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Editorial & Opinion

La educación

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

jueves 10, mayo 2018 - 12:00 am

Siempre, pero siempre siempre he escuchado que los gobiernos en Latinoamérica promueven la ignorancia de la gente, porque así son más dóciles y manipulables, y siempre me parecía que era una gran estupidez afirmar eso. No podía pensar que en una reunión tipo misa negra, un grupo de políticos del más alto nivel jerárquico, se pusieran de acuerdo para no educar a la gente, no mejorar el sistema y el contenido, y todo por aviesas intenciones.

Pero al ver la América Latina de hoy en día me parece que sí, como que tenían razón todas esas personas.

La instrucción formal con objetivos prácticos es esencial para el desarrollo y nosotros, al parecer, seguimos sumidos en las teorías y sus memorizaciones, sin llevarlas a la práctica.

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Nuestros libros de texto en el Externado de San José, eran, por obligación, los libros de la colección Tazumal. Incluso a mí, que no conocía otros, aún en mi ignorancia, me parecían absolutamente espantosos. Y en secundaria utilizábamos los de Televisión Nacional Canal 8. Más horribles aún. O sea, el mundo se nos cerraba en las páginas de instrumentos de apoyo tan escuálidos. Parecían hechos por el régimen militar para mantenernos ignorantes.

¡Bingo! Eso era…y sigue siendo así.


¿Ya ha visto los libros de texto de las escuelas estadounidenses? Parecen libros universitarios.

Pero hoy en día ya ni libros se utilizan. Se hacen ejercicios prácticos, se les ayuda a analizar problemas, que los resuelvan con herramientas modernas, etc. ¡Qué sé yo si soy un ignorante! Solo lo que logro leer en revistas, algún reportaje en televisión, algunas reseñas en algún almanaque, pero lo que sí sé es que esos países escandinavos donde ya las clases dieron un salto en el futuro, no tienen nada que ver con lo que hacemos en estas tierras perdidas de Dios.

Pero más que adentrarme en cosas que no sé, tales como los sistemas educativos, es más, lo que es un verdadero sistema educativo moderno, me quiero referir a esa ignorancia de estos pueblos que destruye ciudades, calles, aceras, parques, paredes, propiedad ajena; que causan caos en el tráfico, que manejan como locos; esos que llegan a una institución a robar, a acosar sexualmente a las compañeras, los machistas que se creen superiores, los profesionales que hacen su trabajo mal, a la carrera, que no les importan sus clientes, sus pacientes. Esos futbolistas que se venden, se alquilan, esos directivos que venden partidos; los periodistas que mienten, que exageran, que maquillan, todo, un infierno, una constelación de materia oscura, antimateria que va en contra de todo lo que va en contra de la moral, la ética, el instinto, el sentido común, todo, que se debe a una falta de educación, buenos modales, civilización.

A los políticos no les importa todo ese caos de entidades antropomorfas que convierten las ciudades y todo el engranaje social en un desastre, casi insufrible e invivible. Tengo 40 años escuchando las quejas de los nativos y los extranjeros sobre estas ciudades, su pobreza, sus carencias, falta de educación, de buen trato. Estamos estancados y no nos damos cuenta.

Y sí, parecería mentira, pero sí, a los políticos les gusta el relajo, el desorden, se alimentan de ese mismo caos, se inyectan desorden en sus venas, sus ojos lloran de felicidad ante la delincuencia, sus almas se nutren de desórdenes, infamias, crímenes, suciedad, desorden, cloacas tapadas, baches, paredes pintadas por pandilleros, ciudades gobernadas por narcos, fronteras abiertas para la delincuencia trasnacional, porque de todo eso agarran peces en sus redes para vender miedo, prometer mentiras, erigirse como mesías, salvadores, líderes para que la gente dunda, ignorante, descerebrada, creada ad hoc en un sistema educativo inservible para hacer pensar a la gente, para hacerlos razonar, vayan a votar por esos vendedores de odres viejos, prestidigitadores de la palabra falsa, magos ilusionistas que hacen ver verdadero la mentira.

Así es que ante esa situación de las cosas, la gente, cuando se da cuenta que estaba en la cueva de Platón, sale en busca de la verdad, pero como nunca tuvo noción de ella, solo leves sombras distorsionadas, entonces se va a hundir en el fango del primer demagogo que se le cruce en el camino.

Allí está el resultado de nuestra clase política.




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