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“La reconciliación comienza con la búsqueda de la verdad”

Sábado 3, Octubre 2015 - 12:01 am

Heinrich-Haupt-embajador-de-Alemania

Heinrich Haupt, embajador de Alemania. / O. M.

 

Cada 3 de octubre, Alemania celebra el Día de la Unidad Alemana, que conmemora la reunificación de esa nación europea, ese proceso que ocurrió a finales de los 80 y principios de los 90, cuando la República Democrática Alemana decidió adherirse a la República Federal Alemana, colocando punto final a cuatro décadas de dictadura.

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La reunificación, que hoy cumple 25 años, es un ejemplo de consenso para el mundo, así como de participación constructiva de la sociedad civil en la toma de decisiones, destaca Heinrich Haupt, quien desde 2012 es embajador de Alemania en El Salvador. Pero también es un ejemplo de reconciliación. En esta primera entrega, Haupt reflexiona sobre este proceso y cómo su país enfrenta el desafío de superar las heridas que dejaron 40 años de separación.

 

¿Cuáles considera los principales logros de la reunificación alemana, y qué lecciones dejó este proceso para Alemania y el mundo?

La reunificación es un hecho importantísimo en la historia de Alemania. Terminó con una anomalía histórica, que era la separación de Alemania como país, pero también la separación de muchas familias. Se puede comparar como si hubiera una frontera dividiendo El Salvador por la mitad, como si fueran San Miguel y San Salvador dos estados separados. Esto también dividiría muchas familias y es evidente que esta situación no es satisfactoria para nadie. Fue una imposición de la política exterior a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Durante los años 80 hubo una política de apertura, de transparencia que fue impulsada por el líder soviético Mijaíl Gorbachov (presidente de la exUnión Soviética entre 1989 y 1991, recibió el Nobel de la Paz en 1990), y esta nueva política abrió caminos para que la situación cambiara y esta anomalía se corrigiera. Tanto la política como la sociedad civil tenían esta impresión que iba a llegar el momento para cambiar las cosas, para normalizarlas; pero los eventos del fin de los años 80 fueron muy rápidos y no era previsible. Por ejemplo, en el año 87 no era previsible que en el año 90 se iba a producir la unificación. Esto fue un desarrollo muy rápido y sorpresivo para muchos. La apertura de las fronteras se produjo en varios pasos, comenzando en mayo del 89 con la apertura de la frontera entre Hungría y Austria, y desde este hecho ya hubo un hoyo en la cortina de hierro que dividía a Europa del este y Europa del oeste. A partir de este evento hubo más y más movimientos de superar esta división de Europa, porque no se trata solo de una división de Alemania; por eso comenzó este movimiento en la frontera de Hungría y Austria. En noviembre del mismo año 89 hubo una ocasión en la que la sociedad civil de la Alemania del este, después de haber organizado muchas manifestaciones antes, derribaron el muro. El muro era el símbolo más visible de la división de Alemania y de Europa. El muro era parte de todo un sistema de fortalezas fronterizas que mantenía a toda la población de Alemania del este encerrada por un régimen dictatorial de índole socialista, y la gente sufría de falta de democracia, de un sistema que fue totalmente dominado por un solo partido, que no permitía elecciones libres e incluso infiltró a todas las esferas de la vida humana, incluso la económica, dominaba toda la economía con un sistema de planificación que no era muy eficaz; también dominaba la espera individual, hubo un servicio secreto muy intrusivo, la Stasi (abreviatura del Ministerio para la Seguridad del Estado, que funcionó entre 1950 y 1989), que se enteraba de todas las vidas y cualquier oposición contra este sistema se combatía con la ayuda de este servicio secreto. Al final, la gente ya no soportó este sistema y con base a la política de apertura de Gorbachov se atrevían a superar estos obstáculos, superar las fronteras y destruir el muro. Quiero destacar que fue un movimiento impulsado por la sociedad civil, incluso los políticos fueron sorprendidos por el impulso de la sociedad civil y estaban un poco reacios a permitir un cambio en el sistema de estados en Europa, porque el equilibrio entre los bloques había sido, a los ojos de los políticos, la garantía de la paz en la posguerra. Pero la  sociedad civil salió a las calles y primero pidió libertad democrática, de viajar a donde quiera y no estar encerrado en un Estado, y su reclamo público era “nosotros somos el pueblo y el pueblo quiere tomar su destino en sus propias manos (…) queremos ser una sociedad libre en un Estado Libre”. Después hubo otros reclamos que decían “nosotros no somos el pueblo, sino somos un pueblo, es decir, los alemanes del este y del oeste somos un solo pueblo, queremos la reunificación”. Ese fue el segundo paso en el reclamo de la sociedad civil de la Alemania del este y eso puso mucha presión sobre la política y después del derrumbe del muro, el 9 de noviembre del 89, hubo elecciones libres el 18 de marzo del 90 y fueron las primeras en Alemania socialista y ahí los partidos que se pronunciaron a favor de la reunificación obtuvieron la mayoría (de los votos). A partir de estas elecciones libres ya estaba claro que el camino no era el establecimiento de un Estado independiente, democrático del este, sino la reunificación como tal. Entre marzo y octubre hubo muchos pasos de política interna y externa para asegurar la reunificación y el 3 de octubre de 1990 se celebró la unidad y eso fue solo 11 meses después del derrumbe del muro; eso demuestra la rapidez con la cual la política se desarrolló en estos años.

