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Editorial & Opinion

La inmadurez de maduro

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 3, mayo 2017 - 12:00 am

Recuerdo de niño que cuando jugábamos al fútbol en la calle y el equipo perdedor veía venir una paliza, salía siempre alguien diciendo: “se acabó el juego”, aduciendo “trampa” del rival y llevándose la pelota, porque el que perdía también era el dueño de la misma… Así veo al señor Nicolás Maduro, quien está recibiendo del pueblo venezolano una presión tan grande que ha decidido llevarse “la pelota”, en este caso la Constitución, y plantear su re-edición con tal de no ceder a las exigencias y cumplimientos de la misma, algo en lo que la oposición ha tenido éxito.

La inmadurez del señor Maduro es una muestra más de que su régimen está en caída, que será cuestión de tiempo el que su “sólido” gobierno se rompa y que el pueblo organizado y en lucha, se levante para reclamar la disolución del parlamento, ahora en manos de la oposición por medio del voto legal, transparente y limpio, porque al convocar a la Constituyente ese parlamento deja de ser y volverá a instalar o desarticular, lo que le sea más fácil y activar sus poderes plenipotenciarios para reprimir y cerrar paso a la democracia, porque en esas reglas va perdiendo la partida y la paliza es inminente.

Maduro y los socialistas del siglo XXI que no son más que comunistas disfrazados de “modernidad” nuevamente recurren a lo único que pudieron cuando estaban en las últimas: la violencia, la represión, el control de los medios, la estatización y hasta hubo quien pensó que la solución era un muro para “salvar la revolución” porque solo Cuba ha tenido la “ventaja” de ser una isla y sobrevivir en su propósito de crear una dictadura que ahoga a su gente y ésta no tiene para donde salir.

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Pero Venezuela no es Cuba ni tampoco podrá levantar el muro como en Berlín, pero igual que siempre el sistema caerá por su propio peso, pues ya no hay comida, salud, educación ni la paz que la Revolución Bolivariana prometía luego de gastarse y repartirse los dólares del petróleo y de los otros recursos del país que bajo la siempre acomodada fraseología de liberación del capitalismo y de las oligarquías termina alimentando comandantes corruptos y sus parentelas.

Maduro ha demostrado total inmadurez democrática, porque le conviene mantenerse como un niño berrinchudo y pleitista, que arrebata malcriadamente de todos sus esperanzas, anhelos, esfuerzos y decisiones. La inmadurez es porque no puede dar el siguiente paso, ese sería el reconocer que sus planes económicos, sociales y culturales han llevado a su país a la quiebra, al descrédito y a la desesperación; ser maduro significaría abrirse a procesos electorales nuevos, a entregar el régimen y que éste se sostenga por mayoría electoral y no por fuerza brutal.


Pero esto es sin duda lo mismo de siempre, las revoluciones socialistas fracasadas, que se pierden en su misma retórica, la cual no puede ser sustentada más allá de la tinta en los panfletos y verborrea de sus líderes, la que se vuelve represiva porque con tantos conceptos teóricos de ricos y pobres no logra producir nada, no logra solucionar problemas, no ayuda a la gente a mejorar sus destinos y se encierra en estériles fantasías donde todos somos iguales, todos viven felices, comen lo que hay y nadie tiene más que lo que el gobierno da, soñando con lo imposible, lo que va contra la natura del hombre, contra el diseño creador y el espíritu humano que no puede ser aplacado con banderitas y consignas, pañoletas y héroes que cuasi santos se veneran a falta de principios que reclaman coherencia.  Veremos si “llevarse la pelota” le da a Maduro un poco más de aire o terminará como terminaban aquellos partidos con la burla, la victoria y el fortalecimiento de los adversarios, que lejos de humillados, son aplaudidos por conseguir al final su victoria y su propia pelota, para continuar el juego.




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