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Editorial & Opinion

La (IR) responsabilidad del ciudadano

María Gabriela Palomo / Lic. en Comunicación Social con Maestría de Ciencias Políticas

miércoles 28, febrero 2018 - 12:00 am

Además de ser  época de fervores, promesas, fotos, abrazos y otrosderivados, la época electoral es también la época de las manifestaciones de desencanto, de apatía y de reclamos de ciudadanos que se quejan de legisladores y servidores públicos que no llenaron sus expectativas de desempeño.

No obstante, el ciudadano también tiene desempeño del cual rendir cuentas al país, pero que no lo hace, porque mucho se habla de sus derechos y poco de sus deberes y, en muchos casos, la ignorancia resulta conveniente, pues los deberes implican responsabilidad y la responsabilidad, esfuerzo.

Acorde con el artículo 73 de nuestra Constitución, uno de los deberes de todo ciudadano es “Servir al Estado de conformidad con la Ley”, y su materialización para esta coyuntura electoral puede traducirse en formar parte de las Juntas Receptoras de Votos, las cuales se busca que sean despartidizadas, con vigilantes atentos y cuidadosos de los procesos sistemáticos y transparentes, pero nadie quiere tomar parte ni prepararse adecuadamente, porque para eso se necesita salir de la zona de confort y para algunos, la comodidad es más atractiva que la correcta fiscalización del respeto a la voluntad popular.

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Otro de los deberes y responsabilidades del ciudadano es ejercer el sufragio, pero el esfuerzo aquí no es ir a ejercerlo, sino emitir un voto informado.Si bien es cierto que a todos los partidos políticos les hace falta mucho para mejorar su dinámica comunicativa de dar a conocer su oferta electoral, el ciudadano no está exento de informarse por iniciativa propia en especial sobre las siguientes interrogantes:

¿Cuántos diputados del departamento donde habita entran a la Asamblea Legislativa? ¿Quiénes son? ¿Han estado vinculados a algún escándalo o delito? ¿Qué posturas defienden, cuál es su formación académica, quién financia sus campañas, cuáles son sus propuestas y cómo piensan ejecutarlas?

Dichas preguntas son básicas para decidir por quién votar o dejar de hacerlo, pero no son, en ningún momento, los únicos cuestionamientos a tener en cuenta. Electo el funcionario el deber del ciudadano continúa, el ciudadano responsable da seguimiento al trabajo que realizan las personaspor las que votó y conoce a qué comisiones pertenecen; sabe qué posturas han emitido al respecto, cuáles han sido sus iniciativas y cómo votan en las Plenarias.

Esto podría parecer exagerado, pero ¿cómo entonces puede exigirse al funcionario, si ni siquiera se conoce el trabajo que este debería de realizar?La información es poder y el ciudadano solo con conocimiento se empodera.Este mismo conocimiento es el que cada ciudadano debería de buscar con el fin de identificar la viabilidad de cada promesa electoral, porque que los candidatos mientan no está bien, pero tampoco lo está desentenderse de la función pública y pasar la vida sumergido en la ignorancia de los alcances y limitaciones que cada cargo conlleva, pues de eso depende que sea posible ejecutar lo que se ha ofrecido.

Es claro que los ofrecimientos incumplidos, aunados al abuso de poder y recursos de ciertos miembros de la clase política, han sido caldo de cultivo para la apatía ciudadana; no obstante, el total desentendimiento de este ámbito, manifestado por la desatención de los deberes ciudadanos, genera costos tanto políticos como económicos.

Las bases y militantes jamás dejan de ir a votar y abstenerse o anular el voto no solo no tiene utilidad e incidencia práctica, sino que pavimenta el camino por el que desfilarán a la reelección, aquellos que se busca cambiar, que decepcionaron a la ciudadanía o que deshonraron el servicio público.

En el caso en que los votos nulos y ausentismo sobrepasaran los votos válidos, lo único que generaría es una nueva elección con un costo de varias decenas de millones de dólares en un país en el que las necesidades sobran y los recursos faltan.

Este escrito no es, en ninguna forma, un regaño; al menos, no pretendía serlo. Lo que sí pretendía ser es una invitación a hacer un examen introspectivo de qué tan responsables somos en nuestro rol de ciudadanos y a informarnos sobre candidatos y coyunturas para emitir un sufragio responsable.



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