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Editorial & Opinion

La reforma protestante

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sábado 28, octubre 2017 - 12:00 am

El inicio de la reforma protestante surge en el año 1405 con Juan Huss, uno de sus precursores, alentado por las enseñanzas de Juan Wicliffe, pastor de origen inglés, quien predicaba con vehemencia la autoridad de las Sagradas Escrituras y no la tradición de la Iglesia Romana, al tiempo que denunciaba la corrupción y la decadencia moral que había en el clero. Su predicación poderosa lleno de gozo al pueblo; no obstante, provocó una revolución por el conocimiento de la Biblia en un su idioma y no en latín como había instaurado la Iglesia Romana.

De modo que Juan Huss, orientó su predicación contra los abusos que existían en la Iglesia Romana, estableciendo lo siguiente: Si un papa, obispo o prelado se encuentra en estado de pecado mortal, no sigue siendo papa, obispo o prelado. La gracia del Señor Jesucristo, es el lazo que une indisolublemente al cuerpo de la iglesia y a cada uno de sus miembros con la cabeza. Si un papa es malo o, incluso, abyecto, entonces es, como el apóstol Judas, un diablo, un ladrón y un hijo de la podredumbre.

Es decir que la predicación de Huss, basado en las sagradas escrituras era incómoda y molesta para la Iglesia Romana. Por esta razón fue excomulgado y luego procesado por el clero adonde acudió con un salvoconducto del emperador Segismundo; una vez allí, se negó a retractarse de sus ideas y fue quemado en la hoguera por la Iglesia Romana.

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Un siglo más tarde, se produjo un sisma en la Iglesia Católica, debido a numerosas acusaciones de corrupción eclesiástica y falta de piedad religiosa; en ese sentido, Martín Lutero predicó contra las indulgencias, dado que era una estafa y un engaño a los cristianos con respecto a la salvación de sus almas. En 1517, Lutero clavó en la puerta de la iglesia de Wittenberg sus 95 tesis, en las que esbozó que el hombre solo puede alcanzar la salvación por la fe en Jesucristo y no en la iglesia, reconociendo solo dos sacramentos: el Bautismo y la Santa Cena.

Lutero, introdujo que la Biblia es la única fuente de verdad divina y debe traducirse al idioma autóctona de cada pueblo. Así mismo dijo que no se necesita de un sacerdote para interpretar la Biblia, dado que Dios ha dado libre albedrío al ser humano. Rechazó las jerarquías religiosas y celibato. En síntesis, estableció, solo fe, solo escritura, solo gracia, solo a través de Jesús hay salvación, solo a Dios sea la gloria


En consecuencia, la Reforma Protestante toma auge en el renacimiento y la invención de la imprenta que encendieron las críticas hacia la Iglesia Católica Romana, sobre la corrupción e hipocresía del clero en general, la ignorancia y la ambición de poder temporal de los Papas. Estas críticas fueron hechas por Lorenzo Valla, en la Italia del siglo XV; Erasmo de Rotterdam, en los Países Bajos; Juan Colet y Tomás Moro, en Inglaterra; Johann Reuchlin, en Alemania.

Estos personajes buscaron conciliar el movimiento racional con el mensaje de las Escrituras, y criticaron algunas prácticas de la Iglesia Católica. Estos cuestionamientos de los filósofos y teólogos fueron la base de los movimientos religiosos reformistas de Martín Lutero en Alemania y de Juan Calvino en Suiza, los cuales abogaban por la Biblia como fuente de toda autoridad religiosa.

A partir de la “Reforma Protestante” el mundo no volvió a ser igual, debido a que todos los pueblos civilizados han tenido acceso al conocimiento de las sagradas escrituras sin limitaciones, y pueden conocer de primera mano la voluntad de Jesucristo, sin estar atados al monopolio religioso. En suma, la Biblia es indestructible. El Salmo 110:89 dice: “Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos”. La Biblia es el libro más vendido y traducido en otros idiomas y dialectos.

Es verdaderamente sorprendente cómo el contenido de la Biblia es vigente, ya que su mensaje es aplicable a todos los tiempos. De modo que si las autoridades de El Salvador, decidieran colocar la Biblia como modelo de orientación de valores y a Jesús como autoridad moral, estoy convencido que las nuevas generaciones de jóvenes no serían violentas. Y si el país entero se arrepiente y se convirtiera de sus malos caminos, Dios oiría desde los cielos, perdonaría y sanaría a El Salvador, de la plaga de la violencia.




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