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Entretenimiento

“La gente le coge miedo al arte”

Tomás Andréu

sábado 18, agosto 2018 - 12:00 am

Luz Merino Acosta es doctora en Ciencias del Arte. Su bitácora académica, profesional y laboral es apabullante. No roba foco y no intenta hablar desde el Olimpo. Lo suyo es la comunicación directa, limpia. Los ornatos intelectualoides se los guarda para otras ocasiones.

La especialista cubana tampoco se moja. Pide saber de qué irá la conversación. Y la respuesta es que será una miscelánea sobre arte, educación y política. Entonces rauda zanja el tema:

“Yo no voy a hablar de política. Yo soy profesora de la Historia del Arte y de Educación Superior, no politóloga”.

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Luz Merino Acosta concedió esta entrevista en el contexto de los quince años del Museo de Arte de El Salvador (Marte). Dio tres conferencias públicas y fue parte de las actividades internas de la institución.

La siguiente plática con distensión con la profesora del Departamento de Historia del Arte de la Facultad de Artes y Letras de Cuba, pues va sobre sus ponencias, su visión particular de la educación y el arte, sus recuerdos con figuras importantes de la vida cubana y de la importancia de entender el arte contemporáneo.


Fue simpático que me dijera el día de las fotografías que no importaba el ángulo que tomara, que de usted no iba a sacar nada bueno visualmente. Tengo la percepción de que los académicos e intelectuales tienen de todo, menos humor…

[Ríe] ¿Sí? No sé. Quizás es el carácter de las personas. Además, creo que uno siempre debe tener comunicación [con la gente] y una vía es lo espontáneo. Así que no sé si es humor o espontaneidad lo mío.

¿Y cómo comienza su vínculo con El Salvador?

Yo estaba en Honduras a mediados de la década de 1990. Estaba en la galería de Bonnie de García: Portales. Esa galería marcó pauta en Honduras. Ahí hubo una reunión de especialistas y pintores de Centroamérica. Ahí estaba Roberto Galicia [ahora director ejecutivo del Marte] y me lo presentaron. Era el segundo pintor salvadoreño que yo conocía. El primero fue Francisco W. Cisneros [el Marte tiene una exposición de él hasta el día 19 de agosto de 2018]. Fue el director de la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro. Fue un pintor importante del siglo XIX. Entonces Roberto Galicia me dijo que tenía que ir a El Salvador y que tenía que hablar de la obra de Cisneros. Llegar a otro país centroamericano para mí fue otra novedad. La experiencia ha sido muy interesante. Fui recibida por Negra Álvarez, por Licry Bicard. Conocí a Carlos Cañas. [Los pintores salvadoreños] me preguntaron si podría haber en El Salvador una exposición de Cisneros. Yo todavía no trabajaba en el Museo Nacional de Bellas Artes, pero trasladé el mensaje a las autoridades. Así fue mi primera visita a El Salvador. La recuerdo con mucho cariño. Roberto Galia estaba interesado en hacer un museo. Para él era como una meta. Y bueno, creo que esa meta se cumplió en 2003.

Qué bueno que menciona a Cisneros. De este talento compartido a dos nacionalidades (la salvadoreña y la cubana) se dice que fue discípulo de Eugenio Delacroix. Un dato entusiasta, ¿pero fue así?

No sé. Esa fue su vida en Francia. Él sale de El Salvador a Francia. Nosotros [los cubanos] tenemos registrado cuando él retorna y se coloca en Cuba. Y él participa en la vida cultural y en la enseñanza artística [de Cuba]. Por eso se habla mucho en Cuba de Cisneros, porque se cumple el bicentenario de la Escuela de San Alejandro, que fue la primera escuela de enseñanza artística.

Es imposible resumir su ponencia “El retrato: un cara a cara” en una pregunta, pero usted decía que obra y espectador entraban en un diálogo de interpelación. Pero este juego de miradas, ¿no es voyerismo-narcisista?

