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Editorial & Opinion

La corrupción en el país es “endémica”

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 21, agosto 2018 - 12:00 am

La embajadora de Estados Unidos en El Salvador, Jean Manes, ha dicho algo que todos los salvadoreños sabemos: “La corrupción en el país es endémica”. Es decir, la corrupción en El Salvador es una enfermedad que afecta a todo el sistema o que está muy expandida en todo el sistema público y hasta privado.

Lo anterior lo dijo la diplomática durante una actividad organizada por la Asociación Bancaria de El Salvador (Abansa) a propósito del juicio que se desarrolla en contra del expresidente de la República Elías Antonio Saca, tres exfuncionarios públicos de alto rango y tres exempleados de Casa Presidencial.

Manes, considera, al igual que los millones de salvadoreños honrados, que no basta la retórica de siempre de los políticos y gobernantes, en el sentido de que no se tolerará la corrupción. Hace falta tomar acciones concretas para garantizar la transparencia de las instituciones a través de las rendiciones de cuentas. Igual se necesita castigar a todo corrupto, sea quien sea, pues la corrupción no tiene ideología ni color político. Simplemente es corrupto el delincuente, sin importar su procedencia.

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Además se necesita que la institucionalidad funcione. Cada institución debe cumplir su rol. La Fiscalía debe investigar y los jueces juzgar con base a pruebas, pero también otras instituciones deben hacer lo suyo, tal como es controlar el gasto público, sancionar de manera preventiva cuando hay indicios de corrupción y exponer ante la sociedad a los corruptos.  No es posible que haya instituciones que emitan finiquitos “exprés” o que guardan silencio ante las evidencias.

Los ciudadanos mismos tenemos todo el derecho de denunciar a los funcionarios cuando detectamos indicios de corrupción. Su Santidad el Papa Francisco ha dicho que la corrupción en todas sus formas no se combate con el silencio porque es un proceso que nutre la cultura de la muerte y fomenta el desempleo, las carestías y la pobreza ciudadana. No es posible que un funcionario cambie su estilo de vida apenas asume un cargo público. De vivir en modestas colonias pasan a vivir en zonas de alta plusvalía, rodeados de lujos que jamás en su vida lograrían si no es porque se aprovechan de los fondos estatales.


En la corrupción todos somos afectados porque quien roba está robando el dinero de todos. La embajadora Manes señaló que con 650 millones de dólares (la suma del dinero que supuestamente lavaron los gobiernos de Saca y Mauricio Funes) se pudieron hacer muchísimas obras de beneficio social, como construir nuevos hospitales y abastecerlos de medicina, edificar escuelas, etc.

Manes también se pregunta dónde estaban las instituciones contraloras del gasto público hace diez, quince, veinte o más años.  Simplemente dichas instituciones se hicieron de lado por ineficacia o por complicidad. El silencio y la omisión también son una forma de corrupción por lo que debe investigarse y analizar la posibilidad de enjuiciar a quienes en su momento contribuyeron con la corrupción.

El mismo sistema bancario no se queda atrás. En el juicio contra Saca se ha conocido que al menos en un banco fue el presidente de esa entidad financiera  quien autorizó, para que sin ningún control, empleados  de Casa Presidencial pudieran sacar millones de dólares en efectivo, sin que eso quedara registrado. En el proceso contra el expresidente Mauricio Funes, un expresidente de un banco está preso por haber permitido que sin ningún control se hiciera retiros de dinero.

Tiene razón Manes cuando afirma que la corrupción en El Salvador es sistematizada. Por eso, la diplomática propone claves para acabar con la corrupción, siendo ellas: Fin a la impunidad para castigar a todo corrupto, sea quien sea; reformar la administración pública y la gestión financiera para que sea ejercida por un cuerpo profesional de empleados públicos menos susceptibles de involucrarse en corrupción; cerrar lagunas legales para contrarrestar las redes delictivas; promover la transparencia para que todos tengamos derecho a saber cómo se usan nuestros impuestos; y empoderar a la ciudadanía para que todos podamos denunciar y exigir rendiciones de cuentas.

Más que un mal endémico, la corrupción es un cáncer maligno que hace metástasis y se irradia por todo el sistema público abarcando al sistema privado, si no se ataca el problema de manera preventiva o si no se hace una cirugía de raíz. Hay que combatir la corrupción en todos sus niveles.




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