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Editorial & Opinion

La Conferencia de París

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

Sábado 21, Enero 2017 - 12:00 am

Pareciera que soy recurrente en el tema del Estado de Israel y el intento de las Naciones Unidas por desarticular su existencia, a fin de complacer las pretensiones islamistas a través del pueblo palestino que, por cierto, no está representado por el grupo terrorista Hamás (Movimiento de Resistencia Islámico), ni por la ausencia del liderazgo y legitimidad de Mahmud Abbas.

Sobre los antecedentes de esta Conferencia hay mucha literatura, ensayos, propuestas e historia antigua, moderna y contemporánea, por lo que en esta reflexión partiremos del hecho concreto de la actual geopolítica internacional, el Medio Oriente, el islamismo europeo, el terrorismo islámico, los palestinos, Israel y, Estados Unidos.

En lo Inmediato, recordemos que la realización de la Conferencia Internacional de París, celebrada el pasado domingo 15 de enero con la participación de 70 países, fue para discutir el tema de la Paz en el Cercano Oriente, como si ella dependiera de la existencia del diferendo palestino-israelí. La convocó el presidente francés François Hollande, luego que se produjera en el mes de octubre de 2016, la indigna Resolución del Consejo Consultivo de la Unesco declarando al Monte del Templo o, la Explanada de la Mezquita, como también se le conoce, como patrimonio cultural musulmán; pasando por alto la relación milenaria del pueblo judío y la cristiandad con Jerusalén y el Monte del Templo. El texto de esa declaración fue presentado por los países árabes integrantes del Consejo Consultivo que, al ser sometido a su consideración, de los 58 votos obtuvo 24, los suficientes para su aprobación, para vergüenza de la Institución.

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Posteriormente llegó la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, originada por Venezuela, Malasia, Nueva Zelanda y Senegal el 23 de diciembre del mismo año, que señaló al Estado de Israel como Potencia Ocupante de los territorios de Cisjordania y Jerusalén Oriental, en detrimento de los derechos palestinos.

De modo que Hollande, acosado como está por la invasión musulmana en su propio territorio, habiendo perdido el control del ejercicio de su soberanía, a punto de perder su abolengo histórico, costumbres y cultura, es posible que le pareciere natural, y del “alto nivel político”, convocar esta Conferencia, cuyo objetivo sería respaldar la Resolución 2334, no ya señalando a Israel como Potencia Ocupante, sino interviniendo directamente para garantizar su cumplimiento; por cierto, con los votos de dos países que han negado el Holocausto, y extraña la abstención de Estados Unidos.

Con una Europa desorientada y debilitada en lo político y cultural, haciendo crisis la Comunidad Europea que atiende más a lo político que a lo económico, y una veintena más de países cansados del chantaje de las naciones musulmanas, se reunieron en París para respaldar la intervención directa de las Naciones Unidas en Israel. No obstante, al final de la tarde de ese domingo, los países presentes, sin la firma de Inglaterra que se declaró  meramente observador, optaron por un saludo a la bandera y apelaron al melifluo lenguaje del no decir nada en concreto, llamar a las partes a la concordia y el diálogo, para dejar cualquier decisión propositiva en suspenso, hasta ver cuál sería la posición del presidente Donald Trump sobre el tema, quien no ha ocultado en señalar el origen del terrorismo, y su franca simpatía por la causa israelí.

Cualesquiera fuere la posición personal, política o conceptual que se tenga del Presidente Trump, es imposible no aceptar que el resultado de esta Conferencia sobre la Paz en el Cercano Oriente, ha constituido en lo inmediato, el primer acierto tangible de la política exterior de Donald Trump, que se produjo cinco días antes de su actual investidura, al lograr detener un impredecible conflicto generado por la desdibujada Europa, la mayoría de los países árabes y musulmanes y, aquellos cercanos o simpatizantes con las motivaciones y acciones del terrorismo internacional, orientadas en detrimento de la democracia, y los valores culturales de Occidente.




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