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Editorial & Opinion

La Liga Mayor de Partidos Políticos

martes 17, febrero 2015 - 6:20 pm

El proceso electoral 2015 está cada vez más cerca, el 1 de marzo volveremos los salvadoreños a las urnas para elegir diputados y alcaldes, lo que debería ser una fiesta y un momento de importancia en la construcción del civismo y la democracia, está convirtiéndose en una pesadilla que baja los ánimos o lo que es peor casi que desmotiva a votar.

Cada día es más la gente en las calles que se muestra decepcionada y apática al proceso, pero no es porque votar sea algo negativo o desagradable, sino porque tristemente nos damos cuenta que las propuestas, las ideas, los candidatos no llenan realmente las expectativas de la población y esto es porque nosotros los ciudadanos hemos caminado más rápido.

Estamos mejor informados y hemos logrado una visión de mediano y largo plazo diferente a la de los partidos que solo ven el corto plazo hasta la próxima votación y con sus intereses por delante; sus movimientos se han reducido a eso, a buscar únicamente un número de votantes para seguir vivos, para colocar sus feudos o consolidarse en el poder de forma absoluta y permanente; los partidos se han convertido en una especie de liga mayor de fútbol que nos divierte, nos da algo de qué hablar, nos entretiene, berreamos por ellos, les seguimos, nos vestimos de sus colores, pero pasado el encuentro nada pasa; pasado el campeonato vuelve a reiniciarse otro con los mismos protagonistas, condiciones y lugares; tanto es así que la liga mayor tiene dos torneos casi en el mismo año, por no decir cada seis meses y así vende y atiende a sus clientes de siempre, que vuelven al estadio ilusionados, motivados pero que regresan a sus casas vacíos y sin nada, porque la liga no mejora.

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Los partidos políticos son verdaderos clubes de liga, con dirigentes perpetuos, que ahora quieren cobrar más a la prensa por cubrir sus encuentros; así mismo, como los partidos políticos quieren imponer a la prensa reglas de cobertura; esto y otros elementos están llevando a un agotamiento peligroso del proceso democrático, porque de seguir así llegará el día en que votar dejará de ser importante, pues no cambia nada ni cambia a nadie.

Si no veamos la cantidad de “viejos” políticos tratando de venderse con “nuevas ideas” y no es que me parezca malo que una persona de edad sea candidato, no, no es por ahí mi reflexión sino por la de aquellos que son “viejos”, es decir, que ya llevan 15 o 20 años viviendo del cargo, yendo y viniendo en funciones públicas, pasando de alcaldes a diputados, de diputados a alcaldes de ministros a candidatos, de militares a candidatos, una gama de saltos dentro del mismo árbol que no da espacio a nuevos actores.


La elección del 1 de marzo representa el colapso o máxima resistencia de este sistema que a luz de lo señalado por la Sala de lo Constitucional deberá después y para la próxima elección reformar estatutos partidarios para democratizar los partidos internamente, abrir sus finanzas al electorado y mejorar el voto por rostro en un nuevo sistema de elección representativa con nuevos distritos electorales; ésta podría ser la última elección incluso intermedia ya que hay conciencia en cambiar a elecciones generales cada cinco años para alcaldes, diputados y presidencia de la República.

Pero ahora, frente a mi decisión de elegir, realmente me doy cuenta que el problema no es votar, ya sea voto cruzado, por bandera o lo que sea, sino elegir; lograr ver entre todos los candidatos; convencerme de una propuesta; tratar de diferenciar por una propuesta de calidad; votar con inteligencia y conveniencia. Eso se ha vuelto difícil para todos, porque veo solo personas anquilosadas en sus partidos, enamoradas de sus ideas e ideologías; propuestas vacías y repetitivas que se ofrecen siempre y siempre quedan pendientes; veo solo banderas que ondean por lo emotivo ya sea del pasado, del odio de clases, del resentimiento; otras que ondean para recuperar sus negocios y hegemonías, algunas impulsadas por la oportunidad de entrar al negocio político; en fin, veo muchos motivos pero pocos principios, mucho menos valores y muy escasamente banderas que se muevan por el bien común de las mayorías.

Este sistema de liga mayor de partidos, nos ha dividido, nos ha convertido en fanáticos de uno u otro equipo, nos mantiene en esa adrenalina pero nunca nos deja recibir beneficios; la taquilla es siempre de ellos, el estadio es de ellos, las reglas del juego son de ellos, los árbitros son de ellos, hasta los amaños son manejados por ellos; no sabemos de dónde sacan dinero para comprar jugadores, mientras el pueblo grita, pide, se alborota, pero vuelve una y otra vez al mismo punto.

Votar es fácil, lo difícil es elegir y lo peor de todo es que si no elijo yo otro lo hará por mí, espero no contrariarle más con mis pensamientos a este respecto, solo pensaba en esto mientras hago la cola para entrar al estadio electoral nuevamente, igual que usted.




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