 

¿Considera que el mayor legado que dejó este proceso fue el peso que tiene la sociedad civil en la toma de decisiones?

Sí, así es. La sociedad civil hizo saber lo que quería con mucha fuerza y se basaba en el orden constitucional de la Alemania federal. Nuestra constitución tiene un artículo que dice que queda abierto a la adhesión de otros territorios alemanes. Entonces, con base en este artículo, los ciudadanos de Alemania socialista reclamaron la adhesión de su país a la Alemania occidental, y esto era el marco jurídico de la reunificación. El 3 de octubre, lo que se hizo jurídicamente es que Alemania del este accedió al orden constitucional de Alemania occidental y desapareció como Estado.

 

¿Cuáles deben ser los factores para que un movimiento nacido de la sociedad civil logre un cambio, como lo que se logró en Alemania a finales de los 80? Pueden verse muchas manifestaciones en la calle, pero a veces no inciden en la política pública…

Lo que se necesita es un marco histórico adecuado. Por ejemplo, en décadas anteriores (al proceso de reunificación alemana) hubieron manifestaciones. Hubo una manifestación en el año 53, en el valle del este, en contra del régimen dictatorial socialista y en contra de la ocupación soviética en la Alemania del este; pero no era el momento adecuado para tener éxito en el 53.

 

¿Por qué?

Por la confrontación este – oeste y la manifestación del poder soviético era muy fuerte y ahí no estaban dispuestos a ceder espacio a estos movimientos democráticos. Pero a finales de los años 80, con la política de Gorbachov, ahí se presentó un marco histórico adecuado para que la voz de la sociedad civil se escuchara y fuera tomado en cuenta. Lo que no funcionó en los años 50 o 60 – por ejemplo, en Checoslovaquia (hoy República Checa) hubo manifestaciones que no tuvieron éxito, en Polonia también, en Hungría – pero en los años 80, por esta nueva política de Gorbachov, pudo tener éxito el reclamo de la gente porque estaba en sintonía con el desarrollo de la política de todo el continente y también tuvo el apoyo, muy importante, del presidente estadounidense George Bush padre, y el canciller Helmun Kohl, de Alemania occidental, y otros aliados y amigos, incluso vecinos de Alemania participaron en este gran proceso de la unificación de Alemania y después también de Europa y fue en sintonía con todos estos países, intereses, políticos y sociedades civiles, de llegar a un nuevo orden de convivencia en Europa. Es importante saber que la unidad de Alemania, a raíz de los reclamos de la sociedad civil, fue adecuada para los ojos de todos los que tomaron decisiones porque acababa con una anomalía y por eso tuvo éxito. Hubo muchos críticos, hubo temores también, que Alemania ahora con 80 millones de habitantes iba a dominar a Europa e iba a imponer su voluntad. Estos temores sí se tomaron en serio y la respuesta fue que la Alemania unida iba a seguir integrándose en el gran proyecto de la Unión Europea. Esa es una política muy clara de Alemania que estamos preparados para ceder competencias del Estado alemán, a la Unión Europea. Por ejemplo, la política y el derecho de comercio exterior es una competencia que fue trasladada a Bruselas (Bélgica, donde tienen su sede las instituciones de la UE). La Alemania sí tiene más habitantes y una economía más fuerte que otros Estados, eso es verdad, pero no tiene el poder dominar por sí sola todo el continente, a pesar de su relativamente gran peso. Por eso fue aceptada la unificación y también el nuevo rol que todos los Estados juegan. También la UE aceptó el ingreso de otros Estados de la Europa del este y ahora somos una comunidad de 28 Estados y con reglas claras. Todos saben que la unión es de beneficio para todos los miembros. Aquí se integra la Alemania, que tiene 80 millones de habitantes, pero toda la Unión tiene 500 millones de habitantes, con 80 millones no se domina una comunidad de 500. También aceptamos la propuesta de algunos de los socios de introducir una moneda única, el euro, que es ahora la moneda de 18 o 19 Estados europeos. Antes se consideraba que el marco alemán estaba muy fuerte, dominando la bolsa de divisas.

