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Editorial & Opinion

La educación sexual es una atribución familiar

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 23, agosto 2018 - 12:00 am

Hace unos días circuló por las redes sociales un supuesto memorándum, de fecha 15 de junio del año en curso, con número DNGE/354/2018, de parte del viceministro de Educación, Licenciado Francisco Humberto Castaneda Monterrosa, el asunto es: Designación de referente departamental para los procesos de implementación de la Política de Equidad e Igualdad de Género del Mined, dirigido a los Directores Departamentales de Educación, aunque el memorándum es inocente, dado que solo se refiere en el asunto a la igualdad y equidad de género.

En el fondo lleva otras intenciones, ya que en la misiva se adjunta un formato donde los estudiantes deben completar una solicitud previa autorización de los padres de familias, en la que se les pregunta sobre su orientación sexual, prácticas habituales, y si han sido víctimas del entorno, de sus padres o del centro escolar por tener atracción de personas de su mismo género; en fin, una serie de preguntas que no son relevantes para la formación académica de nuestros jóvenes.

Sin embargoi, sí son importantes para la comunidad LGTBIQ, que está presionando desde décadas para implementar en El Salvador, de forma sutil, una política nacional de diversidad de género; por eso es fundamental para ellos, que los jóvenes y los niños completen la encuesta, ya que con ello se tendrán los insumos del universo de personas que tiene orientación sexual diferente al heterosexual, y si nunca han tenido curiosidad de experimentar algunos niños.

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Los 300 docentes que serán preparados para tal fin, serán los encargados de orientar con peguntas sutiles a los niños y niñas a que se inclinen con esas desviaciones sexuales.

Ahora bien, de ser cierto ese memorándum, es hora que los padres de familia, la sociedad civil, las diferentes fuerzas vivas, y las iglesias, tanto católica como evangélica, nos unamos para defender a la familia y que luchemos hasta con la vida si fuere posible para que nuestros hijos tengan acceso a una educación acorde a su edad, y libre de enseñanzas perversas como lo es la diversidad sexual, ya que estamos obligados a proteger la salud mental de nuestros de hijos de enseñanzas que contradicen la naturaleza que Dios creó, siendo únicamente hombre y mujer.


Está bien que el Gobierno promueva los valores de respeto y tolerancia, para crear espacios libres de violencia, y que luche por medio del Ministerio de Educación, para erradicar todo tipo de discriminación, más aun, todos los salvadoreños debemos encarnar los valores de respeto y tolerancia, y evitar a toda costa tratar mal a una persona en razón de su raza, sexo, orientación o religión.  La educación y las buenas costumbres no provienen de las escuelas o colegios privados, la educación es un tema central de familia.

Es en el seno del hogar donde los niños y las niñas aprenden a respetar primeramente a Dios, al prójimo y la patria; pero si en la familia fallamos con esa misión, tendremos ciudadanos anárquicos e irrespetuosos. Por ello creo que ese memorándum no solo está fuera del marco legal, sino que, amparados en la Ley de Igualdad, Equidad y Erradicación de la Discriminación contra las Mujeres, que entró en vigencia en el año 2011, se quiere introducir educación de género, con especialidad en diversidad sexual y es ahí donde está la trampa, dado que esa ley se refiere a la igualdad que se debe promover entre hombre y mujer, y que se penalice la discriminación, la cual es vinculante para ambos; es decir, busca equiparar los derechos y deberes del hombre y la mujer, pero que está muy alejada de promover la diversidad sexual; como padres de familia, debemos de luchar para evitar que nuestros hijos sean expuestos a una ideología que tiene como objeto promover desviaciones sexuales y afectar la salud mental de las nuevas generaciones de jóvenes.

En consecuencia, es deber del Ministerio de Educación velar porque los niños y niñas sean formados en nuevos entornos de aprendizaje, con el fin de explotar sus talentos y habilidades académicas, siempre protegiendo el derecho superior que tienen los niños a una buena salud mental; pero no pueden interferir en la educación espiritual, ni obligar a los padres de familia a que sus hijos sean educados en la sexualidad, ese es un derecho y un deber de cada padre de familia.




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