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lunes 5, junio 2017 | 1:27 pm

Don Francisco oró hace pocos años frente a una caja con los supuestos huesos de “San Pedro” a pesar de que ningún Papa anterior declaró nada con seguridad, el que más cerca estuvo fue Paulo VI, quien dijo que habían, razones convincentes, para creer que esos eran los huesos de San Pedro.

Los jesuitas del Vaticano conocidos por intelectuales y meticulosos en sus apreciaciones, rechazaron la autenticidad de la versión de los huesos, sin embargo, el Arzobispo Rino Fisichella un alto jerarca del vaticano, dijo que carecía de importancia si los huesos, eran o no eran de San Pedro, pues los católicos han rezado ante su tumba por siglos y que, lógicamente continuarán haciéndolo.

Los huesos fueron encontrados durante el enterramiento del Papa Pío XII en 1958, y ningún Papa ha permitido un estudio exhaustivo y científico debido a que dicen que pesa una “maldición de mil años” para los que perturben la paz de la tumba de San Pedro, dicha maldición está “autenticada” en documentos apocalípticos secretos del Vaticano revelados solo en partes en el libro “Los Oídos del Vaticano” escrito por Bruno Bartoloni y publicado por el Periódico del Vaticano, L’Osservatore Romano.

Durante el mandato del Cesar Constantino del Imperio Romano, quien ostentaba el título de Sumo Pontífice, del latín Pontifex Maximus, en calidad de administrador de las religiones del imperio y guardián de los asuntos de los dioses de Roma, fue que se fundó la Religión Católica de Roma en el año 325 DC en el Concilio de Nicea, en un esfuerzo por unificar el imperio bajo una sola religión, ante la amenaza de guerras intestinas de independencia de sus provincias.

El imperio se dividió en dos, occidente y oriente, y al de todos modos caer el Imperio Romano de occidente en el 476 DC, surgió el obispo de Roma, ante ese vacío de poder, proclamándose Sumo Pontífice y dijo ser el sucesor de Pedro, y del ” Trono Petrino”, no obstante que la palabra de Dios escrita en la Biblia no registra nada referente a que Jesús haya nombrado papa o Sumo Pontífice a nadie, ni al discípulo Simón de sobrenombre Pedro, ni que tampoco este haya tenido trono alguno.

La Biblia si registra que fue Pablo a quien Jesús encomendó llevar su evangelio por el mundo hasta entonces conocido incluyendo a Roma (Hechos 9:10-15, 23:11), y que Pablo viajó a Roma para ser enjuiciado por Cesar (Hechos cap. 27 y 28). Además, Pablo redactó la carta a los Romanos quizá la más importantes del nuevo testamento, así como sus cartas y viajes a Corinto, Galacia, Efeso, Filipo, Tesalónica y Colosas.

Jesucristo a través de su Espíritu se hizo presente para fundar la iglesia cristiana en Jerusalén el día de Pentecostés, por supuesto que nada que ver, con Papas católicos de Roma (ver Hechos cap. 2).

A pesar de todo, estos personajes se han hecho venerar como “Su Santidad” el papa y como representantes de Dios en la tierra o Vicarios de Cristo, y quienes hasta se han hecho igual a Dios al declararse infalibles, es decir que no pueden equivocarse, todo lo cual es una blasfemia pues solo Dios es infalible.

Por: Salvador Donato