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Editorial & Opinion

La ciudadanía crea sus propios héroes

Jaime Ulises Marinero / Periodista

miércoles 15, agosto 2018 - 12:00 am

Allá por 1990 dos sujetos abordaron un bus de la ruta 9, en la parada de la Universidad de El Salvador y cuchillos en mano comenzaron a asaltar a las mujeres. En los asientos traseros iba un grupo de unos diez estudiantes de Periodismo de la UES, quienes se armaron de valor y rodearon a los rateros a quienes les dieron una tremenda golpiza. Los estudiantes estaban dispuestos a matar a golpes a los dos ladrones, ante los gritos de apoyo y el aplauso del resto de pasajeros, pero como profesor de aquellos alumnos tuve que mediar para que los entregaran vivos a las autoridades policiales. A los ladrones se los llevaron al hospital y supongo que luego los procesaron judicialmente hasta condenarlos. Ojalá hayan aprendido su lección.

Recientemente recordaba aquel incidente con un exalumnoque ahora es inspector jefe de la PNC y que participó en aquel acto. Según este oficial si fuera civil y tuviera la oportunidad de arrestar o golpear y hasta matar en flagrancia a un delincuente lo volvería a hacer, porque “la delincuencia es indignante”.

La semana pasada un agente de seguridad privada mató a dos delincuentes que pretendían asaltar a empleados de una compañía telefónica.  En las redes sociales la “Vox Populi” define a este hombre como un héroe. Incluso piden a las autoridades que lo liberen de inmediato. Obviamente el agente privado fue detenido por trámite, pero cuando se compruebe que actuó en defensa propia será liberado.

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A veces se conocen casos de agentes de la PNC que en su tiempo de licencia han defendido a víctimas y se han visto forzados a matar a delincuentes. De inmediato viene la andanada de mensajes de apoyo para estas personas. Es decir, los salvadoreños hemos aprendido a ver como héroes a quienes matan delincuentes.

Un día de estos, en un autobús de la ruta 3,  un ladrón armado con un cuchillo le robó el celular a una jovencita, lo cual fue presenciado por un civil que sacó su arma de fuego y le disparó en el abdomen. El delincuente, al sentirse herido, bajó del vehículo y pidió apoyo a una patrulla policial para que lo llevara al hospital. Tras el delincuente venía una mujer que les dijo a los policías que a ese individuo un pasajero le había disparado porque le robó el celular. Efectivamente, al sujeto se le encontró el cuchillo y el teléfono robado, por lo que fue llevado al hospital bajo custodia policial para luego remitirlo a los juzgados. Lo trascendental de este caso es que el pasajero que disparó estaba dentro del bus y cuando los policías preguntaron quien había disparado todos dijeron que el pasajero ya se había bajado y señalaron un lugar incorrecto para indicar hacia donde había corrido. El bus siguió su marcha y los pasajeros aplaudieron al ciudadano que disparó.


La semana pasada en Usulután fueron detenidos cuatro individuos acusados de formar parte de un grupo de exterminio de pandilleros. Basta ver las redes sociales para darse cuenta uno de la indignación ciudadana causada por la detención.

Realmente es peligroso que la ciudadanía se defienda por sus propios medios, al sentirse desprotegida por la Seguridad Pública. Ya se han dado tiroteos en buses y microbuses, donde el resultado es la muerte de personas inocentes, al quedar en fuego cruzado.

Los grupos de exterminio no deben existir. Son tan ilegales como  cualquier grupo delincuencial. Sus miembros son delincuentes que comienzan matando delincuentes y después se convierten en sicarios. Y es que idealmente nadie tiene el derecho a tomarse la justicia por sus propios medios, mucho menos a quitarle la vida a otra persona. Pero como me decía mi amigo oficial, “es que a veces la gente se desespera porque nosotros no les damos la protección debida”.

Las armas en manos de la ciudadanía también son un peligro. Una política de desarmamentización debe llevar a quitarle todas las armas a los delincuentes y eliminar las licencias de portación de armas. Armados solo tienen que estar los policías, soldados y personal de seguridad privada debidamente entrenada y capacitada.

Las instituciones de Seguridad Pública deben poner en remojo las barbas cada vez que la ciudadanía ve como héroes a civiles que matan o reprenden a delincuentes, pues al final viene a reflejar que ellos no están haciendo bien su papel.




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