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Editorial & Opinion

La falta de consideración, un valor desconocido

Roberto Meza / Colaborador

sábado 25, noviembre 2017 - 12:00 am

A nuestro país le hace falta la virtud de la consideración con los demás. Este antiguo y sencillo valor ha caído en desuso en El Salvador, justo en el momento en que más se necesita.

Recuerdo que la primera vez que escuché esta palabra, era un niño, fue a través de una vecina mayor que explicaba como su indumentaria se ajustaba a una especie de luto o medio luto. “Tengo consideración” dijo. La reciente muerte de una persona muy apreciada, con la que tenía nexos de familia, la llevaba a expresar voluntariamente su pesar vistiendo colores blancos o tenues. La consideración implica, entre sus variadas acepciones, el tener un concepto elevado de alguien y tratarlo de acuerdo a ello.

La consideración no se otorga solo a individuos sino que se extiende a grupos o colectividades. De una familia carente de riquezas materiales, pero socialmente valorada por la conducta de sus miembros, podría decirse con justicia que es una familia a quien tenerle consideración. Este valor conlleva elementos de reflexión, pues tener consideración con algo o alguien, es analizarlo con atención de manera que la consideración no se otorga de manera ligera e inmerecida. Conlleva además la estimación y una dosis de altruismo para pensar en su situación y actuar solidariamente.

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La desconsideración, por el contrario, está ligada al egoísmo. Ser desconsiderado es actuar sin comprender el bienestar ajeno. Es la incapacidad de alegrarse o padecer con el otro, desestimar sus propuestas y menospreciar sus valores. Se puede encontrar la desconsideración en el comportamiento del vecino que ejerce violencia acústica sin importarle el bienestar y aun la salud del resto de sus vecinos, es aquel que obstaculiza la vía con su vehículo de una manera indolente o en el que confunde un cajero automático con un confesionario y lo ocupa por casi una hora ante la cola de angustiados usuarios que también desean acceder a ese servicio.

También puede surgir de quienes protestan. ¿Quién no ha compartido la angustia de los ocupantes de una ambulancia ante el bloqueo de una carretera por un paro cívico o por un paro de protesta, hoy tan de moda? Los salvadoreños deberíamos explorar formas más civilizadas de protesta social que permitan expresar nuestra inconformidad sin desconsiderar a los otros.


La peor de las desconsideraciones es, sin embargo, la de aquellos que se encuentran inhabilitados espiritualmente para actuar con desprendimiento ante el necesario proceso democrático y la convivencia para el propio país. Aquellos que llevados por su egoísmo, e incapaces de conocer lo grande y lo sublime, promueven la destrucción de toda forma de empatía social.

La consideración por tanto, exige tener cuidado con lo se dice y se escribe para respetar las ideas ajenas. Uno de los componentes de la consideración es el respeto pero, éste es hoy un bien escaso y la desigualdad social complica la experiencia del respeto. Lamentablemente, no la hemos multiplicado, ni se ha vuelto mutua.




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