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Entretenimiento

Justice League: el crossover prematuro de DC

Atilio Flores

miércoles 27, diciembre 2017 - 12:00 am

Tras lograr un éxito con la película de Wonder Woman a inicios de este año, las esperanzas de que DC comics y Warner Bros. comenzaran a posicionarse con buenas historias incrementaron, -o por lo menos se esperaba que conectaran con la mayoría de los amantes del cómic y del género de superhéroes en la pantalla grande con personajes humanizados que permitieran identificarse con ellos-, trayendo consigo a la Liga de la Justicia en una historia tambaleante, que por momentos parece interesante, pero por otros, desastrosa.

En esta ocasión vemos a los demás miembros de la Liga: Aquaman (Jason Momoa), Flash (Ezra Miller) y Cyborg (Ray Fisher), quienes fueron levemente mencionados en el Amanecer de la Justicia en 2016; película de la cual nos presentaron solamente a tres de sus personajes iniciales: Superman (Henry Cavil), Batman (Ben Affleck) y  Wonder Woman (Gal Gadot) convergiendo para luchar contra Doomsday.

El desarrollo de la historia logra su cometido, evitando desarrollar una trama compleja, tal como lo intentó hacer Dawn of Justice, sirviendo el enfrentarse contra Steppenwolf (Ciarán Hinds) como la excusa perfecta para unir a los miembros de la Liga; no obstante, a medida nos adentramos en la historia vemos que adolece de muchos factores que generan situaciones que van en detrimento de las emociones que trata de vincular, tales como son las escenas que sirven de preámbulo para el desarrollo de los momentos de acción y tensión dentro del filme.

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Vemos en primera instancia a las guerreras amazonas defender “las cajas madres” de forma épica, las cuales dejan en éxtasis rotundo por cómo lo hacen, levantando la expectación de que si su batalla fue sorprendente, lo que vendría sería increíble…

No obstante, luego nos presentan a los atlantes perdiendo su caja madre en una batalla simple y sonsa, de la que se esperaban mayores retos al realizarse bajo un nuevo mundo subacuático, para remitirnos a un enfrentamiento mínimo, por parte de Mera (Amber Heard) y Aquaman contra Steppenwolf, concluyendo con un discurso que no implica la trascendencia de perder las cajas, sino más bien en cómo la relación de Aquaman con Atlantis se vienen abajo. En tercer lugar, tenemos el robo de última caja de la forma más tonta, la cual ocurre cuando todos los miembros están distraídos. ¿Es esto de lo que quieren que nos sorprendamos? Es algo lamentable.


Otro de los errores que comete DC es creer que, por el hecho que los personajes ya son bastante conocidos a través de las series animadas y los cómics, el mundo entero no necesita conocer el origen de un personaje que arroja en el filme. Si bien nos han adentrado poco a poco con diálogos de referencia desde Batman y Superman sobre la existencia de los “metahumanos”, no existe un factor de empatía que conecte a los espectadores con la caracterización que visualiza el director y/o la compañía sobre dicho personaje.

Los que más sufren por este aspecto son los personajes de Flash, interpretado por Ezra Miller, y Aquaman de Jason Momoa, ya que el espectador no puede entablar un vínculo con ellos para comprender la razón de ser de cada uno, sus actitudes y comportamientos, así como también su posición en el mundo: qué tratan de defender. Algo muy esencial que hubiese sido preferible, antes de su introducción abrupta, es haberles dado su momento de brillar por sí mismos con una película de orígenes, tal como funcionó a la perfección Wonder Woman y El Hombre de Acero.

Otro personaje que entraña bastante protagonismo, aunque  no tenga una película individual, es Cyborg, interpretado por Ray Fisher, quien nos introduce, en cierta medida, a su mundo a través de la conexión con las cajas madres que le mantienen con vida, lo cual es bueno.

Gal Gadot nuevamente conquista en cada toma del filme, ella en sí podría sostener toda la película y lo lograría, no tiene que convencernos de nada, ella lo ha hecho desde su propia película, con su carisma y humanismo que impregna con cada fibra de su ser.

Henry Cavill, en esta ocasión, encarna a un Superman que “sonríe” y es capaz de socializar muy bien con el resto del equipo, lo cual se percibe forzado, tal como se  vio en Batman vs Superman, cuando Batman le dice a Marta Kent: “Señora soy amigo de su hijo”, cuando no habían pasado ni cinco minutos de haber planeado matarlo, ¿Sobre qué cimentamos la amistad en nuestros días? Estas incongruencias hace que la interacción del resto del equipo se mantenga en momentos caótica y por otros fluctuantemente bien, y es porque sus personalidades permiten esa fricción, la del neurótico Flash, del insociable Aquaman, la dulce Wonder Woman y el misántropo Batman.

En cuando a la construcción del villano, por momentos resuelve como el enemigo formidable que nadie puede contra él y por otros es fácilmente predecible, a lo cual se suma el factor que no deja claro cuál es su propósito dentro de su relación con Darkseid, sin darle un sentido a su existencia y su papel de recolector, una evolución 2.0 de Enchantress de Escuadrón Suicida.

Sin embargo, las escenas de acción, cuando las mantienen, son formidables. Logran compaginar muy bien las habilidades de los personajes, no obstante, aquellas escenas que son netamente artísticas, gracias a Zack Snyder, se pierden al unísono con las texturas del CGI y su debilidad de presentarnos escenas de acción que transcurren, casi siempre, en espacios oscuros con una paleta de colores fría.

A DC cómics le hace falta mucho por recorrer para tratar de pararse al mismo nivel de Marvel con su producciones en el poco tiempo que tiene. Lejos de comparar el trabajo de una productora sobre otra- porque Marvel también comete errores, y muchas veces abismales-, debería de enfocarse en construir lo que sigue a continuación en su universo extendido, en lugar de arrojar a sus personajes directamente en una ensalada de explosiones, que terminen por hundir y cansar el género de superhéroes.




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