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Editorial & Opinion

La prevención social de la delincuencia es cara

Roberto Cañas López / Académico, firmante de los Acuerdos de Paz

miércoles 16, mayo 2018 - 12:00 am

El costo de la política de prevención social de la violencia y la delincuencia es alto, pero es más caro lo que cuesta la delincuencia. Según el Banco Central de Reserva (BCR) la delincuencia, en 2014, le costó al país el 16 % del PIB, es decir, $4,026.3 millones.

Es una realidad: no se invierte lo suficiente en prevención social de la violencia y la delincuencia. Existe una Política Nacional de Justicia y Seguridad y Convivencia que no es mala; se cuenta con una Estrategia Nacional de Prevención de la violencia y es buena, pero la columna vertebral de la política no es la prevención es el control y la represión de la delincuencia, y la cantidad de recursos disponibles para la ejecución de los planes de prevención no son suficientes.

Hay que rediseñar o repensar el enfoque de las políticas y estrategias existentes.  La prevención es más eficaz en función de costos; la ventaja de adoptar un enfoque preventivo como columna vertebral para enfrentar la violencia y la delincuencia que sustituya a los esquemas de represión de la delincuencia implementados es muy clara, y rinde mejores resultados en el mediano y largo plazo.

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En la medida en que se aumente la inversión en programas de prevención social de la violencia y la delincuencia, el país podrá reducir la pobreza, la desigualdad  y la exclusión social, erradicando las raíces estructurales que alimentan la situación de delincuencia.

La comparación entre lo limitado del presupuesto para prevención de la violencia y la delincuencia, y lo asignado para la represión del delito, es una muestra de cuál es la prioridad gubernamental y esto debe cambiar.


Es de esperar que en las ofertas electorales de los candidatos a la presidencia existan propuestas claras que le den su lugar a la prevención. Se necesitan nuevas ideas para una nueva visión de país.

Es  ingenuo pensar que la política pública de prevención por sí sola puede afrontar el desafío de reducir la violencia y la delincuencia; el abordaje es multidimensional, pero el enfoque debe ir a la raíz del problema; se debe partir de un esquema de seguridad ciudadana que priorice la protección de la base fundamental de la sociedad: la familia.

Casi siempre las personas acusadas de hechos delictivos  provienen de una familia disfuncional, donde falta comunicación, afecto, actividades compartidas. La calidad de las relaciones entre padres e hijos es fundamental. El índice de delincuencia baja si se procura la integración familiar y su desarrollo económico, social y cultural.

La mejor inversión que puede hacer un gobierno para promover la seguridad ciudadana y prevenir la violencia y la delincuencia es la inversión en la familia. No es cierto que el endurecimiento de las penas sea salida.

Cada 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia. Este año el tema a destacar es el papel de las familias y las políticas familiares como elemento clave en la construcción de sociedades pacíficas e inclusivas para lograr un desarrollo sostenible.

En El Salvador durante los últimos años hay un aumento de las mujeres jefas de hogar, la presencia de familiares que viven en el exterior aumenta, entre otras explicaciones, el número de familias con jefatura femenina. La desestructuración familiar ocurrida como producto de la inmigración, tiene un fuerte impacto en los niños y adolescentes que quedan al cuidado, generalmente de la mama, la hermana mayor, los abuelos, o cualquier otro pariente.

Desde el punto de vista ético, financiero y práctico, no es factible responder al delito con leyes más severas que se espera sirvan como formas de disuasión. La prevención eficaz es el factor esencial para la reducción de la delincuencia y de la inseguridad y es lo que permitirá canalizar recursos hacia el progreso socioeconómico, en lugar de dedicarlos a la represión del delito.

Es cierto, la prevención del delito es una tarea de mediano y largo plazo y si no se cuenta con los recursos financieros adecuados es muy probable que el esfuerzo se pierda. Ejecutar programas formulados con la mejor intención no es suficiente. También hay que tener los fondos, para ejecutarlos porque al final de cuentas son menos onerosos que lo que cuesta la delincuencia.




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