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Editorial & Opinion

La democracia como una experiencia inconclusa

miércoles 11, febrero 2015 - 6:25 pm

En tan solo unos días podremos ir a las urnas a votar por quienes serán las autoridades de los gobiernos municipales, los diputados departamentales que conformarán la Asamblea Legislativa, y por quienes nos representarán en el Parlamento Centroamericano.

En la teoría, estas elecciones serán las más democráticas que se han tenido hasta la fecha. Por primera vez se implementarán los concejos plurales, es decir, una alcaldía podrá ser gobernada por representantes de diversos partidos políticos; lo que podría desincentivar los casos de corrupción que suceden a nivel local, pues toda decisión tomada en el concejo debe ser consensuada, incluso con quienes piensan diferente. Asimismo, como un hecho inédito, para la elección de diputados se podrá votar por rostro y de forma cruzada; lo que significa que el ciudadano podrá elegir simultáneamente candidatos de partidos políticos diferentes e incluso antagónicos. Y en el caso de los diputados del Parlacen, finalmente serán elegidos por voto popular.

En la práctica, lo que tenemos es que a nivel municipal, siguen abundando las escobas, láminas, camisas, piñatas y promesas sin fundamento como forma de “ganarse” el voto; pero siguen ausentes verdaderos planes de desarrollo municipal. Sabemos muy poco sobre lo que costará cumplir las promesas de campaña, las formas para movilizar recursos y las metas a alcanzar anualmente y, lo más importante, el impacto que tendrán en la vida de todos los ciudadanos. En el caso de los candidatos que sí han mostrado planes, lo que realmente se encuentra son panfletos que demuestran la falta de propuestas técnicas que debería acompañar el quehacer político.

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A nivel de Asamblea Legislativa, efectivamente se podrá votar por rostro; pero en la práctica serán una serie de rostros que fueron colocados más por ser fieles a la dirigencia de su partido, ser familiar de algún dirigente, o ser una “celebridad” (periodista, deportista, presentador de televisión, reina de belleza); que por reunir el perfil de un digno congresista. Por cierto, aún cuando aparecen mujeres y jóvenes como candidatos, lo hacen en un rol secundario y no como apuestas que busquen tener verdaderos representantes de los sectores históricamente marginados.

Y aunque escogeremos a quienes nos representarán en el Parlacen, éste sigue siendo más un lugar donde expresidentes gozan de vacaciones pagadas como premio por concluir sus mandatos, que una institución que lidera la integración centroamericana.


Lo increíble es que a nivel de partidos políticos, las agendas electorales se encuentran vacías de propuestas sobre temas como: cambio climático, crecimiento económico y empleo, protección de la niñez y adolescencia, reforma al sistema de pensiones, transparencia fiscal y lucha contra los privilegios fiscales, manejo de recursos naturales o desarrollo rural.

Es decir, que como ciudadanía iremos a escoger representantes que no nos representan. Como ciudadanos, hemos sido incapaces de luchar para que exista una verdadera democratización en los partidos políticos y una participación activa en las decisiones gubernamentales, ya sea a nivel nacional o local. La poca idoneidad de muchos candidatos demuestra que las organizaciones feministas, ambientalistas, juveniles o de derechos humanos, hasta la fecha, no han logrado incidir exitosamente en las propuestas de quienes a final de cuenta tomarán las decisiones trascendentales de la Nación.

Con el pasar de los años lo que se va marcando es una clase política más preocupada por seguir en el poder que por trabajar para resolver los problemas de las grandes mayorías. Una clase política que utiliza millones de dólares en marketing para venderse como un producto apetecible para el electorado, como estrategia para ocultar su falta de capacidad en el aporte al desarrollo del país.

Si queremos ser el ingrediente activo de la democracia y no plato en el menú de quienes ostentan el poder, desde nuestros caseríos, cantones, colonias o barrios, organicémonos, participemos e involucrémonos, para presentar propuestas y escoger candidatos que verdaderamente nos representen. Pues, la democracia es una experiencia permanentemente inconclusa; una democracia que va más allá de solo asistir cada cierto tiempo a las urnas.

 




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