 

Recientemente se publicaron los resultados de una encuesta sobre la reunificación, y aunque hay satisfacción también se considera que el proceso aún no concluye. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Coincide en que aún hay tareas pendientes?

La unificación es un proceso largo, de al menos dos generaciones, porque la separación fue muy profunda. Durante cuatro décadas que siguieron a una guerra muy sangrienta, todo el siglo XX ha sido muy difícil y la división de Europa y de los dos Estados alemanes duró de 1949 a 1989. Esto dejó muchas huellas y muchos problemas que teníamos que resolver. Por ejemplo, del sistema económico. Hubo muchos cambios de la economía de la Alemania del este, transformando al economía de planificación a una economía social de mercado; y también hubo un gran peso sobre el sistema social, de seguridad social, que Alemania occidental tiene un sistema muy fuerte de seguridad social; y aceptando 17 millones de nuevos habitantes, conciudadanos, integrales en nuestro sistema social, era una gran tarea. Hubo grandes presiones para reformar estos sistemas para que pudieran absorber a los nuevos conciudadanos. También el sistema de pensiones teníamos que reformarlo. Por ejemplo, hubo una gran reforma en el año 2007, cuando se introdujo un cambio en la edad de jubilación, se elevó gradualmente hasta 67 años. Hay algunas excepciones para la gente que ha cotizado más de 45 años, ellos pueden jubilarse antes. ¿Por qué (se hizo la reforma)? Porque el sistema tiene que ser sostenible, no puede vivir de tanta subvención del Estado. Ese es un ejemplo de muchas reformas que teníamos que hacer, pero todas esas reformas nos ayudaron cuando ocurrió la crisis financiera. Hoy hay un nuevo desafío que surgió de un día a otro, casi, a los ojos de los políticos fue de un día a otro; la crisis de la migración masiva que desde este verano nos está llegando de medio oriente y partes de Asia y de África. Es un desafío comparable al desafío de la integración de los 17 millones (de alemanes del este). Viene gente que no ha vivido en Europa antes, que no conoce muy bien la manera de vivir de los europeos y están huyendo de situaciones dificilísimas, especialmente la guerra de Siria, donde la gente ha vivido situaciones terribles. Hay que encontrar manera de integrarles al sistema de seguridad y al mercado laboral. Ahí también la sociedad civil tenía muy activo y constructivo. No solo los administradores de los municipios, regiones, ayudaron, también la sociedad civil, espontáneamente, ayudaba a acoger a miles y miles de refugiados. Yo veo como si resurgiera este espíritu activo y constructivo de la sociedad civil.

 

Hoy en día aún hay una diferencia en los indicadores económicos de la Alemania del este: el desempleo es más alto y los ingresos no llegan aún al nivel del oeste, según los mismos informes oficiales. ¿A qué se atribuye esa diferencia?

