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Editorial & Opinion

La iglesia católica salvadoreña de fiesta

Dr. Mauricio E. Colorado / Abogado

lunes 3, julio 2017 - 12:00 am

El miércoles de la semana pasada se celebró en ciudad del Vaticano, un consistorio en el cual se elevó a algunas autoridades de la iglesia, al rango de Cardenal, y entre ellos a un salvadoreño, Gregorio Rosa Chávez, originario de Sociedad, Morazán, proveniente de una numerosa familia. Para el mundo católico, el nombramiento de cardenales es muy importante, debido a que tales personajes tienen la función de elegir, cuando el papa falta por cualquier causa, como  fallecimiento o renuncia, al sustituto, y además, el hecho de ser cardenal, les concede la facultad de poder optar para el cargo que ha dejado vació el papa fallecido. Centroamérica ha sido reconocida hasta ahora con cuatro cardenales nombrados en los últimos tiempos: Mario Casariego, de Guatemala, Miguel Obando y Bravo, de Nicaragua, y Leopoldo José Brenes  Solórzano, del mismo país, Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, de Honduras, y ahora Gregorio Rosa Chávez de El Salvador. El papa, -cualquier papa-, también tiene la potestad de nombrar cardenales y mantener el secreto de quiénes son los elegidos, debido a que en algunas épocas y algunos lugares, los cargos de Cardenal, podían poner en peligro al favorecido, según el régimen político imperante en el país de residencia. Tal práctica nos parece que ha caído en desuso. Los Cardenales, prácticamente obtienen el tratamiento de “Eminencia” en el momento de asumir sus cargos, y merecen el trato más respetuoso de los fieles católicos. Igualmente a partir de su investidura, su vestimenta es cambiada a una vestimenta púrpura a manera de distinguirlo de otros ministros de la Iglesia. No tienen, como sí lo tiene el papa, la categoría de infalible, aunque tal categoría es únicamente para cuestiones de fe, y ha sido muy discutida, desde la época en que fue instituida, en un concilio donde se generaron múltiples opiniones encontradas, lo cual ha dejado una práctica pobre de hacerla efectiva con escasa frecuencia. La historia de la iglesia demuestra que el poder terrenal que genera la autoridad religiosa, especialmente en la gente sencilla y poco culta, ha sido aprovechada en muchas ocasiones para imponer criterios de índole no religiosa para obtener resultados materialistas, que muy poco tienen de santidad. En la edad media, se produjeron casos de familias poderosas que nombraron papas a familiares que no mejoraron la iglesia con el ejemplo, y tales prácticas produjeron el desprestigio de la iglesia, lo que no abonó en nada a la salvación de las almas. Gracias a Dios, tales tiempos han pasado a los recuerdos, y aunque no han desaparecido, siempre suceden casos que merecen la crítica de los fieles, y ello a todo nivel de autoridades eclesiales. Los fieles católicos de esta pequeña nación, estamos en el compromiso de pedir a Dios por la salud de nuestro Cardenal, y porque sea iluminado para que su actuar sea en beneficio de los salvadoreños, y en general de toda la humanidad. Es de considerar que el destino del Cardenal nombrado, sea de buenos augurios, y de felices resultados, porque nuestro país necesita de mucha actividad productiva, y acciones verdaderamente favorecedoras del bienestar social, y de búsqueda de la paz interna en los salvadoreños, alejándolos de situaciones conflictivas que a la larga, no limitan los desbordes de actividades políticas de la grey. Creemos que esta situación que nos ha dejado nuestro señor, y el Papa Francisco, puede y debe ser aprovechada por el Bendecido nuevo Cardenal, y por la población salvadoreña, para elevar plegarias a fin de que Su Eminencia, busque el lugar que El Altísimo le quiera conceder en la sociedad salvadoreña, y le ilustre sobre su accionar a favor de los más sufridos de los hermanos salvadoreños. Nos unimos a los sentimientos de satisfacción por la decisión de Su Santidad Francisco, y se extiendan las bendiciones a este pueblo que lleva el nombre del Salvador del Mundo.




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