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Editorial & Opinion

La fraternidad como solución

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 18, abril 2018 - 12:00 am

¿Qué nos falta? ¿Por qué razón aún no alcanzamos lo que como sociedad queremos? Para mí es muy sencillo, aún no nos proponemos probar con verdadero entusiasmo lo que se nos ha dicho que lo alcanza todo: amarnos como partes diferentes de un solo cuerpo.

En un mundo demasiado tecnológico y dado a la relativización de los eventos de cada día, es muy difícil voltear y regresar a lo básico, a lo más sencillo, nuestro país requiere que cada uno volvamos a lo que un día nos definía, esa forma de relacionarnos y tratarnos entre personas, ese amor que termina siendo verdadera fraternidad.

La fraternidad es una manera de vivir, es amar con un intenso deseo de servir, de empatizar y poner en nivel de verdadera importancia lo que le sucede a los demás; ser persona con amor fraternal no implica ser o buscar ser amigo de todos; no, no lo implica, pero sí implica colocarnos en su necesidad, apoyar, ayudar, procurar beneficios incluso sin una relación previa o sin siquiera conocerse, es el amor derivado del amor propio que se refleja hacia los demás.

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Si tuviéramos un amor fraterno, un acercamiento más honesto y desinteresado simplemente porque siendo fraterno recibiremos en recíproco el mismo sentimiento de los demás, el país pudiera avanzar con más rapidez en la solución de sus problemas históricos y la búsqueda del desarrollo. Más de alguno, me imagino, está a punto de llamarme cursi o ridículo, como si hubiese yo perdido la razón al proponer algo tan subjetivo y romántico, cuando en nuestras calles se resuelve todo con la muerte y el odio, en la política las posiciones se disputan con fuerza y presión, en los negocios el éxito se consigue a toda costa y al aprovechamiento máximo de los demás, pero no, no he perdido la razón y tampoco estoy usando argumentos extraños, lo que sí puede parecer son argumentos en desuso, olvidados, ahora poco valorados; pero eso no los hace inservibles. El amor no ha pasado de moda, pero el amor se ha reducido a cuestiones de pareja o en el ámbito sexual, pero no el amor es multiforma y multiuso, pero es amor lo que necesitamos, ese que nos lleve a fraternizar con los demás.

Amar es una decisión, no es algo que brota por efecto de otros, brota cuando decidimos dar en lugar de recibir, brota cuando decidimos dar sin esperar devolución, dar incluso si la devolución es dolorosa, dar, dar y dar por amor, porque si yo amo vivo y si vivo lo hare plenamente. Esta fórmula no deja de funcionar, la he probado y me devolvió a mí lo que me hacía falta, entonces caminar con un corazón dispuesto a fraternizar con todo el que me encuentre permite alcanzar estados que no esperabas o imaginabas, el amor al prójimo te hace avanzar, no te quita, te da, te amplía y te multiplica a ti mismo.


En el tema del desarrollo es importante el conocimiento de la economía y la planificación, las métricas, los datos, etc. pero es sin duda indispensable complementarlo con fraternidad porque es ahí donde vale la pena ser desarrollado si no el desarrollo se convierte en una manía sin sentido por el acumular, luego vendrá la avaricia y el colocar como única razón de éxito el tener y tener más, aunque sea imposible disfrutarlo, porque sin fraternidad la posibilidad de amigos se ve reducida en forma directamente proporcional.

El desarrollo no es tener, sino poder compartir lo que se tiene, eso nos hace más desarrollados, porque el pobre aun cuando no tiene y comparte alcanza plenitud, se desarrolla y su pobreza es llevadera; dar nunca dejará de ser mejor que recibir, tengamos mucho o tengamos poco, dar simplemente es un reflejo del amor fraterno.

Las realidades de la nación deberán también perder un poco de dureza frente a la fraternidad esa que nos hace menos engolados y menos alejados unos de otros, esa fraternidad es la que nos ayuda a saber cuándo denunciar, apoyar y proteger, esa fraternidad la hemos perdido y cada uno encerrado en sus paredes dejó de compartir con el vecino, dejó de hablar con el desconocido y nos ganó el temor, la desconfianza, la falta de fraternidad cerroó el amor y sin amor no hay perdón, que tanta falta también nos hace.

Hoy he reflexionado sobre esto porque no lo veo lejos de la solución, es más reitero que debe ser una posibilidad puesta a prueba, comenzando con nuestro liderazgo, que necesita menos política y más fraternidad, para alcanzar un mismo sentir, aunque tengamos distintas formas de alcanzar lo que queremos, la fraternidad debería ser el propósito de todos cada día porque ¡sin amor no somos nada!




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