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Editorial & Opinion

La inseguridad es nuestro principal problema

Jaime Ulises Marinero / Periodista

martes 14, noviembre 2017 - 12:00 am

Muy poco sorprende que el  67 % de los salvadoreños, según una encuesta de Marketing y Tendencias para Diario El Mundo, desaprueba la gestión de presidente Salvador Sánchez Cerén, ya que es evidente que muchas cosas andan mal en el país, especialmente en el área de la seguridad pública y la economía nacional.

Justamente las personas que desaprueban consideran que no controlar la delincuencia y haber quitado los subsidios son los principales hechos que este gobierno ha hecho mal en los primeros 41  meses de gestión.

En contrapeso un 30 % de los encuestados consideran que lo mejor que ha hecho el presidente Sánchez es la entrega de paquetes escolares, aunque desde luego esas personas desconocen que este gobierno ha hecho quebrar a muchos pequeños empresarios, a quienes todavía les adeuda el pago de los útiles y uniformes escolares. Los proveedores ya entregaron zapatos y uniformes, pero el Estado no les termina de pagar, por lo que han tenido que endeudarse con el sistema financiero y tanto bancos como cooperativas y financieras les cobran intereses, pero resulta que el gobierno paga tarde y no paga intereses.

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Los resultados de la encuesta, dada a conocer la semana pasada, arrojan que un 42% de los consultados cree que las pandillas mandan más que el gobierno, mientras que solo un 12 % piensa que es el Gobierno quien manda. Este 42 % refleja una grave preocupación, pues la gente opina con base a su contexto y a su realidad inmediata. En muchas comunidades son  los pandilleros, llamados oficialmente por la Sala de lo Constitucional como terroristas, quienes mandan, ya que deciden quienes entran y salen, establecen horarios de circulación y extorsionan a quienes se les antoja. Por si fuera poco, ellos deciden a quien matar o expulsar de las comunidades. Hay comunidades donde ni el ejército ni la PNC ingresan. Uno puede ver tanquetas en la ciudad, pero literalmente hay comunidades impenetrables para las autoridades, salvo negociando o mediante operativos circunstanciales de gran envergadura. Los pandilleros han infiltrado a la PNC y al ejército. Ya en el pasado han negociado con políticos que los ven como votos y han hecho caer en negociaciones ilícitas y hasta en agrupaciones delictivas y actos de terrorismo a concejales y alcaldes, como el ex edil de  Apopa, José Elías Hernández y otros. Incluso a diputados y funcionarios de gobierno.

El gobierno debe dar un giro de 180 grados y cambiar su política, en el marco de la ley, para contrarrestar la delincuencia. Ya lo hemos dicho antes, la delincuencia no hay que ocultarla, al contrario, hay que enfrentarla, desde la prevención hasta la represión. Se puede prevenir lo no ocurrido, pero lo ya sucedido hay que enfrentarlo. La prevención es en las escuelas, en la iglesia y en los hogares a través de los medios de comunicación y mediante estrategias globales. Quitarles el privilegio a los padres de familia de castigar a sus hijos cuando éstos se portan mal, no es una forma de prevención adecuada. Muchos que hoy somos adultos sometidos al cumplimiento del imperio de la ley, es porque tuvimos castigos de nuestros padres. Castigos, consejos, orientación y soporte material.


Cuando ya el sujeto ha delinquido, no queda más que sancionarlo con la ley en la mano. Matar, extorsionar, violar, privar de libertad o cometer cualquier hecho delictivo, debe pagarse con prisión, pero antes hay que perseguir al delincuente y con las pruebas efectivas someterlo a la justicia. Perseguir y capturar al delincuente es labor de las instituciones gubernamentales y en eso se ha fallado ostensiblemente. Por eso la gente piensa que las pandillas mandan, porque delinquen y siguen a sus anchas, sin ser sometidos.

Por supuesto, mientras el gobierno no enfrente la delincuencia, que tampoco lo hicieron los gobiernos anteriores, las encuestas arrojarán que la inseguridad es el principal problema, aun arriba de la crisis económica que cientos de miles de salvadoreño sufren por la falta de empleos, los bajos salarios, el alto costo de los productos de la canasta básica y hasta la corrupción.

Por ahora Sánchez Cerén está aplazado, algo que no sorprende, pero que preocupa grandemente a todos, menos a quienes se ciegan por el fanatismo.




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