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Editorial & Opinion

Lágrimas amargas para la primera línea de defensa de la sociedad

Ricardo Sosa / Especialista en Seguridad

lunes 19, junio 2017 - 12:00 am

“Hubiera querido estar allí para defender a mi viejo” lapidaria frase que exclamó el elemento de la Corporación Policial al encontrar el cuerpo de su padre de la tercera edad cruelmente y cobardemente asesinado esta semana; adicional nueve familiares más de primer grado han sido blanco y víctimas de la violencia homicida en los primeros catorce días del presente mes. Las funerarias están con alta ocupación brindando servicios para los familiares que desean despedir a su ser amado.

La semana pasada he asistido a la velación  de una persona y fue trasladado de una funeraria a otra del mismo grupo debido a que la primera donde le correspondía estaba colapsada. Todos ellos forman parte del 60 % de los salvadoreños que son asesinados en nuestro país que no tienen ningún vínculo con crimen organizado o estructuras de pandillas ya que el total relacionado a estas estructuras es entre el 35-39 % no más por lo cual se descarta que “la mayoría de salvadoreños son por casos relacionados a pandillas o que se están matando entre ellos”. Las estadísticas tanto de la PNC como del IML respaldan por medio de las pesquisas en la escena del delito y las primeras investigaciones.

Hasta este día han sido asesinado ya más familiares que miembros de la PNC y FAES, una estrategia muy bien articulada ya que los criminales saben que sin son capturados, en via de investigación, serán enviados automáticamente al penal de Zacatecoluca como parte de las medidas extraordinarias bajo condiciones muy duras, por lo que ahora sus objetivos son sus familias que se encuentran desprotegidas en los territorios que dominan y controlan en lugar del estado golpeando directamente la mente y el corazón de los elementos PNC y FAES generando, sin lugar a dudas, un impacto directo en la moral y que es muy peligroso que se pueda alimentar el deseo de venganza.

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Pensemos por unos minutos la presión de nuestros policías y soldados llegan de labores extenuantes de las medidas extraordinarias, cansados, con deseos de abrazar a sus esposas e hijos y compartir con sus padres y encontrarse con estas escenas dolorosas que únicamente quieren intimidar y causar un golpe anímico, aumentando el estrés postraumático y generando frustración ante la impotencia.

El mensaje principal es para el Estado, no estamos derrotados, ni débiles, continuamos con nuestro proyecto criminal transnacional. Y como en la tregua pasaron a la generación de la etapa política envían sus mensajes queriendo someter al estado salvadoreño una vez más.


En otros países cuando se asesina a un policía o un militar todo el poder coercitivo del Estado se vuelca  a protegerles y en nuestro caso esa protección debe de incluir a sus familiares. Los criminales saben en qué trabajan y dónde viven, usen o no el gorro pasamontañas, ya que conocen su territorio y a qué se dedica cada uno de sus habitantes.

Por años, he sugerido que gobiernos faciliten líneas de crédito blandas en alianza con el sistema bancario para que a los policías y militares se les brinde facilidades a líneas de crédito hipotecario para que puedan tener acceso a viviendas diferentes a las líneas tradicionales del FSV, que la mayoría de sus proyectos son de vivienda mínima y en espacios geográficos controlados por pandillas y estructuras criminales, para la banca una persona que trabaja en seguridad es trabajo de alto riesgo y limita sus opciones, ya que pensar en colonias exclusivas para ellos a corto plazo no es factible, esto reduciría las posibilidades de ataques ya que ellos podrían habitar zonas más seguras para ellos y sus familias trasladándose de inmediato.

Es urgente trabajar en la salud mental de nuestros policías y militares y que el estado busque los mecanismos de protección para ellos y sus familias, pero ha pasado una quincena y continuamos esperando la reacción.




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