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Editorial & Opinion

La consumación del plebiscito

Jueves 10, Diciembre 2015 - 12:00 am

No podía ser de otra forma, estas fatídicas elecciones para el madurismo, dictadura cívico-militar, tiranía castro chavista de carácter totalitario más depredadora que haya conocido nuestra región se acabó, sucumbió, derrumbó, se vino abajo, implosionó. No por los precios del petróleo que bajaron, la sobreproducción o la energía sustitutiva; mucho menos por una conspiración de la derecha internacional o del imperialismo americano, unida a la intención de los integrantes de la OPEP de perjudicar a Venezuela, como se le oyó decir a Maduro, Cabello y demás ejemplares que integran, todavía, la nomenclatura de un gobierno que nos llegó a convertir, literalmente en Estado Forajido, según los cánones académicos, jurídicos y la praxis internacionales.

Se acabó como un soufflé mal elaborado, como una gelatina que no cuajó, como una amante decepcionada, como el pitcher que en el noveno inning perdió el plato, y la bola se la colocó al bateador a la altura del pecho, que se la sacó a 500 pies del estadio, para ganar 1 a 0 el juego.

Se acabó, porque en su arrogancia, no podía entender cómo el pueblo, ese pueblo que despreciaba, al que le regalaba electrodomésticos para domesticarlo, le negó el voto; además, porque confió, como siempre hizo, que ese sistema medio enigmático, medio esotérico y, “el mejor del mundo” como solía afirmar con soberbia la Presidente del Consejo Electoral, sería desbordado por los votos vigilados, recontados, y bloqueados cuando su señal electrónica transmitía a centros diferentes a la institución electoral que le correspondía. Pero sobre todo, se derrumbó aparatosa y vergonzosamente, porque en medio de su colosal riqueza mal habida y sobreexhibida, hambreó a la población de todos los estratos, en particular a su votante natural a quien Chávez les había vendido la esperanza de la existencia, la convirtió en lumpen, carne de cañón, basura humana, y les dijo que ser pobre era bueno, mientras sus hijas se paseaban por las calles de Nueva York exhibiendo carteras Louis Vuitton, o los sobrinos de la Primera combatiente traficaban cocaína bajo protección militar y navegaban por el Caribe en yates de lujo, mientras en las colas (filas) de los mercados, se mataban entre sí por una bolsa de harina PAN, un par de envases de desodorante, dos litros de aceite, una empaque de pañales o por un cartón de huevos, que terminó por desaparecer.

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Sucumbió por el hijo que no regresó del liceo, por la hija violada o raptada, por el marido asesinado para robarle la moto, o por el hermano  y el amigo que se consumió del cáncer por no existir los reactivos, o la máquina de diálisis irreparada por falta de repuesto, y por el estudiante que se quedó indigente en España porque no se pagaba la beca, ni el pasaje de regreso. Sucumbió por inútiles, por malvados, por comunistas y arbitrarios, por haber destruido las instituciones, abandonado los centrales azucareros, las carreteras, el metro, los buses, las represas y hasta las señales de tránsito; por haber arruinado a Pdvsa, financiado y enconchado al Hezbollá, las Farc, Eta, el EPP y hasta el desubicado de Zelaya, a Timochenko y al Chapo Guzmán. Por incapaces y malvados. Por ladrones de dineros y esperanzas.

Y ahora, con el resultado de estas elecciones legislativas, de vaina se quedaron con los corredores de la droga. Con sus amenazas, lenguajes arrabaleros, trampas, privilegios, control de los medios de comunicación, insultos a jefes de Estado, y sus motorizados armados, perdieron hasta en el 23 de enero donde literalmente gobernaban los colectivos, y en los estados donde mandaban sus esbirros y pillos internacionales como los de Anzoátegui, Zulia, Barinas, Portugesa, Aragua y, Caracas, donde hasta en la Mesa donde votó maduro, solo 25 votos logró contar.


Con los forajidos de la dictadura se van Petrocaribe, ALBA y Unasur, todos  ellos serán auditados para saber adónde fueron a parar los dineros de la nación. Pero sobre todo, con ellos se irán también las pretensiones totalitarias de los disociados de la región, y renace la opción de la libertad, que solo la democracia la garantiza, así como el respeto y la sumisión al imperio de la ley, única e igual para todos.

En la próxima entrega nuestra reflexión se sustentará en el significado de la Asamblea venezolana en manos de la oposición, sus proyecciones, riesgos y la decisiva participación militar por el respeto a la voluntad popular que se expresó en las urnas electorales.




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