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Editorial & Opinion

La opinión pública y los procesos internos para elegir candidatos 2018

Sherman Calvo / Publicista

viernes 31, marzo 2017 - 12:00 am

Comenzamos por preguntarnos ¿A qué llamamos opinión pública? ¿Qué entendemos por esa fuerza que exhala magia y realidad, propietaria y servidora de destinos, obediente e imperativa, voz de todos y de ninguno? ¿Qué hay  detrás de tan seductora figura, asediada por los más diversos enmascaramientos, a la que nadie deja de cortejar, pero de cuya plena conquista nadie se puede enorgullecer? ¿Cuál es el verdadero domino de esta diosa moderna, abundante en paladines y pregoneros, en herejes y creyentes de todo tipo que la invocan y a ella se acogen? ¿Qué clase de fenómeno es éste que gira alrededor del hombre las 24 horas del día?

Preguntas que se hace Eulalio Ferrer en su libro -Información y Comunicación-. Nada más fácil que perderse, al intentar una respuesta, en las corrientes de este caudaloso río que es la opinión pública.  Los que con tal propósito por él se han aventurado,  suelen llegar a la incertidumbre del antagonismo: “Lo que para unos es reina del mundo, juez inapelable, suprema voluntad, opinión electora, para otros no es más que reina de la inconsciencia, alma sin espíritu, mayoría ignorante”.

En el que pudiera ser el  primer libro escrito sobre el tema. -Ensayo Sobre la Opinión Pública-, su autor, Arcadio Roda Rivas, escribía que en matemáticas no se ha encontrado la relación exacta de la circunferencia al diámetro; en economía social no se ha podido descubrir la medida exacta del valor, y en política tampoco existe medida exacta de la opinión pública.

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Carlos Cossio la sitúa  entre la intuición y el conocimiento. Con el mismo espíritu, Ernesto Sabato ha escrito  que “la opinión pública sigue siendo quien impone gobiernos, pero resulta que estos gobiernos son los que crean la opinión pública”.

Yo creo que la opinión pública es la conciencia de un poder anónimo e imprevisible. Es una atmósfera  general de actitudes. Napoleón, que en algún momento calificó de imbéciles  a los que creían en la opinión pública, hubo de reconocer que ningún poder político es capaz de someterse indefinidamente contra ella.


Podríamos agregar  otras definiciones y juicios que sobre la opinión pública  se han hecho, pero esto solo serviría para  evidencia aun más las dificultades que su estudio presenta.  Y es que no resulta sencillo encontrar una respuesta valedera para contestar qué este es este siempre glorificado, que llamamos OPINIÓN PÚBLICA.

Más aún cuando en el fondo de su naturaleza puede descubrirse el eterno espejismo de quienes por tomar como suya la opinión ajena y por confundir la propia con la opinión pública, alcanzan los extremos de la opinión delirante.

Por más que la opinión pública es una de las referencias más comunes, resulta compleja, acaso  porque es pauta  de ajuste de otro fenómeno mayor: el del comportamiento humano, a la hora de aclarar y analizar las ideas, o lo que sería efecto de este fenómeno mayor: el del comportamiento político, a la hora de analizar objetivos e intereses de partido y definir candidatos de cara a las próximas elecciones 2018.




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