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Editorial & Opinion

La función pública “Ad-Honorem”

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 10, febrero 2018 - 12:00 am

La democracia va madurando día a día y los pueblos están despertando del letargo al que han sido sometidos voluntariamente durante décadas, por unos cuantos partidos políticos que han sido y son dirigidos por personas que entendieron mal el arte de la política en relación al servicio público, lo cual ha provocado que el pueblo se desencante de las múltiples propuestas que hacen en campaña y no cumplen, pero que en la práctica aparecen únicamente en tiempos electorales.

Prueba de ese desencanto es el caso de Costa Rica, que ha elegido de forma histórica al pastor evangélico Fabricio Alvarado, al ganar la primera vuelta de las elecciones, y que se catapulta como favorito para obtener la victoria sin dificultades en segunda vuelta. Al analizar el cambio, del político tradicional versus un hombre de Dios, nos daremos cuenta que la diferencia radica en que el pueblo está cansado de las mentiras, la corrupción, los despilfarros, el nepotismo y la incapacidad de generar políticas inclusivas que reduzcan la brecha de la desigualdad que multiplica a los pobres.

En ese sentido los votantes han perdido la confianza en la clase política actual y han decidido darle la oportunidad a personas que tienen la solvencia moral para gobernar, ya que se espera que un cristiano verdadero gobierne con justicia y equidad al pueblo, sin favorecer a unos en detrimento de otros, tal como Dios, se lo advirtió a su pueblo por medio del profeta Isaías 1:23. “Tus gobernantes son rebeldes y compañeros de ladrones; cada uno ama el soborno y corre tras las dádivas. No defienden al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda”.

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Entonces un gobernante con principios y con temor hacia Dios, tiene lo obligación moral de hacer las cosas diferentes, aunque esto signifique persecución por los mismo corruptos de siempre, que verán caer su paraíso en pedazos, porque ya no podrán acceder a los negocios chuecos con el gobierno, en los que buscan el beneficio de su partido político, el poder económico que los financio, y sus familiares que son contratados con salarios altos, sin tener capacidad ni credenciales académicas.

Por ello creo que el pastor Fabricio Alvarado, es la mejor opción que ha escogido el pueblo de Costa Rica, ojalá que el pueblo salvadoreño pueda pedir sabiduría al Señor Jesucristo para saber elegir a sus gobernantes este próximo 4 de marzo. Y no olvide quienes son aquellos malos políticos que han drenado durante mucho tiempo los recursos públicos en su favor, al entender que la función publica, es un estilo de vida que favorece únicamente a su núcleo familiar, pero que no tienen la intención de servir con honorabilidad a su patria.


En una ocasión se les preguntó a un grupo selecto de funcionarios públicos, porqué se dice: “Honorable Asamblea Legislativa”, “Honorables Magistrados”, “Honorable Presidente”, pero no supieron que decir, de manera que es difícil describir lo que no se conoce o no se vive. La palabra “ad-honorem”, es una locución latina que se usa para caracterizar cualquier actividad que se lleva a cabo sin percibir retribución económica alguna, que significa: “Por la honra, honorable por la tarea que se brinda”. Es decir, a la patria no se le cobra, se le sirve por convicción.

En el contexto que surge el término “ad-honorem” era un verdadero privilegio servir a la patria, porque las personas participaban de la función pública de forma desinteresada y trabajaban para mejorar las condiciones de vida de los más necesitados. Pero si aplicamos a El Salvador el término “ad-honorem”, nos daremos cuenta que es solamente figurativo, ya que ningún candidato se está postulando en la actualidad para no percibir un salario. El único que no percibe salario es el alcalde de San Salvador, no obstante, es fácil renunciar a un salario cuando se percibe en términos de contratos gubernamentales más de $ 22 millones, de modo que al final es una hipocresía.

De manera algunos candidatos están participando para salir de la pobreza y de la vida carente de éxito que han llevado, dado que no han sabido defenderse en un mundo laboral que cada día es más exigente. Y claro para ser diputado por ejemplo no se necesita un título universitario, es más ni siquiera se necesita tener noveno grado, pero sí se requiere ser fiel al partido y tener los dedos índices buenos para poder votar. Sabiduría necesitamos para poder elegir a personas que tengan temor de Dios.




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