Sí, sí. Pero también quise decir que se establece un diálogo en el que usted mira, pero al mismo tiempo lo miran. Ese es un tipo de retrato cara a cara que es la tendencia mayor, pero hay otros que son de espalda, de perfil… La mirada, la contemplación, el enfrentarse, pues tiene sus maneras de abordar hoy en día el retrato…

¿Y para usted cuál sería el retrato de retratos? ¿Podría ser La última cena de Leonardo da Vinci?

Todo depende del alcance que usted le dé al término. La última cena es una representación de los apóstoles y de los rostros que se les ha puesto a los apóstoles. Y el retrato es el rostro de alguien en particular. Y cada horizonte tiene su ideal del retrato, porque no es igual en el cambio de siglo que en el arte moderno. El retrato va cambiando. Lo asume la instalación, el performance. Estos ideales van cambiando…

Usted en el retrato le da cabida a la pintura, la fotografía, al performance; pero no la escuché hablar de la caricatura…

No, porque tenía que tomar una línea. Quería hablar sobre la nueva mirada de la pintura. No hable de la escultura y es importantísima. No hablé del héroe. No hablé de los retratos en los cementerios. Con la caricatura hay que identificar a la persona por algo.

¿Qué estatus goza ahora el retrato en la era del selfi?

Esto es de una nueva era, porque está el audiovisual, el selfi, la instalación. Ya hay estudios hechos para el selfi. Esto es otra manera de hacer retrato: grupal, individual, parcial. Pero el retrato-retrato no muere, porque la gente lo necesita. Desde la pintura todavía hay gente que hace retrato. Han cambiado los modos, las maneras y los soportes, pero la gente siempre vuelve a la pintura, pero de otra manera.

Otra de sus ponencias fue “La migración y la encrucijada del viaje”. ¿Cómo se ve esta necesidad del cubano de huir…? [Interrumpe]

En el viaje hay un problema de ‘territoriolización’ cuando es viaje migratorio. No le hablo de viajes de negocios o turístico, sino del viaje en que la persona se convierte en emigrante. Y siempre que se migra, se viaja aunque usted tenga que traspasar pequeñas fronteras. El viaje es una búsqueda de mejorías. Y pueden ser económicas, políticas. Problemas familiares, amorosos. El viaje puede tener detrás muchas motivaciones.

Tomemos un tópico. El término “huida” (salir de Cuba). ¿Está reflejado en el arte contemporáneo de Cuba?

Eso depende de cómo usted lo ve. Cuando las personas se van, dan la espalda. Para muchas personas ‘huir’ es esconderse. Todo depende de la connotación que le dé a la palabra.

¿Y el arte actual de Cuba tiene la oportunidad de dialogar con el mundo? ¿Tiene esa oportunidad de ser holístico y ecuménico?

Creo que sí. Cómo no. Ahora en día con la globalización usted no puede estar sin diálogo con el mundo. Es muy difícil. Además, en la década de 1990 la plástica cubana se abrió al mercado internacional. Eso es un elemento importante, porque el mercado pauta, marca. Tiene relación con las revistas internacionales. Y yo creo que vivimos en un momento de interrelación con el arte [del mundo].

Usted está vinculada con el Museo Nacional de Bellas Artes. ¿Hay un diálogo-formación con los docentes de Cuba?

Hay un diálogo muy antiguo entre museo y universidad. El museo data desde 1913, pero el nuevo edificio con una colección mucho más madura se abre en 1955. Hay una relación con la carrera de Filosofía y Letras donde está la Historia del Arte. En 1963 se crea la carrera de Historia del Arte. El Estado cubano les da a los egresados ubicación laboral. Ahora muchos de ellos [los egresados] están en el museo.

Su hoja de vida académica, profesional y laboral es avasalladora. ¿De qué va su tesis doctoral?

Ah, fue de la “Visualidad de las revistas cubanas”. Tomé el periodo de 1920 hasta los inicios de 1940. El objetivo de mi tesis fue poner en superficie a un conjunto de creadores —entre ellos caricaturistas, ilustradores y portadistas— que habían estudiado pintura, pero que se habían dedicado a otro rubro. A otro campo de práctica. Gente que fue portadora de la modernidad.