Todo sistema económico tiene sus riesgos, sus fallos, pero desde nuestra experiencia la economía de mercado ha resultado eficaz. Yo dije que el proceso de reunificación es de dos generaciones y solo ha pasado una. Lo que vemos es que la economía de la Alemania del este todavía es más débil que en el occidente, esto tiene que ver con la estructura de la economía. También dentro de la Alemania occidental hay diferencias en desarrollo económico. En el este, no hubo tanta inversión como en occidente y la mayoría de las grandes empresas están en occidente y se quedaron en occidente. Con la reunificación abrieron subsidiarias en el este, pero el gran peso de la estaba en occidente. A consecuencia de eso hubo también un flujo migratorio, para buscar trabajo en el oeste. Nosotros creemos que el sistema económico funciona, siempre hay riesgos, siempre pueden ocurrir escándalos y esos hay que resolverlos según las leyes. Sistemas perfectos no hay, en ninguna parte del mundo, tenemos que ser vigilantes y siempre estar dispuestos a mejorar el sistema económico, comercial y sociales, según el desarrollo de la población.

 

¿Cómo fue el proceso de reconciliación en Alemania del Este, tomando en cuenta los abusos de la dictadura comunista contra la población?

Es fue un problema muy grave porque hubo represión, persecución de parte del servicio secreto y otras entidades. Hubo algunas voces después de la reunificación que reclamaron “que se olvide todo, que se destruyan los archivos de la Stasi para crear la paz y con vistas solo al futuro”. Pero estas voces no prevalecieron. La decisión fue que los archivos del servicio secreto Stasi se conservaran, se analizaran y que se hicieran accesibles a todos los implicados, especialmente a las víctimas. Existe ahora, y con base a una ley especial, una institución que maneja esta política de transparencia de los actas del servicio secreto. Cada persona que cree haber sido implicada, o perseguida por la Stasi, tiene derecho de hacer un reclamo, de pedir a esta institución todos las actas que implican a esta persona. Ese es un esfuerzo de establecer la verdad, porque pensamos que cada proceso de reconciliación comienza con la apertura de las actas y con la búsqueda de la verdad. La persona víctima de persecución tiene derecho de conocer lo que pasó. Puede ser muy difícil si, por ejemplo, una persona, teniendo acceso a las actas del servicio secreto, se da cuenta que su propio marido la espió u otro familiar, o un buen amigo que fue desleal. Eso se puede ver ahora en las actas. Puede ser una gran pena para una persona darse cuenta y decir “bueno, estos me traicionaron”, lo que pasó en miles y miles de casos; pero esta apertura también puede servir para buscar la reconciliación. Porque una vez que se sabe que un familiar lo denunció, se puede hablar con él, discutir el caso, y la persona que denunció tiene la oportunidad de disculparse, para que la relación se mejore. Puede explicar también por qué lo hizo. Después de establecer la verdad, de conversar entre la víctima y el victimario, después de pedir perdón, ahí se puede cerrar el caso. Después se puede olvidar y perdonar. Después de la disculpa viene el perdón, pero en esa secuencia. Primero apertura, discusión, disculpa y luego perdón; y se crea una nueva relación de paz, de entendimiento y de convivencia. Este fue el método de Alemania para tratar los casos de este tipo. En vez de olvidar artificialmente, destruyendo todos los récords, se abrió, se discutió, se disculpó y se perdonó, aunque quizá no en todos los casos, dependiendo de las relaciones que tienen estas personas. De esa manera se solucionaron muchos casos y son las víctimas las únicas que pueden perdonar, y en miles y miles de casos las víctimas de Alemania del este perdonaron a los que les fueron desleales. Después se puede decir “el caso está cerrado, yo ahora no quiero oír más del caso”, de manera civilizada, tomando en serio los derechos de la víctima.

