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Editorial & Opinion

La democracia y el oráculo virtual

Eugenio Chicas/Secretario de Comunicaciones de la Presidencia

martes 17, octubre 2017 - 12:00 am

La semana pasada tuve el privilegio de ser invitado nuevamente por el Instituto Nacional Electoral de México (INE), para brindar una ponencia en el VIII Foro de la Democracia Latinoamericana, evento que de manera consecutiva se ha venido desarrollando anualmente con una nutrida y amplia participación de autoridades especializadas de toda la región.

En el foro se tratan de manera abierta y con diversos sectores temas electorales complejos. Éste, a mi juicio, es uno de los espacios de mayor riqueza para el debate intelectual, aporte procedimental, metodológico en materia democrática y electoral.

En esta ocasión, bajo el tema “Desafíos de las elecciones en tiempos de cambio: Un panorama latinoamericano” se desarrolló un evento generosamente ofrecido por esta autoridad electoral, institución referente con amplia trayectoria especializada en la materia oportuno en tratar los grandes retos de la evolución y transición democrática de la región, sobre todo cuando el próximo año ocho países de América estarán celebrando elecciones.

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En este encuentro se abordaron los retos del crecimiento y consolidación de la democracia como forma de vida y ejercicio de gobierno, a través de la práctica de elecciones periódicas bajo estándares reconocidos, pero fundamentalmente bajo las normas soberanas de cada país, correspondientes al pacto de un consenso social para un periodo determinado que asigna cuotas de poder y representatividad a cada competidor, de acuerdo a la voluntad del soberano elector; esto por supuesto con desarrollos desiguales que corresponden a la evolución o revolución del proceso histórico sufrido en cada nación.

La práctica eleccionaria es el método a través del cual se dirimen controversias en cada sociedad, ampliando poco a poco de la mera alternabilidad y elección de cargos, a formas sofisticadas de democracia participativa bajo la figura del referéndum o plebiscito, con los más variados tópicos, como: ratificación de acuerdos de procesos de paz, aprobación de reformas constitucionales, aval para obras públicas de gran magnitud, dirimir temas considerados de conciencia o con impacto ambiental o reformas de importancia económica.


Esta intrincada transición democrática incluye considerables progresos, severas amenazas y retrocesos coyunturales, exige eventos electorales mucho más complejos en un contexto de mayores regulaciones, mejor organización, logística más compleja y uso creciente de alta tecnología; son eventos en los que el soberano es cada vez más exigente por su evolución  democrática y frecuente práctica electoral desarrollada en el medio de un efervescente clima político.

Hoy las reglas de competencia son cada vez más estrictas y detalladas para los actores políticos, regulando con mayor rigor la organización, funcionamiento y gestión de candidaturas de partidos políticos, movimientos cívicos e individuales que compiten por cargos públicos. Se ejerce mayor control de las finanzas en la política; existen significativas regulaciones sobre los tiempos y modalidades de campaña y publicidad; se exige mayor control en la calidad de la identidad, identificación, registros y padrones de personas habilitadas para el sufragio; y además, son tiempos en que la sociedad dispone de más herramientas para incidir en la política, como las leyes de acceso a la información pública, que confieren a la ciudadanía una poderosa lente para observar y ejercer control de la función pública.

Esta era de luces, alta tecnología e inteligencia artificial, también nos ofrece un extraordinario auge de los medios de comunicación y fuentes de información muy variadas en cantidad y calidad, acelerando la frecuencia de volúmenes de información de todo tipo para la sociedad, especialmente para una ávida juventud de nuevas tecnologías, así como para líderes y tomadores de decisión.

Uno de los retos más significativos de la democracia y los procesos electorales es generar suficientes oportunidades que transformen las condiciones sociales y económicas; y es que las expectativas ciudadanas tienen mayor alcance respecto a la oferta programática de nuestros partidos políticos, y sobre todo, la brecha es más grande por la capacidad real de disponibilidad de recursos del Estado para cumplir su propia oferta programática, y menos para cubrir la expectativa virtual reflejo de sociedades desarrolladas hasta donde asoma nuestra migración, y que nuestros internautas aprecian desde el oráculo del mundo virtual del internet y las redes sociales.

En la antigüedad reyes y sacerdotes eran los únicos habilitados para conocer los misterios del oráculo y las señales del futuro; hoy cada ciudadano tiene el suyo en el teléfono celular inteligente con acceso a internet y redes sociales, y desde ahí construye su perspectiva sobre la realidad que imagina. En consecuencia, es importante brindar a la población la mayor cantidad de herramientas e información, así la realidad será observada con objetividad y la verdad no será distorsionada en los frecuentes procesos electorales.




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