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Entretenimiento

Jumanji en la selva: cómo destruir una franquicia en 120 minutos

Atilio Flores

sábado 20, enero 2018 - 12:00 am

Seguramente al leer este titular el lector podrá tener por claro el ahorrarse la película. Pero, se equivoca, y es que la película es en sí todo, menos Jumanji, y no con ello deja de ser una comedia que sirve para esbozar risas y carcajadas durante sus 120 minutos…

Está lejos de ser como la película icónica de los 90’s donde vimos a Alan Parrish, interpretado por Robin Williams y a Bonnie Hunt como Sarah Whitte, dos personajes que deben de concluir con la partida del salvaje y poco convencional del juego de mesa: Jumanji. En ella, los personajes se entrelazan en una historia de eventos inexplicables que el juego provoca y que deben de ir superando para salvar sus vidas antes de que el juego acabe con las de ellos.

La aventura de “Jumanji en la Selva” parte exactamente como concluye la entrega de 1995, encontrando el juego en la playa. No obstante, el juego se ve frente al reto de los adolescentes de esta época, donde son más prestos a los juegos de vídeo que a los de mesa, por lo que se ve en la necesidad de “evolucionar” a una consola de videojuegos. Partiendo de este hecho, existe un quiebre total con la concepción que teníamos de Jumanji, principalmente de aquellos que crecimos con los tambores espeluznantes de la versión del director Joe Johnston al adaptar el cuento de Chris Van Allburg.

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Desde los avances en los cines pudimos advertir que esta versión sería totalmente diferente. Sus personajes, sus actores, su trama, y algo que rayaba: su comedia; sumado a ello, la decepción de que sinceramente habían despedazado la riqueza y la frescura que representó Jumanji para los 90’s, y es precisamente que, para aceptar esta nueva versión, es necesario quitarse el prejuicio de la primera.

Tener a Dwayne “La Roca” Johnson y a Jack Black como los protagonistas de esta historia era asegurar la taquilla, ya que este par de comediantes tienen ese efecto de realizar los disparates más locos en comedias aceptables y familiares —o por lo menos que no decepcionen— categorizando como tal la expresión del género de comedia hollywoodense.


A ellos se suman Karen Gillan y Kevin Hart para completar el equipo más dispar quienes, irónicamente, caracterizan las personalidades de los verdaderos jugadores: un grupo de estudiantes inadaptados que encarnan el estereotipo de las clases sociales de las escuelas estadounidenses, la chica popular, la chica y el chico nerd y el matón atlético —malo de la materia gris— quienes caracterizan en apenas 10 minutos todos los problemas que friccionarán en el mundo de Jumanji, siendo ésta la fórmula que hace funcionar la película a la perfección.

La historia que nos presenta el director, Jake Kasdan, si bien es el desarrollo de un vídeo juego en el que deben de ir superando obstáculos, unos más complejos que otros, no coincide con las dificultades y retos que marcaban los acertijos que presentaba la primera adaptación, siendo en muchos casos el derroche de acción y de efectos especiales la excusa para hacer que el filme avance hasta su final.

El mundo que nos presentan junto a su villano es de lo más patético, y lo triste es saber que tratan de forzarlo como una continuación de lo que planteó la primera cinta; por lo que permite inferir que, simplemente se utilizó el nombre de “Jumanji” para atraer la nostalgia y el fanservice de una posible saga que arruinaron.

Por su parte, Nick Jonas en este filme, a parte de ser un gancho para las chicas, trata de semejar en cierta forma a la del personaje de Robin Williams, quien se queda varado en Jumanji por muchos años hasta que los siguientes jugadores lo liberan. Aunque la experiencia que demostró Alan Parrish en el primera película reflejó lo épico que era realmente vivir en la jungla del temido juego.

Sin embargo, dejando a un lado las comparaciones, lo que resalta más en su trama es el valor de la amistad y el trabajo en equipo que, pese a sus diferencias, deben de aprender a usar en el momento oportuno las habilidades que cada quien tiene, siendo la única manera en que podrán salvarse del juego, algo muy similar a como deben de enfrentar la vida real.

Jack Black encarnando al profesor Shelly Oberon es uno de los personajes que se roba  el show de la película en cada toma, al presentarnos una contradicción de géneros, ya que como “avatar” en Jumanji es un hombre; no obstante, el personaje en la vida real es Bethany White, la típica chica popular adicta a su teléfono celular, personaje que es interpretada por Madison Iseman.

Sin embargo, cabe denunciar la sexualización que sufre Karen Gillan en el  filme, hecho que ella misma reconoce al criticar su “atuendo” dentro del juego, marcando lo típico de mostrar las piernas  y el abdomen al vestir ropa demasiado  pequeña y ajustada.

Si bien no llega a su predecesora, “Jumanji en la Selva” llega para regalar las más estruendosas carcajadas y alimentar la taquilla de Sony, acabando con ello, una saga que pudo representar lo épico del juego, tal como intentó en 2005 John Favreau con “Zathura”, una idea muy similar a la de Jumanji, solamente que en el espacio, salvo que no la bautizó como Jumanji, salvando así  a la franquicia en su momento.




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