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Editorial & Opinion

La Ciencia, Tecnología e Innovación en El Salvador

Lunes 15, Junio 2015 - 12:00 am

José Vasconcelos decía: “Educar es develar, desenvolver y desarrollar todas las capacidades del ser humano, devolviéndole la confianza en sí mismo y el amor por lo suyo. Los educadores de nuestra raza deben tener en cuenta que el fin capital de la educación es formar hombres capaces de bastarse a sí mismos y de emplear su energía en el bien de los demás”.

Para cruzar la senda del crecimiento económico, bienestar social generalizado y renacimiento cultural, nuestro país necesita empresas saludables, industrias con futuro, capaces de adoptar las nuevas fuentes de productividad. Crear las condiciones y la infraestructura que permita a los innovadores y emprendedores del país competir en terreno parejo con sus contrapartes del resto del mundo, es una necesidad.

Esto no será posible sin un sostenido esfuerzo dirigido desde los poderes públicos, y apoyado por el consenso nacional para cerrar las brechas existentes, en especial la denominada “brecha digital”. Eliminar sin demora los obstáculos físicos, tecnológicos, lingüísticos, culturales, sociales y económicos que todavía impiden a muchos salvadoreños tener acceso sistemática y cotidianamente a la red informática global.

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Desde el punto de vista de las políticas públicas, el BID en su libro “¿Cómo repensar el desarrollo productivo? Políticas e instituciones sólidas para la transformación económica”, sostiene: a mayor competencia entre el sector privado, más abocadas se verán las empresas a innovar y a superar a sus competidores. Lo que conlleva a un mayor uso de los incentivos fiscales.

En este contexto, parece oportuno señalar que así como se hacen deduciblen para efectos tributarios las erogaciones en colegiaturas para la educación básica, media y superior, debería ampliarse a las erogaciones que hagan las empresas en la dotación de habilidades innovadoras, digitales y otras destrezas técnicas para las personas a las que brinden ocupación, en tareas que redunden en un incremento sustancial, mesurable y demostrable de su productividad.


Si la política tributaria se suma al acervo de estímulo público a la oferta educativa privada, beneficiar a las empresas, tanto como a las familias, resulta deseable y oportuno ante el reto formidable de consolidar en El Salvador el crecimiento económico sostenido. Se debe apostar al conocimiento científico, a la innovación, que nos aparten de quedar atrás en todos los rubros vinculados al conocimiento y al desarrollo de la ciencia y la tecnología. Esto significa mejores ciudadanos, con mayor competitividad y conocimiento para enfrentar los retos de hoy y del mañana.

América Latina es una de las regiones más atrasadas en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI) en el mundo, no sólo gracias a la rigidez estatal, sino también a la falta de medición de impacto de los programas, a la bajísima inversión como proporción del PIB. Todo lo anterior, con el adormecimiento empresarial para construir estrategias competitivas basadas en innovación.

Han faltado las políticas y los programas que entusiasmen al sector productivo. Si dejamos la CTi al vaivén de coyunturas políticas o a una decisión sobre puntos de vista personales, será difícil que alguna vez podamos evidenciar su verdadero poder e impacto.

La ciencia, la tecnología y la innovación, si queremos que se convierta en un instrumento real de competitividad y transformación productiva, deben ser vistas como políticas públicas de largo plazo, con un importante ingrediente de estabilidad.

No cerrar esta brecha equivale a mantenernos excluidos de los saberes y las destrezas que dan acceso al progreso y a la riqueza de la nueva economía global. Equivale a condenarnos a ser un “museo viviente” y a permanecer como “analfabetas digitales”, a la saga del desarrollo económico mundial. Invertir en ciencia y tecnología es invertir por el futuro de El Salvador.




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