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Editorial & Opinion

La Fuerza Armada es apolítica

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

jueves 9, agosto 2018 - 12:00 am

La Fuerza Armada es una institución permanente al servicio de la nación, en consecuencia, es obediente, profesional y apolítica, es decir, sustraída física e ideológicamente de la política con el fin de estar expectante a que los gobiernos de turno administrados por civiles, no transgredan el orden constitucional; además de ello, su condición es “no deliberante” significa que examina o reflexiona y que tiene el poder para tomar decisiones  y llegar a acuerdos y ejecutarlos; así mismo, tiene por misión la defensa de la soberanía del Estado y de la integridad del territorio, con el único objetivo de procurar la paz pública.

Ante dicho escenario, el papel de la Fuerza Armada, es ser obediente y profesional, alejada de declaraciones políticas y sumisa a la autoridad civil, respetuosa de las instituciones de Estado, ya que la República fue fundada específicamente como un sistema de frenos y contrapesos, dividido en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, pero que en función, cada uno de los presidentes de esos órganos, tienen el mismo nivel de autoridad e independencia; en ese sentido, la Fuerza Armada, es el apoyo del Ejecutivo para mantener la paz pública y el orden constitucional.

No obstante, históricamente, las Fuerzas Armadas han sido instrumentalizadas para alcanzar fines políticos por algunos dictadores con hambre de poder que han violado la alternabilidad en el ejercicio de la presidencia, como el caso de Cuba, Venezuela, Bolivia, Honduras y recientemente Nicaragua, donde Daniel Ortega está utilizando al ejército para reprimir y asesinar al pueblo. De manera que se desnaturaliza el papel las Fuerzas Armadas y se convierten en cómplices de las flagrantes violaciones a la Constitución, y se vuelven brazo guerrillero e insurgente de gobiernos constitucionalmente elegidos, pero legal y moralmente reprobados.

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Como país tenemos mucho que aprender; en primer lugar, no debemos olvidar la represión ejercida por la Fuerza Armada en la población y cómo fue un instrumento de violación a los derechos humanos en el pasado conflicto armado; y en segundo lugar, debemos ver hacia aquellas naciones que fueron secuestradas por caudillos con aires de grandeza que se creyeron semidioses iluminados, y se adjudicaron el derecho de estar por encima de la población y la Constitución; evidentemente, estas posturas de grandeza y prepotencia, fueron transmitidas a las Fuerzas Armadas, las cuales, abusando de ese poder, subyugaron con violencia  al pueblo.

Por ello creo que las declaraciones dadas recientemente por el ministro Munguía Payés, respecto al proceso electoral 2019, y una denuncia interpuesta ante la Fiscalía por la supuesta inscripción irregular de Niyib Bukele en el partido GANA, se deben escrutar con pinzas. Primero porque nadie habla de esa manera, a menos que tenga el espaldarazo del comandante general que, en este caso, es el Señor Presidente, el cual no ha salido a confirmar o desvirtuar las infortunadas declaraciones de su Ministro de la Defensa; en segundo lugar, al emitir estas declaraciones está pasando por encima de la Constitución, ya que su postura debe y tiene que ser apolítica.


Además de ello, tiene que estar sometido a la autoridad civil y, por lo tanto, no debe emitir opinión política respecto a los procesos electorales, y menos amenazar entre líneas a otros funcionarios públicos, al decirle al Fiscal General que no se meta en temas políticos cuando todos saben que la posición de éste no es política, sino que realizó una investigación  basada en una denuncia interpuesta por el señor Wil Salgado, uno de los participantes en las primarias de su partido; sin embargo, no se puede negar la prontitud con la que actuó el fiscal, pero tampoco se puede negar que hubo una denuncia que motivó la investigación.

Por lo tanto, las declaraciones de Munguía Payés son una flagrante violación a su condición de militar; pero lo que agrava el asunto es que declaró como Ministro de la Defensa, y en el contexto del Estado de Derecho, él ya habría sido destituido de su cargo, por la clara intromisión en otras instituciones de Estado. Hay que recordarle que, en su situación, es mejor mantener las relaciones de cordialidad, dada la fragilidad en la que se encuentra, debido a las múltiples situaciones en que se ha visto presuntamente involucrada su persona y otros miembros de la Fuerza Armada, comenzando con la tregua de las pandillas 2012, las investigaciones de armas desaparecidas, hasta las armas donadas por un valor de $231,000 al expresidente Funes.




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