He notado que su discurso está exento de caer en una cárcel de conceptos. Los académicos e intelectuales tienen esa codependencia teórica. Un postureo del que no es fácil desengancharse.

Es que uno tiene que saber dónde está. Dependiendo del recinto que me toque hablar, pues yo hablaría en otro sentido. Me parece que… Es que mire: yo tampoco soy muy teórica. O sea: hay que trabajar los conceptos. Eso está claro.

¿Y cuál es su concepto de las artes plásticas de El Salvador?

Mi opinión es muy superficial, porque yo no tengo un estudio de las artes plásticas de su país. Pero sí creo que El Salvador se ha desarrollado según su ritmo histórico. Y para mí el arte siempre es arte contemporáneo. Y hay gente que piensa que arte contemporáneo es lo que se hace ahora. Y eso no es así. El Salvador está abriendo sus espacios de visibilidad. Está apareciendo la crítica y está apareciendo el público.

Usted acaba de hablar de ritmo histórico. ¿Qué significó —para bien o para mal— en la vida artística y el sistema educativo de Cuba la presencia de Fidel Castro?

La Revolución cubana es un proyecto holístico. No solo es un proyecto económico, agrario, etc., sino que también es un proyecto cultural. Con la Revolución cubana se abrieron museos, instituciones culturales y apareció un nuevo público. Eso es clave. Y este nuevo público no había tenido acceso a este tipo de instituciones. La crítica cubana tuvo que ir educando a este tipo de público…

Usted le ha dedicado tiempo a la obra de Alejo Carpentier y Nicolás Guillén. En una de sus ponencias mencionó a José Lezama Lima… [Interrumpe]

Lezama Lima fue una figura muy importante con la revista Orígenes. Carpentier fue un hombre preocupado por la ciudad. Carpentier vio en la calzada de La Habana la mezcla arquitectónica. Él hablaba del estilo sin estilo. Eso es muy latinoamericano.

Bueno, lo que le quería preguntar —usted que está vinculada al sistema educativo de Cuba— es sobre la situación tan mal que tuvo que pasar Lezama Lima. Su obra fue censurada. Y la pregunta es: ¿hay una reivindicación de la obra de Lezama Lima?

Miré: yo no soy especialista en literatura. Pero yo sí creo que Lezama Lima es una figura muy respetada en Cuba. Ha habido cuestiones reivindicadas si a usted el término le parece mejor.

Opino que usted está vinculada con la literatura. ¿Cómo se entiende ahora a Reinaldo Arenas en Cuba?

Esa pregunta sería mucho mejor que se la haga a un especialista en literatura [pero] yo trabajé en la Biblioteca Nacional de Cuba y ahí trabajaba Reinaldo Arenas. Los dos íbamos a merendar. Fue una relación de jóvenes. Él tomó otra vida. Yo solo puedo hablarle de mis recuerdos…

Pero usted convivió con él…

Sí, efectivamente. Cuando él publicó ‘Celestino antes del alba’, pues todos lo leímos y lo aplaudimos.

¿Y qué opinión tiene de la disidencia política de Reinaldo Arenas?

[Silencio total, pero responde finalmente] No tengo criterio sobre eso.

Acaba de surgirme una curiosidad personal… [Interrumpe]

¿Usted tiene una curiosidad personal y sigue grabando…?

Sí, claro. Y si usted no quiere responder, pues me lo dice. Punto. Solo quería consultarle cómo se ve ahora a Luis Rogelio Nogueras [baluarte de la vida literaria de Cuba].

Luis Rogelio Nogueras fue mi alumno en la universidad.

¿Ah? ¿Eso es en serio?

