suelo.


Me pregunto cuántos ciudadanos no tienen tanta suerte y son arrestados con pruebas falsas. En muchos juicios los jueces absuelven porque los testigos, generalmente los policías captores, se contradicen. Hubo un juicio en el cual un policía declaró haber sido quien detuvo al reo tras una persecución policial. El agente hasta dijo reconocerlo en el momento en que estaba declarando, pues le había decomisado un arma de fuego la cual describió con precisión; sin embargo, la defensa demostró  que cuando ocurrieron los hechos, el procesado estaba preso en bartolinas policiales.

Antes como periodista y ahora como comunicador institucional en el Órgano Judicial a menudo recibo denuncias de personas que aseguran que a ellas o sus parientes los acusan de manera arbitraria. Ahora mismo conozco el caso de una empleada de limpieza, cuyo hijo está preso en Santa Ana por homicidio agravado, aunque la supuesta víctima mortal está viva y dispuesta a declarar que no fue el joven quien disparó contra ella. En este caso, uno de los testigos asegura que fue presionado bajo amenazas por los policías para que declarara contra el imputado. La mujer interpuso la denuncia en la PDDH donde al parecer no le quieren ayudar.

Lo bueno de todo esto es que Howard Cotto ha manifestado que  las autoridades policiales no tolerarán que agentes inventen pruebas. Le tomó la palabra a Cotto, pues a los buenos policías, que son la mayoría, hay que estimularlos y a los malos hay que depurarlos.




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