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Editorial & Opinion

Jimmy Morales, un presidente en declive

Vanessa Núñez Handal / Abogada, docente y escritora salvadoreña, residente en Guatemala

Viernes 27, Enero 2017 - 12:00 am

Los hermanos Morales, Sammy y Jimmy, eran dos comediantes de considerable éxito en Guatemala. Durante más de 15 años transmitieron un programa compuesto por sketches protagonizados por personajes que representaban estereotipos sociales.

“Moralejas”, sin embargo, pretendía ser algo más que un show que hiciera reír al público. Se trataba de un programa que buscaba dejar una enseñanza que, por lo general, era transmitida por Samuel Morales, el mayor de la pareja de hermanos. Mensajes como “el fanfarrón presume de sus logros o virtudes pero en realidad, al hacerlo, sólo nos muestra sus más grandes defectos”, eran la conclusión de las historias narradas con cierto tono humorístico y a la vez moralizante.

Sammy y Jimmy Morales fundaron en conjunto diversas empresas. Fueron productores de programas televisivos y largometrajes. Ambos se preciaron durante toda su trayectoria artística, de contribuir en la construcción de un mejor país y de haber progresado de forma autónoma y bajo parámetros de honestidad.

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Jimmy Morales decidió lanzarse a la política en el 2011, como candidato a la alcaldía de Mixco, uno de los municipios más poblados de Guatemala. En aquella ocasión Morales participó en representación del partido Acción de Desarrollo Nacional (ADN), fundado por Adela Torrebiarte, ex ministra de gobernación durante el último año de Óscar Berger. Dicha campaña, pese a estar fundamentada en el hecho de que Morales fuera un rostro conocido en los medios, sus orígenes humildes y su falta de pasado político, no dio los mejores resultados. El candidato no obtuvo votos suficientes para quedar ni siquiera entre los primeros lugares.

En el 2015, sin embargo, ocurrió en Guatemala una de las crisis políticas más graves de su historia. En abril la Comisión internacional contra la impunidad en Guatemala destapó uno de los peores escándalos de corrupción enfrentados por una nación latinoamericana. Como consecuencia, la población guatemalteca se volcó a la plaza de la Constitución y, entre pancartas y consignas, pidió la renuncia de la vicepresidenta Roxana Baldetti y la del presidente Otto Pérez Molina. En la actualidad ambos exfuncionarios se encuentran en prisión, enfrentan un proceso penal complejo y varias de sus propiedades han sufrido procesos de extinción de dominio.


Dentro de este contexto de caos y desesperanza reapareció Jimmy Morales, esta vez convertido en el secretario general y candidato presidencial del partido Frente de Convergencia Nacional (FCN), fundado por varios exmilitares participantes en el conflicto armado guatemalteco que finalizó mediante acuerdos de paz en 1996.

Para sorpresa de muchos, el excomediante ganó las elecciones en octubre de 2015 en segunda vuelta, en la que compitió en contra de una experimentada política y exprimera dama de Guatemala, Sandra Torres. Su lema “ni corrupto ni ladrón” le ganó adeptos rápidamente.

Morales asumió la presidencia en enero del 2016 con un porcentaje de popularidad del 82 %. Su falta de pasado político hizo que la mayoría de la población le diera su voto de confianza.

Sin embargo, tras un año al frente del gobierno guatemalteco, Jimmy Morales ha demostrado carecer de dotes de liderazgo y, en consecuencia, Guatemala sufre actualmente una crisis de gobernabilidad.

Una serie de errores han hecho que su popularidad descienda al 19 % en un año. Y, por si fuera poco, el 18 de enero, Sammy Morales y José Manuel Morales, hermano e hijo del mandatario, fueron arrestados y ligados a proceso por el delito de fraude fiscal y lavado de dinero. El mandatario, sin embargo, se ha pronunciado en su cuenta de Twitter a favor del imperio de la ley y ha buscado desvincularse del escándalo que amenaza con dañar su ya deteriorada popularidad.

El escenario guatemalteco, pues, no puede ser más incierto y el presidente enfrenta una sociedad cansada de los escándalos de corrupción. Su slogan de campaña “ni corrupto ni ladrón” parece ahora otra más de las “moralejas” que, sin embargo, han dejado de hacer reír a la población.




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