Cerrar [X]

Editorial & Opinion

La esperanza perdida

Carlos Alvarenga Arias/Abogado y MAE

martes 10, octubre 2017 - 12:00 am

Hablando con mi papá –hace miles de años-, alguien que siempre ha acostumbrado acomodarse al comentario que más le favorece según la tendencia que lleve la plática en ese momento, me dijo una vez, cuando yo le mencionaba que la corrupción se había dado incluso en tiempos de antaño, cuando se hablaba de grandes magistrados probos y honestos.

Él, reprochándome, como solía hacer para cuando no tenía argumentos y solo el recurso de la humillación, me dijo, casi como Moisés cuando bajaba del monte sagrado con las tablas de la ley, y con la misma indignación que el patriarca arrojó las tablas al suelo ante la herejía de un pueblo rendido al becerro de oro, ante su descomunal error, de la misma forma escupió en mi rostro –mi papá, no Moisés-, las siguientes aladas palabras: “Antes eran honestos ¡todos! los magistrados”. Los signos de exclamación son míos.

Luego recurrí a un ser más complejo, pero más libre de pensamiento, el recordado, simpático, genio audaz de la práctica del Derecho, de la misma época de mi padre, el doctor Arturo Argumedo, ex fiscal general, exdiputado, litigante penalista por demás exitoso, y me dijo: “No le haga caso a su tata. En ese tiempo, como ahora, todos eran corruptos, todos tenían precio y no se diga, al igual que ahora, cuando algún poderoso tenía intereses marcados en algún proceso judicial”.

publicidad

Me empezó a contar un montón de historias las cuales, si las relatara ahorita, aunque ya haya prescrito la acción penal, me pondrían en riesgo de ser denunciado o demandado, y no quiero. Lo cierto es que sus anécdotas me dejaron bien claro que lo que yo había leído, en diarios viejos, las pláticas con litigantes de antaño, era cierto: el poder judicial es lo más endeble y lo más fácilmente corruptible.

Ahora, ya rozando yo, con grosero acercamiento, a mi medio siglo de existencia, con centenares de horas de lectura y meditación (cosa por lo cual no debo sentir pena ni fingir modestia alguna), he llegado a la conclusión que las cosas son más graves. ¡Ah! Perdónenme, y con la experiencia de haber estado cerca, casi maritalmente, como una relación de alcoba, con la administración de justicia allá en mi querida cuna, El Salvador, y ahora acá en mi patria adoptiva, Honduras, puedo concluir que después de Mesalina, la administración de justicia es lo más meretriz que existe.


Mi papá me decía, cuando era embajador ante el gobierno de Italia, fortuna de la cual salió mi dicha de haber vivido un año en tan hermoso, aunque caótico país, que si algo admiraba de esa nación, era que todo podría funcionar mal, todo, absolutamente todo ante una política corrupta y arbitraria, llena de componendas, pero jamás el poder judicial, es decir, los jueces eran los más honorable en un país de mafiosos, corruptos, políticos tranceros, etc.

Yo soñaba con un El Salvador así. Jueces con más valor que una primeriza a la hora de un parto complicado.

Esta actual Sala de lo Constitucional a mí me enamora. Todo el mundo le vuela riata, pero a mí, si en algo me ha dado esperanza es de entrar, ¡al fin!, en una época democrática y de clara división de poderes.

Las agallas, los sesudos análisis, el haberse puesto en los pantalones del constituyente (de principios de los 80), que eran el eco desesperado de un pueblo que buscaba un nuevo país después de 50 años de tortuosa y nefasta dictadura militar (porque no fue productiva, ni siquiera, como la Pinochet), eso me gustó mucho.

Ha sabido de verdadera justicia, de leyes y derecho comparado.

A esos magistrados los prefiero a toda la historia sumada de cortes supremas.

Ahora se acercan nuevas elecciones secundarias y el poder delegado de nosotros recae en las manos de los diputados. Pero ese poder no es más que aritmética legislativa, cohecho, prevaricato, etc., o sea, no volveremos a ver una Sala tan valiente e independiente.

Quiero agregar que se necesita una depuración en la administración de justicia, una profesionalización en los actores judiciales, porque si no seguiremos viendo como le dan medidas cautelares a grandes ladrones.

Como decía el delincuente otrora presidente, ahora refugiado –auto exiliado se dice él- bajo la falda del excomandante sandinista ahora millonario: “Más de lo mismo”.




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras,
de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.