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Editorial & Opinion

La reforma protestante II

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 4, noviembre 2017 - 12:00 am

El 31 de octubre se estuvieron celebrando los 500 años de la Reforma Protestante y el Día de la Iglesia Evangélica en El Salvador, promovido por la Sociedad Bíblica. El evento fue un éxito, debido a lo abarrotado que estuvo el hotel; no obstante, la celebración, va más allá del acceso que se tiene de la Biblia en un idioma en que todas las personas puedan leer las verdades que ahí se detallan, ya que lo fundamental de la celebración es que hoy se puede predicar el evangelio de nuestro Señor Jesucristo, sin temor de ser perseguido, asesinado, amedrentado o excomulgado por la sociedad salvadoreña, por pensar diferente.

Es decir, que con la Reforma Protestante promovida hace 500 años, se alcanzó la “libertad de culto” que hoy tienen la mayoría de países civilizados, particularmente El Salvador, aunque he de aclarar que se le ha llamado Reforma Protestante al evento que surgió a partir del 31 de octubre del año 1517, donde Martín Lutero clavó las 95 tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg como una invitación abierta para que la Iglesia Romana, las debatiera.

Las 95 tesis condenaban la avaricia y el paganismo en la que había caído la Iglesia Romana, además de la decadencia moral, por lo que el propósito de Lutero era crear una disputa teológica sobre las doctrinas no Bíblicas (las indulgencias, el bautismo de niños, el limbo y el purgatorio, entre otras) que había creado la iglesia Romana. Sin embargo, en sus tesis, Lutero no cuestionaba directamente la autoridad del Papa​.

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En consecuencia, se le llamó “Reforma Protestante” al evento ulterior al desacuerdo esgrimido por Lutero, lo cual era normal en ese contexto, por ejemplo: si un ciudadano no estaba de acuerdo con los impuestos o leyes promovidas por el Rey o por el Papa, tenía la facultad para protestar y expresar el motivo, razón y circunstancia que lo llevaban a estar en desacuerdo, para invitar a la autoridad a debatir abiertamente sus argumentos.

Por la tanto, lo que surge como resultado de la Reforma Protestante, es la persecución, excomulgación y la muerte en la hoguera de todo aquel que desafiaba a la Iglesia Romana; también se funda la Iglesia Luterana, que eran todas aquellas personas que seguían las enseñanzas Bíblicas de Lutero. Así mismo emergieron los movimientos; Reformadores, Anglicanos, Ana-Bausitas, Calvinistas, Metodistas, Baustistas y Pentecostales. Esta último surge en enero de 1901, en un pequeño colegio bíblico de Topeka, Kansas. Inspirados por William Seymour y Charles Parham.


De modo que se produjo entonces un “despertar” denominado “avivamiento pentecostal”, que pronto se extendió por diversas denominaciones e iglesias alrededor del mundo. La palabra pentecostés se remonta a los orígenes de la Iglesia primitiva en el Libro de los Hechos de los Apóstoles: “…fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen…” (Hechos 2).  Ante este escenario no se debe confundir la Reforma Protestante, con la Iglesia Evangélica, ya que la primera elude al hecho de los eventos ulteriores a las 95 tesis.

Mientras que la Iglesia Evangélica, surge a consecuencia de múltiples antítesis de la Reforma Protestante, hasta convertirse en diversas expresiones del cristianismo, pero con una doctrina centrada en la Biblia y en el evangelio cuadrangular, tomando algunos postulados de Juan Huss, Martín Lutero, Ulrich Zwingli, Juan Calvino, y Jacobo Arminio. Sin embargo, en ese mismo contexto surgieron movimientos seudo-cristianos que evidentemente tenían como base la exaltación del hombre sobre Dios, enfocados en filosofías huecas de hombres amadores de sí mismos, que hasta el día de hoy siguen propagando falsas doctrinas.

En suma, la Iglesia Evangélica centrada en la persona del Señor Jesucristo y en la Biblia como base de autoridad moral de la humanidad, revolucionó de tal manera que ha contribuido de forma invaluable en la formación de valores a los ciudadanos, en que las personas que profesan el cristianismo convivan de forma pacífica. También ha contribuido en incrementar la tasa de alfabetización, abriendo las puertas a la literatura, educación, ciencias, y artes.

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra. (2 Timoteo 3:16-17).




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