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Editorial & Opinion

La sinergia política y las “nuevas ideas” (I)

Aldo Álvarez / Abogado y catedrático

jueves 2, noviembre 2017 - 12:00 am

Durante largo tiempo como analista político y crítico de la realidad nacional, he sido implacable en mis señalamientos contra la torcida forma de actuar de la llamada “partidocracia”, en el sentido de esa malsana costumbre de intentar cooptar la institucionalidad del país para sus propios intereses. Lo fui y lo sigo siendo, principalmente por mis convicciones democráticas y mi visión del Estado de Derecho, de eso no hay duda.

Manteniendo siempre mis posturas sobre la “partidocracia” y sus perniciosos efectos sobre el sistema democrático del país, no obstante tengo que concederle algo al actual sistema de partidos en el país –que muchos califican como bipartidismo, pero desde la teoría política más selecta, es más bien un multipartidismo polar-, y eso es que ha impedido la supra fragmentación de las expresiones partidarias, el aparecimiento y desaparecimiento de “tiendas” partidarias de conveniencia exclusiva para períodos electorales, en fin, de que el sistema de partidos no tenga una continuidad en el tiempo y que se convirtiera en una especie de “festín” partidario adonde surgieran y murieran partidos “de la noche a la mañana”, en forma exprés –como ha ocurrido tristemente en Guatemala por ejemplo– prácticamente de la nada, con financiamiento oscuro la mayoría de las veces y bajo los auspicios de intereses espurios que poco o nada tienen que ver con el interés de las mayorías. Con todo y mi crítica mordaz a la “partidocracia” criolla, lo antes señalado se lo tengo que conceder e incluso hasta agradecer –en términos muy laxos claro está-.

Lo anterior no obstante no es óbice para que no se pueda criticar de forma frontal y directa el papel “torcido” de la “partidocracia polar”, puesto que si bien es cierto como dije ha impedido la súper fragmentación partidaria en el país, también se ha convertido en un lastre para realizar los grandes cambios en el sistema político del país que democratizarían en mucho la participación y la postulación política, que llevara nueva y renovada generación de relevo a la clase política nacional y con ello, la lógica y natural nueva conformación de ideas ¿Pero ideas sobre qué y para qué?

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Ocurre que si bien la “partidocracia” es un lastre para las grandes reformas políticas en el país, su demolición no es tarea fácil en un contexto adonde el propio sistema político funciona para beneficio de sus intereses, pues el hecho que los representantes legislativos para el caso tengan poca representatividad a la hora de ser electos, implica que la “partidocracia” se beneficia de gran forma de la baja concurrencia a las urnas, pues quienes sí concurren y en forma disciplinada a ejercer el sufragio, es el llamado “voto duro” y es en buena medida éste quien les otorga los curules en forma mayoritaria a los representantes legislativos. En consecuencia, una mudanza en esta mecánica de votación es contraproducente a los intereses de los grandes partidos, por lo que su modificación no es de “conveniencia” para nadie, por lo que la reforma política que de alguna forma vuelva más incluyente la participación de más electores en forma masiva o que de alguna manera permita una mayor participación pluripartidaria real –más allá de la mera posibilidad de postulación de partidos políticos- en términos de equitativa participación en medios por ejemplo, se vuelve para sus intereses simplemente inaceptable, intolerable e imposible de aceptar, aunque ello implique un retroceso en la evolución democrática de nuestro sistema político.

Con todo este “paisaje” así planteado, surgen “liderazgos” –o pseudo liderazgos- con muchas “ideas nuevas” sobre el sistema político nacional y sobre el funcionamiento de la llamada “partidocracia”, cosa buena pareciera de inicio, pero con poca inteligencia política frente a la realidad de la realidad partidaria nacional. El sistema político y electoral en este país es una especie de cerrojo inviolable casi que por aquellos que no hayan convertido en una especie de “máquina electoral”, pues el mismo está basado en la desconfianza mutua y en la “defensa férrea” del voto, a tal punto que nuestro sistema electoral es tan atrasado en este respecto que válidamente se puede “perder en las mesas de escrutinio lo que se pudo haber ganado en las urnas de votación”, triste decirlo, pero verdadero.


Las “nuevas ideas” consideran que este cerrojo se puede “romper” desde la “base social” y de ahí hacia el desmantelamiento de la “partidocracia” en el país, cómo si eso fuera cosa simple y automática. Se van a topar las “nuevas ideas” que no es tan simple y automático transformar “likes” en votos…




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