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Editorial & Opinion

La conquista de un sueño que parecía imposible

viernes 27, febrero 2015 - 12:00 am

Después de más de 15 años abogando por lograr las reformas electorales que sustituyeran un sistema vicioso de elegir a los diputados a la Asamblea Legislativa, finalmente se ha concretado la madre de todas las reformas que ha devuelto al pueblo el derecho a elegir a los ciudadanos que le representarán en ese Órgano Fundamental, que le había sido secuestrado por pequeños pero poderosos grupos.

La Asamblea Legislativa  ha sido el vehículo perfecto del que se han valido los poderes fácticos para gobernar el país a conveniencia de sus intereses particulares. Mediante las cúpulas de los partidos políticos impusieron a los diputados que les aseguraron fidelidad y obediencia a sus directrices obligándoles a violar groseramente el mandato constitucional que establece que “los diputados representan al pueblo entero y no están ligados por ningún mandato imperativo”.

La sumisión de los diputados a aquellos privilegiados se ha reproducido en las instituciones del Estado debido a que es la Asamblea la que designa a los funcionarios que las conforman, siguiendo el mismo criterio con el que ellos fueron seleccionados para llegar a sus puestos. Eso explica la influencia que ejercen sobre la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Nacional de la Judicatura, la Corte de Cuentas de la República, la Fiscalía General de la República, el Tribunal Supremo Electoral, la Procuraduría General de la República, la Procuraduría de los Derechos Humanos, el Tribunal de Ética Gubernamental y todas aquellas que son de elección de segundo grado.

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Las luchas de la sociedad civil organizada se impusieron a la férrea oposición de quienes obtuvieron provecho de un nefasto sistema electoral y ante su reclamo la Honorable Sala de lo Constitucional sentenció de inconstitucionales los artículos del Código Electoral que no permitían al pueblo elegir a sus diputados de acuerdo al artículo 78 de la Constitución que manda “el voto será libre, directo, igualitario y secreto”.

Ahora el pueblo tiene el derecho de votar por los ciudadanos que según su voluntad merecen la confianza de ser sus dignos representantes en el Poder Legislativo, sin prohibiciones abusivas que le fueron impuestas antes que no le permitían votar por candidatos propuestos por distintos partidos y candidatos NO partidarios.


Ahora los que resulten electos diputados conocerán cuál es su capital político y sabrán como conservarlo y aumentarlo, sabrán que quienes les favorecieron con su apoyo estarán atentos a su comportamiento y continuarán brindándoselo en futuras elecciones si satisfacen sus expectativas.

No más diputados que no podían ser removidos de la Asamblea ni a cañonazos, sin importar su comportamiento, mientras el partido los inscribiera en las primeras posiciones en sus listas, porque ahora el pueblo no estará condenado a votar pero no elegir como ha sido hasta ahora.




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