Sí. Yo le daba clases. Muchas personas tomaron otros caminos después de 1959 y se tuvo que llenar esos vacíos. Y esos vacíos se llenaban con esos alumnos con cierto expediente y cierto rango y que podían ayudar, contribuir en ser asistentes de los [profesores] titulares. A mí me tocó trabajar como instructora y le di clases de arte. Luis Rogelio Nogueras era una persona muy simpática. Le decíamos Zanahoria por su pelo rojo…

Sí, también le decían Wichy, el Rojo…

¡Sí! ¡El Wichy! Yo me divertía mucho con él. Íbamos al museo y él cogía un lápiz y un papel y pintaba. Y dibujaba muy bien. Era muy respetuoso, muy inteligente y muy agudo en sus análisis. Y le estoy hablando de arte. Él era muy atractivo para las mujeres. Y lo leíamos. Tengo un gran recuerdo de él y una gran tristeza en la forma en la que él falleció. La muerte se lo llevó muy pronto. Dejó una obra un poco trunca, no la pudo seguir desarrollando. Él era una gran promesa.

Usted dice que hubo personas que tomaron otros caminos. ¿A qué se refiere?

Bueno, los grandes profesores universitarios salieron de Cuba por razones familiares, económicas, políticas. Fueron distintas razones del viaje. Quedaron vacíos en la universidad, pero fueron llenados con los egresados. Los que nos quedábamos, pues trabajábamos con ellos. Había un respeto mutuo porque no había una gran distancia generacional.

¿Se cruzó con Roque Dalton en Cuba?

Sí, en Casa de las Américas. Lo miraba de lejos. Fue una figura importante en 1960.

¿Y con quién se queda: con Pablo Milanés o Silvio Rodríguez?

Con Pablito. Me gustan mucho sus canciones. Aunque yo con quien tengo una relación cercana es con Silvio. Yo siento que Silvio fue un fenómeno muy importante. Él cantaba para los estudiantes. Y también creo que Silvio es un poeta. A veces es difícil cantar sus canciones. Me parece que las letras de Silvio tienen una complejidad poética. Pablito es un poco más fluido en ese sentido. Además [ellos] vienen de tradiciones distintas. No soy experta en literatura, pero los dos son estelares.

Aprovechando el contexto: este día se celebra el Día Internacional del Orgullo LGBT. Tuve la oportunidad de estar en un concierto de Pablo Milanés en el Teatro Karl Marx. Ahí le dedicó una canción a este colectivo. Parece que los tiempos en Cuba están cambiando. ¿Usted cómo lo ve esto?

Son cambios mundiales. Yo vengo de la Escuela de Letras y de la Humanidades, por lo tanto mi visión sobre eso es que son seres humanos como todo el mundo. En Cuba está la doctora Mariela Castro [directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba] y ella ha hecho mucho para sensibilizar sobre este tema, porque esto es un problema cultural [no del Gobierno de Cuba]. Latinoamérica es machista como cultura. Encienda el televisor y vea una telenovela mexicana o cubana o argentina. Hay una cultura machista y esa no se acaba en un día. Usted no la quita por un decreto. Creo que en Cuba se ha sensibilizado a la población…

Pero yo lo que vi en Cuba es que esta visión medieval sobre el tema no era de la población, sino que fue gubernamental…

No sé. Depende en qué municipio usted esté. Yo vivo en Centro Habana y básicamente es machista. Pero este es un problema general en la región. Y tiene que ver mucho cómo a usted lo educa su familia. Por ejemplo: para el día 17 de mayo [fecha del orgullo gay en Cuba] se trabajó en los colegios el tema del acoso escolar, porque para mí yo todo esto lo veo como un problema cultural.

¿Qué diferencia hay para usted que un museo como el Museo Nacional de Bellas Artes esté supeditado al ministerio de Cultura de Cuba y un museo privado?

Realmente no sé porque yo siempre estudié en el Gobierno revolucionario. Cuando el Museo Nacional de Bellas Artes surge, pues no surge como una entidad privada. El museo desde su historia en 1910 siempre ha estado vinculado a la cultura y ha sido subvencionado por el Estado. Lo que sí puedo decirle es que las instituciones caminan con su propia historia, también. Y caminan más allá de las estructuras de gobierno.

