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Editorial & Opinion

La razón jurídica versus la tiranía

Jaime Ramírez Ortega / Consejero legal y de negocios

sábado 12, agosto 2017 - 12:00 am

Ningún país, en su sano juicio, puede apoyar una dictadura como la que vive el pueblo de Venezuela, ni tampoco una nación legítimamente constituida por la vía democrática, puede callar los genocidios y la represión que viven los venezolanos que no apoyan el régimen de Maduro, que solo ha consolidado pobreza, miseria, división y desabastecimiento de los productos más básicos que todo ser humano necesita para sobrevivir. Es un régimen que hace años desmanteló la fuerza productiva, motor del crecimiento económico y generador de riquezas para Venezuela.

Está claro que Nicolás Maduro, no tiene el temple de líder, ni la capacidad estratégica que tenía Hugo Chavez, como dictador para mover y comprar las masas a partir de prebendas y relegías que salían de la chequera de PDVSA. Chequera que con el tiempo se ha desgastado a tal grado que solo han quedado un par de sucres, moneda virtual que Chávez, quiso institucionalizar para todos los países que abrazaron el ALBA y el Socialismo del Siglo XXI.

Es decir, que Venezuela se consolidó a nivel latinoamericano como el promotor y benefactor del Socialismo del Siglo XXI, comprando con petróleo la voluntad y soberanía de países como: Nicaragua, El Salvador, Bolivia, Ecuador, Cuba, Brasil y Argentina, entre algunos, y éstos le endosaban su voto ante la ONU y la OEA. Así mismo, pagaban el petróleo de bajo costo con frijoles, azúcar y otros commodities que Venezuela no es capaz de producir, debido a las múltiples intervenciones que hizo Hugo Chávez a favor de los narcos terroristas de las FARC. Es que Colombia impuso algunas restricciones de abastecimiento hacia Venezuela.

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En otras palabras, el mal llamado Socialismo, promocionado por Chávez, solo fue una manera encubierta para llegar al poder y secuestrar la chequera de PDVSA, para darse la gran vida que nunca tuvo Chávez y todos los súbditos que le apoyaron; pero para ello necesitaba enganchar a otras naciones que creyeran en su demencial plan; por eso en la teoría el Socialismo suena muy bien, pero en la práctica es nefasto, egoísta y selectivo, ya que unos cuantos se benefician.

De modo que Nicolás Maduro aprendió a medias el ejercicio de la dictadura, dado que no logró entender que, para ganar una elección medianamente correcta, se requería ser estratégico e inclusivo en todo, es decir, que por lo menos se vea en la superficie que el proceso fue legal, ya que al adversario político jamás se aísla, al contrario, se toma en cuenta y se hace partícipe de todo el proceso electoral, para obtener legitimidad. Pero cuando se piensa en los intereses personales antes que en los intereses de toda la nación, los resultados son nefastos.


Por ello la constituyente que convocó Maduro, la hizo violando los preceptos constitucionales, dado que, en su calidad de Presidente, no tenía potestad para convocar elecciones, sin antes pasar por un referéndum donde se le solicitara al pueblo expresar si estaba de acuerdo o no con una constituyente; por otra parte, anuló toda posibilidad democrática de la oposición de ir al referéndum revocatorio de mandato presidencial, porque sabía que en ambos escenarios estaba completamente liquidado, dado que siempre hubiera perdido 80 % a 20 %.

Por esa razón se adelantó a pasar por encima del mandato constitucional, desconociendo el derecho y el proceso legal que le asistía al pueblo de Venezuela; pero lo que es altamente preocupante, es el fraude electoral que se cometió al informar que votaron más de ocho millones de venezolanos, cuando todos saben que a lo mucho habrán llegado un millón de personas, ya que nunca dieron acceso a los observadores internacionales; de modo que el Gobierno de Maduro no  puede garantizar esa cifra de votantes.

La otra parte que vuelve más preocupante, el tema de la soberanía y la democracia en Venezuela, es que ésta fue el camino que recorrió Cuba, antes de quedar aislada del mundo, ya que todas las personas que conforman la constituyente, son amanuenses del régimen, ninguno es de la oposición; por ello los países civilizados y democráticos han desconocido la constituyente de Maduro.

Únicamente han quedado apoyando a Maduro aquellos países que sus respectivos partidos tienen negocios petroleros con PDVSA, como el caso del FMLN, por medio de ALBA, pero que beneficia económicamente a los que dirigen estas operaciones, en ningún momento benefician en nada al país. Así que cuando el presidente de El Salvador, habla de apoyar a Maduro lo hace en nombre de los negocios que hace ALBA, y no en nombre de todo el país.




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