Cerrar [X]

Editorial & Opinion

La Policía y Carla Ayala

Carlos Alvarenga Arias / Abogado y MAE

martes 10, abril 2018 - 12:00 am

La Policía Nacional Civil fue un aire fresco en la seguridad nacional. Al tirarle piedras y escupitajos no nos olvidemos de los cuerpos represivos que teníamos antes. Muchos nostálgicos o apasionados de la extrema derecha, no pocos desesperados por la victoria inminente del crimen organizado y las pandillas sobre el Estado salvadoreño, los añoran y los desean con sinceridad. Pero no es la respuesta ante la violencia descarnada y animal otro tanto de igual violencia. Ya más guerra no aguanta nuestra gente.

Ante la delincuencia y todo tipo de conflicto social, para prevenir y combatir, es mejor un cuerpo policial civil, profesionalmente capacitado, con abundantes recursos y bien protegido. ¿Pero le hemos brindado eso a nuestra policía?

Cuando empezaron a salir a la calle sus primeras promociones se creó una gran esperanza por el cambio, pero lo que no había cambiado fue el mismo pueblo mal educado, tozudo, terco, dentro del cual hay malandrines (no exagero), que ante un registro vehicular empezaban a quejarse; ante una multa de tránsito bien merecida, empezaban a negociar la coima; ante un retén, a desobedecer la orden de alto. Empezamos a corromper a nuestros muchachos.

publicidad

Por otra parte, comenzaron a venir los narcos. Un amigo que fue jefe departamental de la Fiscalía General de la República, me contó cómo empezaron a tomar posesión de territorios enteros. Es bien sabido que el narcotráfico no avanza si no tiene conexiones principalmente en la policía, y entonces uno escucha las palabras de Pablo Escobar Gaviria diciendo: “Usted escoge, oficial, plomo o plata, ¿qué quiere?”. Pues según me contó mi amigo y colega, así más o menos fue la estrategia. Muchos de ellos, aún con la ética aprendida en las ANSP, se oponían, pero pronto sintieron la furia de la maldad. Empezaron a matarlos y los que quedaron vivos entendieron que nadie los iba a proteger. Así que al ver el plomo en el cuerpo ajeno decidieron por la plata.

Estoy hablando de principios de los 90, cuando se creó la Dirección Antinarcotráfico (DAN), es decir, cuando ya era una realidad inocultable, una política mundial defender las naciones contra el embate de la narcoactividad (guerra por demás perdida mientras que, entre otras cosas, en los EE.UU. el mismo Hollywood y la industria musical hacen apoteosis constantemente en películas y canciones del consumo de la droga).


Pues los territorios que ganaron los narcos fueron pavimentados con los cuerpos de nuestros policías. ¿Los protegimos? No.

Menciono los 90 porque la nueva policía, joven, dispuesta, optimista, también tuvo que enfrentar la fatídica época de posguerra, cuando los movimientos armados en contienda se desmovilizaron y muchos de sus miembros optaron por seguir haciendo lo que habían hecho por años: usar armas, matar, saquear. Incluso cuentan que en esos grupos de delincuentes no había diferencias ideológicas, y se podían ver bandas criminales compuestas por rojos y por verdes olivo.

Se dispararon los secuestros hasta convertirse en una industria rentable. Los robos de carros. Los robos de furgones llenos de mercadería. Robos de bancos. Tantas cosas. ¡Qué terrible! Pobre mi país, desafortunada mi gente. Luego de regímenes militares, después de una cruenta y angustiosa guerra ahora eso: bandas criminales, narcos, gobiernos ineptos para luego caer en las garras de las maras, que también se desarrollaron en los malditos años 90 y ahora cogobiernan en montón de barrios, colonias, ciudades, departamentos.

Pero bien, el deprimente caso de la agente, Carla Ayala, me ha llevado a preguntarme qué tan bajo cayó, al final de tanta marginación y descuido, la institución policial.

No sé si planificada o arrebatada, la decisión de cerrar el grupo élite fue acertada, si ya era insostenible. Así como el 911 se llenó en un tiempo de delincuentes, si algo así pasó en el GRP. Lo cierto, y es el mensaje que quiero dejar, ¿qué fundamentos morales puede tener una institución en la cual pudo ser miembro un sujeto cobarde como el tal Samurai? Y lo peor, ¿cómo puede confiarse en una institución en la que un par de miembros, teniendo la potestad, la obligación no procedieron a la detención inmediata del asesino frío y descarado?

¿Será tiempo de una nueva Policía Nacional Civil?




RECOMENDACIÓN DE LA REDACCIÓN



Opine y Comente

Diario El Mundo abre este espacio de opiniones para que se pueda debatir, construir ideas y fomentar la reflexión. Por eso, pedimos que se evite hacer uso de ataques ofensivos, que incluyan malas palabras, de lo contrario nos reservamos el derecho de publicación.

Recuerde que este es un medio que está para generar opinión constructiva.