¿Y qué piensa del arte urbano?

Hay muy poco arte urbano en Cuba. Quizás lo más interesante fueron las experiencias de colocar vallas. Era arte en la carretera. Se hizo arte en las fábricas para expandirlo a otro público….

¿Y qué piensa del grafiti?

Ese sí está muy extendido, pero es personal. Se estudia, pero todo el grafiti que veo por donde yo vivo es el de “María y José se aman”.

¿Por qué afirma que el arte siempre será contemporáneo?

[Retomé] a Lionello Venturi [pensador italiano crítico e historiador del arte], pues él dice que la crítica de arte siempre será contemporánea, porque el hombre no puede desasirse de su momento, de su tiempo y de lo que marca su tiempo. Contemporáneo es lo que está ocurriendo en este momento. Pues a principios del siglo XX ocurrían determinadas cosas como el tranvía, el coche, el telégrafo. Eso es moderno. Era lo contemporáneo. Después eso va a cambiar y lo contemporáneo será otra cosa. A eso es lo que me refiero. No importa el lenguaje que tenga. Lo que importa es lo que se hace en el momento. Y siempre habrá la relación entre tradición y modernidad. No importa el tiempo, la sensibilidad es algo universal. Por eso yo traté de colocar algunas pinturas salvadoreñas, porque el paisaje es una sensibilidad en un momento dado. Y el paisaje es una identidad y todo el mundo necesita identificarse. ¿Cuándo aparecen los héroes? Cuando usted se independiza. Y usted empieza a pintar al héroe y a estructurar su imaginario.

A mí no me termina de cuajar cierta parte del arte contemporáneo, pero admiro mucho la obra de Walterio Iraheta y Ronald Morán, por ejemplo. ¿Cómo ve que ahora pese más la justificación de la obra que la obra misma?

Hay teóricos que hablan de eso mismo que usted dice… Hablé de Avelina Lésper…

Y ahora que lo menciona, a ella la odian…

Sí, la odian. Ella dice que video, instalación y performance no son arte, pero también hay otros teóricos y analistas en Internet que dicen que a veces se interpreta mucho y no se lee la obra. Hay distintas posturas…

¿Y la suya cuál es?

Yo creo que hay que divulgar y que la gente trate [de entender] el arte contemporáneo. El arte contemporáneo siempre es difícil, no para el mundo del arte, pues ya está colocado ahí, sino para los que no son del mundo del arte. En cuanto usted le explica algo a una persona, pues a esa persona se le abre el mundo. Hoy en día las cosas tienen varios significados. Antiguamente había un solo significado direccional, pero hoy no. Según su competencia cultural, usted me puede leer algo distinto desde su ángulo y yo puedo tener otra lectura. [Estas opiniones] son válidas para lo que la obra me provoca, que es la mirada que hay hoy. Hay que ver cómo el artista ha colocado esa idea. Por eso me parece tan importante el periodismo cultural para el arte, pero no para hablar en términos teóricos, que los términos teóricos son para el mundo del arte. [Lo importante] es hablar en términos que permitan que el arte se [difunda], porque el arte es comunicación. Por eso la gente le coge miedo al arte, porque cuando no entiende se recoge. Yo una vez propuse un programa de televisión: “¿Y eso es arte?” Porque esa es la pregunta que todo mundo se hace en los distintos horizontes de expectativa que tiene. Cuando la abstracción la gente decía: “¿Y eso es arte? Si mi niño de siete años lo puede hacer con tres bolitas y un palito”. Siempre ha habido un cuestionamiento ante lo nuevo.

Usted habló de la Revolución… ¿Cuál sería el reto de Miguel Díaz-Canel en este siglo XXI?

Le dije que yo de política no iba a hablar. No es mi línea… [pero] yo creo que tiene buenas intenciones y está tratando de hacer cosas y sobre todo de acercarse mucho a la gente. Eso es lo que yo siento.




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