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Editorial & Opinion

La participación ciudadana

Roberto Meza / Colaborador

viernes 2, marzo 2018 - 12:00 am

¿Qué significa “participación ciudadana?”. Para muchos, este término un tanto abstracto, se reduce en lo político a votar por alguien en cada elección y, en todo lo demás, a cumplir con las leyes del país.

No es una mala interpretación, me parece, pero sigue siendo limitada porque, desde esta óptica el ciudadano tendría, en el mejor de los casos, un rol pasivo o reactivo en la vida de su ciudad o comunidad.

Pero participar no es reaccionar. Es ser parte activa de algo o tomar partido por alguna causa. El problema es que en El Salvador todavía no hemos aprendido a identificar causas y, peor aún, a definirlas con precisión, por culpa de nuestra precaria cultura cívica.

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La retórica política es una muestra crasa de ello. Casi todos los políticos –o aspirantes a serlo– pronuncian discursos elogiosos en torno a la defensa de la justicia o la libertad, por ejemplo. Pero ninguno de ellos es capaz de concretar la defensa de esos valores en una causa que sea lo suficientemente grande y digna como para cautivar la imaginación de los demás, ni lo suficientemente concreta para que pueda ser entendida por todos.

De esta forma, la supuesta defensa de la libertad o de la justicia termina, para desilusión de muchos, en lo de siempre: en promoción de intereses o agendas particulares o sectoriales y no en la consecución del bien común mediante causas plausibles.


En eso, la nueva generación de jóvenes –conocidos como “Millennials”– tiene mucho que enseñarnos. Ellos han identificado causas concretas que promueven la justicia y la libertad. Por ejemplo, muchos de ellos han tomado partido por los derechos de los animales o por el cuidado del medio-ambiente. Otros han visto en el emprendimiento social una forma de obtener libertad económica y promover la justicia. Otros tienen muy clara la importancia de promover la diversidad y defender los derechos de las minorías.

Han hecho todo sin caer presa de fetichismos ideológicos ni partidistas. Eso ha permitido que su compromiso con las causas que han ideado sea real y sincero.

Para convertirnos en ciudadanos necesitamos definir causas –concretas, sinceras y honestas– por las que podamos tomar partido. Si no hacemos eso, jamás llegaremos a participar en la vida de nuestra comunidad y seguiremos siendo observadores pasivos de los desastres que otros hacen en nuestro nombre.




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