 
¿Hubo mucha judicialización de casos de violaciones de derechos humanos?Heinrich-Haupt-embajador-Alemania

Sí, hubo crímenes graves. El más grave fue el asesinato de refugiados en la frontera. El gobierno y el partido de Alemania socialista, con el afán de “proteger” su frontera y de no permitir que su propia gente salga de su país, hicieron una ley penal en donde cualquier intento de salir sin permiso del país se castigaba. Los guardias fronterizos tenían orden de disparar. Si un refugiado de Alemania del este quería ir al oeste, si no se detenía, el guardia tenía la orden de disparar y ahí se mató a mucha gente que trató de salir su país. Por haber dado la orden de disparar, algunos políticos de la Alemania del este tuvieron que presentarse a un juez penal y recibieron sentencias de varios años de reclusión penal. Incluso, el número dos del sistema, el señor (Egon) Krenz fue condenado a varios años de prisión justamente por haber dado esa orden. Los jueces dijeron “esto no es político, esto es lesa humanidad, es un atentado a la vida humana”, mientras que los estatutos de las Naciones Unidas que cualquier persona tiene derecho de salir de cualquier país, incluso el suyo, entonces dispararle a una persona que sale de su país viola esas reglas reconocidas por Naciones Unidas. Por eso un juez penal, después de la reunificación, podía decir “bueno, ustedes tienen estas leyes, estos reglamentos, pero estaban en contra del derecho internacional”.

 

La búsqueda de la verdad, darle la oportunidad a las víctimas de saber lo que pasó es algo en lo que Latinoamérica y El Salvador falló después de dictaduras y guerras civiles…

Es muy sensible este asunto y depende de los sentimientos y la historia de cada país. Viendo el caso de El Salvador, la Corte Interamericana de Derechos Humanos se ha pronunciado, para mí esta es la autoridad que decide sobre los límites de las reglas de olvido o de no olvido, porque es altamente difícil de encontrar un equilibrio. Pero parece que la corte interamericana, en el caso de El Mozote (masacre ocurrida en 1981 durante la guerra civil, donde el Ejército asesinó a más de 1,000 personas desarmadas, entre ellas niños) se ha pronunciado y parece que El Salvador es un país que respeta la jurisdicción internacional y la jurisdicción en derechos humanos. No quiero dar consejos porque el asunto es demasiado sensible y es importantísimo que la sociedad salvadoreña, ella misma, tenga una discusión abierta sobre los pros y los contra de una apertura – como dicen algunos – de heridas. Hay opiniones muy difernetes sobre el asunto. Pero también hay algunas reglas de que no puede haber autoperdón. Esa es una de las reglas básicas. Una persona que ha cometido un crimen no puede perdonarse a ella misma, esta es una de las reglas fundamentales de las leyes de amnistía. Hay otra regla del derecho internacional que los graves crímenes de lesa humanidad, nunca se pueden amnistiar, eso es otro de los principios que incluso la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha reconocido en esta materia. Esto sería también la legislación de la corte europea de derechos humanos. Lo improtante es que los fallos de tales instancias, neutras y profesionales, se tomen en serio y yo pienso que hay un gran consenso en la sociedad salvadoreña que hay que respetar eso, pero hay que ver que nuestro sistema de apertura y de intercambio entre víctima y victimario, y después disculpa y perdón; y a mí me parece que ha funcionado bastante en Alemania. No sé si otros Estados lo quieren replicar, pero esto es decisión de cada país. En Guatemala hay una discusión parecida, ellos también tienen una situación difícil con su guerra civil, y ahí hubo un fallo de la Corte y ellos tienen sus propias soluciones. Para los extranjeros es bastante difícil entrar en ese tema y por eso yo solo puedo indicar algunas líneas de base, algunos principios judiciales y lo que hicimos nosotros.

 

¿Qué significa el muro de Berlín para los alemanes de hoy?

