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Editorial & Opinion

Justicia educativa y el vaso de leche

Jaime Ramírez Ortega/Consultor legal y de negocios

Editorial & Opinion | Diario El Mundo

Lunes 2, Mayo 2016 | 12:00 am

Recientemente se celebró el Enade 2016, denominado “El Salvador: Libre de Corrupción”. Es evidente que el eslogan “corrupción”, es una piedra en el zapato para algunos líderes políticos de El Salvador, que están acostumbrados a tener libre albedrío en las finanzas públicas o mejor dicho manejan el dinero del pueblo como si fuese propio, despilfarrándolo en viajes, contrataciones superfluas, festejos, cócteles, asesores innecesarios, regalos y cuadros de lujo.

Lo que es peor, gobiernos de corte populistas que han formado toda una estructura electorera, donde regalan el dinero público en subsidios, bonos, y la última moda populista: mantener a Juan Pueblo sedado permanentemente con huacales, gorras, semilla mejorada, un vaso de leche, útiles escolares, zapatos y uniformes, entre otros.

Está claro que estas regalías responden a una estrategia electoral que favorece al partido de turno y le permite perpetuarse en el poder, pero no por lo que hace sino por lo que regala; dicho de otra manera, los gobiernos populares sobresalen por regalar el dinero público que no es de ellos, pero no existe a largo plazo un retorno de estas regalías o subsidios.

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Es decir, de muy poco sirven un vaso de leche y útiles escolares en las manos de una familia de escasos recursos, cuando sus hijos e hijas son víctimas de acoso constante de las pandillas, por ejemplo: el reclutamiento pandilleril ha generado una deserción escolar arriba de los 39,000 alumnos por año. Con ello no pretendo decir que el beneficio social sea inadecuado, lo que trato de explicar es que un país tan pobre como el nuestro, no es capaz de auto sostenerse por sí mismo.

Dar un subsidio o un vaso de leche sin haber hecho un plan estratégico anual, es como disparar al aire.  Explicado para ser entendido: ¿El vaso de leche sustenta a todos los niños? No, aunque algunos niños la aprovechan, otros la votan en los tragantes, y otros son intolerantes a la lactosa. Entonces ¿a quién favorece el vaso de leche? A las empresas vinculadas al Gobierno, que son proveedoras de leche del Ministerio de Educación.

Por otra parte, si lo que se desea es desarrollar una verdadera política educativa justa, y que se reflejen frutos a mediano y largo plazo, entonces el Gobierno debe ponerse en modalidad de inversionista y no de erogación. De modo que se debe orientar a las nuevas generaciones en pescar y no a estirar la mano para pedir; para ello es fundamental que en lugar del vaso de leche se reeduque a todos los profesores para que se actualicen y enseñen con pasión.

En lugar de los útiles escolares, deberían dirigirse estos recursos a tecnología, para llevar la educación de El Salvador al siglo XXI. Así mismo, podría destinarse el dinero de los zapatos y los subsidios en mejorar la infraestructura, dado que hay escuelas que se están cayendo y no tienen los implementos adecuados. O mejor aún, construir escuelas donde no hay una en la actualidad, en aquellas islas o zonas de poco desarrollo.

De tal suerte que si se logran enfocar y canalizar los recursos de manera sabia, estaríamos aproximándonos a una verdadera justicia educativa, ya que no es justo que solamente una parte de la población tenga acceso a un vaso de leche, zapatos y útiles escolares, mientras otra parte enorme de niños y niñas no tienen acceso a una escuela, energía eléctrica ni agua potable.

De manera que para que el dinero alcance hay que aplicar correctamente lo que dice el señor Alcalde de San Salvador: “no hay que robar”, pero me gustaría ir más allá: no hay que ser corruptos, o sea, no hacer uso del poder público para favorecer a los amigos con contratos jugosos que enriquecen a la elite vinculada al partido de turno, en detrimento del resto de ciudadanos.

En suma, el discurso convence pero los hechos arrastran; no es lo mismo decir no robar que hacer que los demás no roben ni sean corruptos, dado que es penoso ver a funcionarios públicos ligados a una gran cantidad de empresas que le venden servicios al Gobierno, donde adquieren contratos millonarios, pero se rasgan las vestiduras hablando de no robar.



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