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Editorial & Opinion

La chicharra necia

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario

Lunes 3, Abril 2017 - 12:00 am

Cuenta Esopo, un gran fabulista griego de hace muchos siglos,  que una vez apareció una cigarra (chicharra), que cantaba y danzaba todo el día sobre las ramas de los árboles, libando únicamente el néctar de las flores que encontraba, sin esforzarse en otra cosa. Cerca de ella, arrastrándose fatigosa por el suelo, una humilde hormiga, trabajaba y trabajaba incesante, acarreando hojitas, restos de insectos, pedacitos de alimentos que otros habían despreciado y que después guardaba, ordenadamente, en la bodeguita de su hormiguero construido debajo de la tierra, donde en forma previsora se aprestaba para afrontar el crudo invierno que se aproximaba. En una de esas vueltas, la hormiguita se encontró con un enorme terrón de azúcar, el suficiente para endulzar sus bebidas calientitas en todo el invierno, cuyas brisas frescas comenzaban a sentirse en la floresta. Pero se encontró con una dificultad: el terrón era tan grande y pesado, que por muchos esfuerzos que hizo la hormiguita, le fue difícil moverlo un milímetro.

Entonces se acordó de la chicharra cantadora y bailarina. Salió en su búsqueda y la encontró como siempre: embriagada con el néctar de las flores y pies presurosos para la danza más alocada. Después de llamar su atención,  la hormiguita le pidió que le ayudara a cargar el tesoro de dulzura encontrado, además le propuso que podía pasar el invierno resguardada en el hormiguero, sin temer nada pues los alimentos conservados alcanzarían para las dos. La chicharra desechó ayudarla, burlándose de aquella hormiguita, quedándose en su bulliciosa tarea musical improductiva. La baja temperatura hizo reaccionar tardíamente a la chicharra. Inútil: las puertas de la amiga nunca se abrieron para ella.

Hay gobernantes que son como la chicharra de la fábula. Cuando llegan a probar “las mieles” del poder y encuentran que todo puede ser de cantar, bailar y endulzar a los demás con prebendas, regalías, contratos amañados, fraudes fiscales, enriquecimientos ilícitos y un largo etcétera, se olvidan que esa primavera ilusa tiene inexorablemente un final y que a las naciones, como a los gobiernos, también suelen llegar etapas de sequía atroz, duros congelamientos de los niveles económicos, que hacen difícil o imposible, una administración gubernamental óptima o, por lo menos, tranquila y sin críticas  acervas. Por supuesto, nunca falta un gobierno amigo, una nación que ayude a quien está en dificultades.

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El invierno no llega a todo el mundo al mismo tiempo. Ni la primavera tampoco. Siempre hay altibajos en el quehacer de los Estados. Y eso lo leemos en los libros de la historia, misma que nos enseña que tampoco nadie regala nada, sin pedir alguna ayuda a cambio.

La hormiguita ofreciendo sobrevivencia a la chicharra, a cambio de que le transporte el terrón de azúcar que ella sola no puede cargar. Es como una ley de la vida. Lo malo es cuando a veces hay gobiernos que se creen autosuficientes, actúan con soberbia, creyendo que serán eternos en la cima estatal, sin tener siquiera una base económica, sólida y suficiente, por lo que, tarde o temprano, necesitarán de la ayuda de fuera, de la hormiguita sola, pero que en el fondo  es mucho más poderosa que esos gobiernos de cartón que luego se deshacen con un poco de lluvia copiosa…


Un senador muy influyente, Marco Rubio, pidió ayuda a El Salvador, Dominicana y Haití para votar en la Organización de Estados Americanos (OEA) en favor de una resolución continental que obligara al dictador venezolano, Nicolás Maduro, a convocar pronto a elecciones libres y democráticas. El embajador acreditado por el gobierno salvadoreño votó en contra y hasta minimizó la sugerencia o llamado del senador Rubio, en la misma forma irónica que lo hicieron aquí varios funcionarios y diputados efemelenistas.

De hecho, eran tres votos los que faltaban para dar paso libre a la resolución que se esperaba enviar al  dictador espurio venezolano. Ciertamente, hasta este momento solo ha sido el senador Marco Rubio quien hizo propios los anhelos del pueblo venezolano, pero el hecho de que su influencia puede alcanzar altas esferas del Senado y de la administración Trump, es una señal de advertencia que el gobierno salvadoreño jamás debió pasar inadvertida. Tiempo al tiempo, amigos.




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