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Editorial & Opinion

La llave del crecimiento económico es la inversión

Eduardo Cálix/Embajador

Lunes 2, Mayo 2016 - 12:00 am

El crecimiento económico de El Salvador se mantiene muy por debajo de su potencial. Esto se traduce en factor decisivo en la acumulación de rezagos sociales y subocupación que contribuyen a la inseguridad y la violencia. A pesar de todo, una transición democrática que ha instaurado la pluralidad y la alternancia, ha permitido hacer del diálogo y el entendimiento, la política para promover las reformas estructurales indispensables para culminar un proceso de modernización y dar respuesta eficaz a retos globales.

La llave maestra del crecimiento económico para El Salvador, en medio de los desafíos en los que estamos inmersos, es el diseño y aplicación de una política macroeconómica y de desarrollo regional, capaz de lograr el máximo crecimiento en medio de las recurrentes crisis globales que constituyen una amenaza para los próximos años.

Esta llave pasa por un detonador inicial de una estrategia integral y continua que es la inyección masiva de volúmenes sin precedente de inversión extranjera directa, portadora de innovación y capaz de generar cadenas productivas dinámicamente vinculadas con la economía global. A lo largo del camino, una estrategia viable que plantee eliminar definitivamente la desocupación masiva y volverse autosustentable en un amplio y diverso mercado interno.

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Poner en marcha la dinámica del crecimiento acelerado exige atraer flujos de inversión de alto valor agregado con innovación, capaz de generar nuevos sectores e industrias con potencial para incrementar rápidamente la productividad y el dinamismo de encadenamientos productivos. Reactivar industrias y regiones en El Salvador y Centroamérica estancadas por haberse aislado de la dinámica competitiva global.

En nuestro país, el gobierno puede acelerar de inmediato el crecimiento de la economía y el empleo en las regiones más atrasadas y vulnerables con mayor potencial productivo. El primer paso es poner en marcha la construcción de obras de infraestructura de gran impacto socioeconómico que vuelvan atractivas esas regiones para la instalación de plantas manufactureras de alto valor agregado, electrónicas, informáticas, automotrices, etcétera; orientadas tanto a la exportación como al mercado doméstico que ellas mismas irían generando al emplear a trabajadores con ingresos crecientes, en paralelo con su mayor productividad.


Para ese fin, se debe poner a la atención de grandes empresas constructoras nacionales y extranjeras que disponen de recursos y capitales, proyectos de interconectividad territorial que comuniquen diferentes sectores y regiones, sobre la base del potencial en puertos, aeropuertos, carreteras y centros logísticos del país, dándole oportunidad a sectores de transporte masivo hoy inexistentes, como el ferrocarril, para lograr la interconexión regional.

Este programa debe ser adoptado en paralelo con nuestros países vecinos en un solo esfuerzo que logre articular la conectividad entre regiones, y hacer de Centroamérica un solo territorio atractivo para la inversión y el comercio, con las mismas reglas de juego. En ello, los organismos regionales de la integración juegan un papel preponderante para convencer que “ceder” soberanía no es perderla, si se busca un beneficio superior inimaginable para la región.

Ello significa también, la conducción de la política económica nacional con responsabilidad y eficacia para defender la estabilidad macroeconómica y así sentar las bases para el crecimiento con libertad, así como evitar el excesivo proteccionismo que lejos de beneficiar, aísla. Alcanzar y sostener el crecimiento exige compromisos de inversión productiva. Pero no habrá quien apueste sus recursos, a menos que encuentre fiable la respuesta de las autoridades del país, mismas que deben tener como meta el alto crecimiento de las políticas públicas a las cuales se subordinan todos los demás objetivos; reglas claras en la inversión y un marco jurídico moderno, adecuado y seguro.




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