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lunes 16, mayo 2016 | 2:35 pm

LA ÚLTIMA CENA

Por:  Juan Glower1

La exposición titulada La Última Cena, la cual debió haberse llevado a cabo el 28 de Abril,  fue cancelada, suspendida y censurada por poderes invisibles que aún no han dado la cara, se rumora que la autorización de la censura e impedimento llegó de Casa Presidencial, donde abundan los advenedizos con poder suficiente para poder girar tal autorización. Aun así, solo podemos especular la razón de ésta absurda y ciega orden, ciega dijimos pues obviamente no alcanzaron a ver lo que hacían.  Se ha interpretado ésta fatal censura como una medida de bloquear el supuesto endiosamiento del sector que componen los grupos que se revuelcan en los vicios sociales, o como los bautizara Marx ”Lumpen”: las maras, crimen organizado y políticos corruptos entre otros, pero ni un ciego podría inferir tal disparate, si la obra expuesta es, en algunos casos,  testimonial, y este testimonio más que glorificar, los denuncia como seres del submundo, que el estado ha aceptado como parte de la sociedad.  Ahora que les han declarado la guerra a las maras, haberles dado un protagonismo en una exposición solo a los ciegos de pequeñísimo cerebro se les puede imaginar que se les están glorificando.

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Lo extraño es que la  titular de la Secretaria de Cultura de la Presidencia escribió en el catálogo de la mencionada exposición, que dicha Secretaría “muestra su apoyo a la libertad de expresión” al avalar la exposición.

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Vemos que  algo anda terriblemente  mal en los corredores del Poder Central, cuando intereses mezquinos se interponen a la opinión pública y a los derechos de los artistas y público en general, actuando de una forma secreta y absurda que nos recuerdan los cuerpos de represión de los regímenes opresivos y anti democráticos de peor calaña, sobre todo cuando se escudan tras el  silencio y el Poder.

Toda esta manipulación por fuerzas oscurantistas, no dio resultado, ya que la exposición se llevó a cabo en la misma noche, en la calle, Avenida Rossevelt.

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Donde el público llegó a apoyar y le brindó todo su respaldo a los participantes y organizadores, se puede decir que el tirito les salió por la culata porque así como finalizaba este escrito, la Secretaría de Cultura de la Presidencia saca un comunicado, en el cual le tira flores a los expositores y organizadores y supuestamente explica que la suspensión se debió a reparaciones de la estructura de La Sala Nacional de Exposiciones, nos recuerda la misma excusa del arzobispo Escobar cuando destruyó el símbolo de identidad nacional de la catedral, que era el magnífico mural de Fernando Llort. Hasta el momento varios de los artistas comentaron de que: “porque se actúa sin pensar” “que ya el daño estaba hecho”, “que se había resuelto en la calle”, “que la inauguración había tenido que ser en la calle”. Me parece que por todas estas razones la exposición quedó acéfala y nos confirma que en los pasillos de Casa Presidencial se deslizan personajes con dudosos intereses.

Tenemos que agregar que así como la obra de la última Cena fue censurada, así también fue acogida por todo un público que estaba más que asombrado por la obra y por la censura,  cabe añadir que la Universidad Nacional adopta como propia la injuria e invita a los artistas a participar en una exposición en la pinacoteca de la Universidad.

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Es pues, en la pinacoteca Roque Dalton que la obra es finalmente expuesta ante el asombro de los asistentes, que en su mayoría eran estudiantes  de la universidad, así como una cantidad de allegados e interesados.

Se repite la historia convirtiendo a la Universidad Nacional en el bastión de los derechos de los oprimidos, de los censurados.

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Se tiene que añadir la leyenda del Poeta Rebelde, Roque Dalton, quien sigue de alguna manera ofreciendo su sombra protectora a todos los perseguidos.

Hay que puntualizar de que todo éste éxodo de obras de arte nos recuerdan a nuestros hermanos lejanos que ya tienen algo en común, ambos han sido convertidos en diásporas, uno por la secretaría de cultura de la presidencia y otros por un sistema económico absurdo.

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