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Editorial & Opinion

La nueva clase

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

sábado 11, agosto 2018 - 12:00 am

Milovan Djilas fue un escritor y político nacido en la villa de Montenegro, antes perteneciente al reino serbio y demás uniones y desuniones de esa región de los Balcanes, de donde proviene igualmente el Mariscal Tito y la muy admirada, en muchos sentidos, la singular Presidenta de  Croacia, Kalinda Grabar, quién aparte de expresar sus emociones en los campos de futbol rusos, ante la gesta de su equipo nacional, estudió secundaria en Nuevo México, es egresada de la Academia Diplomática de Viena y licenciada en Inglés, Español y Literatura de la Universidad de Zagreb; ha sido Ministra de Relaciones Exteriores, Embajadora ante los Estados Unidos, Negociadora del ingreso de su país en la Otan, y miembro del Partido conservador Unión Democrática Croata. De modo que cuando Macron o Putín se sentaban a su lado a observar un partido del Mundial, no se sentaban con una cabecita de pollo de cara bonita, sino con una guerrera, hija y nieta de guerreros de las guerras balcánicas.

Algún personaje la intentó descalificar señalándola de representante de la derecha croata. Pero miren ustedes, luego de conocer la obra de Chávez, Maduro, Lula, Daniel Ortega y los hermanitos Castro, más las veleidades de Evo Morales, el fugado Correa y la corrupta Cristina Kirchner, quien no sea conservador no tiene sangre en las venas, o es un serio aspirante a violador de los derechos humanos y de la ruina moral y material de su país.

Y cuando hablamos de conservador no nos referimos a ser reaccionario, egoísta, capitalista, terrateniente, o clasista por origen económico, social o racial, porque igualmente todo ello en conjunto, es una forma de ser comunista pero de signo contrario. Cuando hablamos de ser conservador, hablamos de democracia representativa, respeto a los derechos humanos, separación y equilibrio de los poderes públicos, transparencia, reconocimiento de las minorías, cero impunidad, economía de mercado, y de libertad como valor inherente a la condición humana.

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Pero nos desviamos de Milovan Djilas, quien tiene mucho que enseñarnos a los habitantes de esta parte del mundo (creo que la distracción de Kalinda lo permite).

Dilas es en realidad de origen serbio, así Montenegro sea una República independiente desde 2006, con apenas un millón de habitantes y 14 mil kilómetros cuadrados (imagínense El Salvador tiene 21.000 kilómetros cuadrados y le dicen el Pulgarcito de América). El hecho es que fue militante del Partido Comunista la mayor parte de su vida, integrante del estado mayor de los partisanos que lucharon contra la ocupación nazi, Primer Ministro y Presidente del Parlamento yugoslavo, apoyó al Mariscal Tito y terminó cuestionando el sistema de gobierno que amparaba la forma de vida suntuosa separada del pueblo a quien decían representar.


Ello lo llevó a escribir en 1963 “La nueva clase” (Nomenklatura) donde denunciaba la explotación de la clase trabajadora por parte de la dirigencia del Partido, la forma suntuaria como vivían, la hipocresía que ocultaba su realidad y el sometimiento a la Unión Soviética, lo que le valió, cuatro años de prisión. Fue un hombre comprometido con su verdad, decepcionado del comunismo no dejó de denunciar la concentración de poderes y la hegemonía dinástica de la clase gobernante.

Nada nuevo, el gobierno de Chávez (militarcomunista) terminó enriqueciendo impúdicamente a sus hijos, hermanos y demás familiares con fortunas inimaginables, los Kirchner conformaron un grupo familiar para delinquir, los Castro, sus hijos y sus favoritos controlan la economía de la isla; en El Salvador ALBA Petróleo vio aparecer nuevas fortunas competitivas con las llamadas 14 familias sin beneficio alguno para el todo nacional y, en Nicaragua la dinastía familiar de los Ortega Murillo, que se codea con las mayores fortunas centroamericanas terminó dejando un reguero de sangre y muertos por el solo significado erótico del ejercicio de poder omnímodo, y los beneficios contables que ello les representa. Y casualmente, todos ellos, son miembros activos del llamado Foro de Sao Paulo credo por Lula y Fidel en 1990.




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