El muro representa una aberración histórica y es algo que no debería repetirse. Los muros no ayudan. Cuando alguien piensa que tiene que erigir un muro, hay un problema, y los problemas no se resuelven a la fuerza. Erigir un muro es aplicar fuerza porque prohíbe el paso de una persona sin armas, una persona normal, de la sociedad civil. Impedir el paso de esa manera no es humano y hay un principio en el derecho internacional que se llama la autodeterminación de los pueblos y hay que tomarlo en serio. El gran reto actual es la globalización. Tenemos retos grandes para salvar a este planeta, esos son los grandes problemas, el cambio climático, el manejo del agua, la pobreza, la desigualdad en la distribución de la riqueza, hay que encontrar soluciones para brindar una vida digna para todos los seres humanos; las diferencias del pasado, como los pleitos fronterizos, eso debería pasar a segundo plano ante los grandes desafíos que ya mencioné. La población ha crecido tanto, que debemos encontrar soluciones. Por ejemplo el agua, muy poca gente, relativamente, tiene acceso a agua pura, y ahora viene el cambio climático, hay problemas terribles de sequías o de inundación. En parte es por errores humanos. Hay que tratar de corregir los errores destruyendo el medio ambiente, y para hacerlo necesitamos sociedades abiertas, necesitamos que todos los talentos que hay en el mundo se puedan expresar, y solo las sociedades democráticas, las sociedades abiertas permiten que los mejores cerebros den su aporte en el proceso de encontrar soluciones a estos problemas globales. No podemos permitir que algún talento en Chalatenango, en un pueblo, por pobreza no pueda estudiar, cuando él puede ser un gran científico, aportando soluciones a grandes problemas. Tenemos que tener sociedades abiertas, que brindan oportunidades a todos los jóvenes, a una educación digna y que tenga la oportunidad de tener un puesto donde pueda aplicar su talento y de esa manera contribuir al avance de la humanidad. Por eso necesitamos sociedades abiertas, democráticas, que toman en serio a los seres humanos. Parece que son grandes palabras y es difícil implementarlas, pero debemos tomar ese rumbo. No lo vamos a conseguir en un día, en un año o en una década, pero sí lo podemos conseguir en 20 o 30 años, acercándonos a ese ideal.

 

“Queremos ser una sociedad libre”

Este día se cumplen 25 años de la entrada en vigor del Tratado de Unificación, que puso fin a más de cuatro décadas de división en Alemania y concluyó el proceso de reconciliación que había arrancado un año antes con la caída del muro de Berlín, destacó la agencia EFE, el miércoles.

Tras la derrota del Tercer Reich en la II Guerra Mundial las

cuatro potencias vencedoras decidieron el reparto del territorio alemán, lo que desembocó en la creación, en 1949, de dos Alemanias: la República Federal de Alemania (RFA), en la zona ocupada por los Ejércitos de EE.UU, Francia y Gran Bretaña, y la República Democrática de Alemania (RDA), con un régimen comunista en la órbita de Moscú.

Cuarenta años después, Alemania vivió una revolución pacífica amparada en la “perestroika” del dirigente soviético Mijail Gorbachov. El 9 de noviembre de 1989 cayó el muro de Berlín y el 3 de octubre de 1990 se hizo efectiva la reunificación de la nación germana.

El embajador Haupt señaló en esta entrevista con Diario El Mundo que el proceso fue muy rápido y sorpresivo para muchos.

“La apertura de las fronteras se produjo en varios pasos, comenzando en mayo del 89 con la apertura de la frontera entre Hungría y Austria, y desde este hecho ya hubo un hoyo en la cortina de hierro que dividía a Europa del Este y Europa del Oeste. A partir de este evento hubo más y más movimientos de superar esta división de Europa”, indicó.

Haupt destacó, en varias ocasiones, que la reunificación de Alemania fue una petición de la sociedad civil, las presiones que ejerció fueron importantes para que se lograra la firma del tratado.

Primero, el reclamo público era, dijo, “nosotros somos el pueblo y el pueblo quiere tomar su destino en sus propias manos (…) queremos ser una sociedad libre en un Estado Libre”. Luego, las manifestaciones empezaron a exigir la reunificación.

 

Perfil en El Salvador desde 2012

Heinrich Haupt nació en Coblenza, República Federal de Alemania, en 1954. Posee estudios de Derecho en las universidades de Maguncia, Alemania, y Ginebra, Suiza.  También estudió en la Academia Diplomática de Bonn, en su natal Alemania.

En 1987 se desempeñó como encargado de Asuntos Políticos, Legales y Consulares. en la Embajada de Alemania en Belgrado, Yugoslavia. En 1990 fue Ministro Consejero de la embajada en Managua, Nicaragua.

También ha laborado en la embajada de Alemania en Madrid, en la Representación Permanente de Alemania ante las Naciones Unidas, Nueva York; en Yakarta, Indonesia. Desde julio de 2012 se desempeña como embajador en El Salvador.




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