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Editorial & Opinion

La hipocresía se viste de rojo

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

sábado 12, agosto 2017 - 12:00 am

Rojo era el color de lucha de los cinco movimientos políticos y sus respectivos brazos armados que conformaron el Frente Militar “Farabundo Martí” para la Liberación Nacional. Hoy son un rosadito pálido acomodado a lo que siempre aspiraban: a vivir la vida amanerada de los ricos a los que solo en discurso querían llevar al paredón. Porque con ocho años de gobierno yo no veo que los pobres estén mejor ni que la justicia social haya mejorado, tampoco que los ricos sean menos ricos, pero sí veo muchos exguerrilleros que ahora tienen billete de sobra.

Pero rojo es su color y rojo es el color de la hipocresía, de la doble moral de aquellos izquierdistas exguerrilleros que ahora ven en Venezuela los mismos atropellos que a ellos los llevaron a las montañas, pero los aplauden, acompañan y apoyan a los cuatro vientos.

¿Qué les pasó? El odio enceguece.

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¿Escuchar a uno de izquierda señalar los errores de ellos? ¡Jamás! Es más fácil sacarle chispas a dos panes franceses mojados, que escuchar a un rojo hacer un mea culpa de las atrocidades que han cometido, y que hoy en Venezuela nos recuerdan la represión de los militares en Latinoamérica de los 60 y principios de los 70.

Está por demás comprobada la relación que la cúpula en el poder, sobre todo los militares, tienen con el narcotráfico. La mayor cantidad de narcoavionetas salen de territorio venezolano. Capos mayores se refugian en el planeta Chávez-Maduro. Armaron a la gente de los barrios pobres, según ellos, en sus mentes enfermas, para defenderse de invasiones alienígenas. Ahora esas armas sirven para asaltar, robar, violar, secuestrar.


El poder está concentrado, manipula todo, destruye el estado democrático republicano y todo esto en medio de una larga, extendida, constante represión a la oposición, cerrando medios de comunicación, desautorizando la inscripción de candidatos contrarios y metiéndolos presos de forma arbitraria, en juicios amañados, con la sonrisa beneplácita de los jerarcas ante un poder judicial, humillado, esclavizado, arrastrado.

¿No les suena conocido todo esto a los rojos del Fmln? ¿No les trae malos recuerdos de épocas oscuras en los que tenían que andar en la clandestinidad para que no los metieran a garrotazos en las mazmorras de la Guardia Nacional, la Policía de Hacienda y la Policía Nacional, para ser torturados y después exiliados o, peor aún, desaparecidos? ¿Acaso no recuerdan que por solo opinar en contra del régimen militar ya eran objeto de prisión?

Pues como la hipocresía y doble moral se viste de rojo, déjenme contestar todas esas preguntas: No, no les suena conocido.

¿Por qué?

Porque el asesinato de un opositor de izquierda es martirio para la revolución, es un acto oprobioso que merece ser condenado y perseguido sin prescripción alguna de esos delitos que llaman de lesa humanidad; pero el asesinato de un opositor de derecha se justicia, es profilaxis necesaria, es la victoria del pueblo, de la revolución.

Da tanta tristeza y hasta indigestión que mejor es relajarse y sonreír con cínica mueca en el rostro.

En las últimas semanas de julio de 1975, tiempos amargos de nuestra historia reciente (igualmente amarga hoy en día, aunque por otras razones), los cuerpos policiales habían desarrollado acciones en contra de la Universidad de El Salvador (UES), tanto en San Salvador como en Santa Ana.

El 30 de julio, estudiantes de la UES y de educación media salieron a protestar de forma pacífica por esos atropellos. En el puente a desnivel del ISSS, fueron emboscados. En el frente, por los agentes, quienes atacaron a mansalva, no solo con gases lacrimógenos, sino también a balazos. Por la retaguardia, tanquetas les cerraron el paso y pasaban por encima de los heridos. ¿Cuántos muertos fueron? No se sabe con exactitud. Al final lo que importa es recordar que la represión no es permitida, no es concebible, no debe ser perdonada jamás.

¿Por qué, entonces, el Fmln apoya lo que ahora el régimen de Maduro hace contra la oposición, si es exactamente lo que los militares hicieron con sus grupos de base?

¡Por pura hipocresía!




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