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Editorial & Opinion

Las elecciones del domingo

Roberto Meza / Colaborador

viernes 9, marzo 2018 - 12:00 am

Pocas veces los ciudadanos hemos tenido tanta responsabilidad en nuestras acciones, como nos tocó el domingo. Las elecciones fueron la oportunidad para cambiar el rumbo del país, darle un viraje a la política, restablecer la confianza en las instituciones, renovar la Asamblea Legislativa, fortalecer la democracia, afianzar la paz y comenzar a superar el hastío colectivo de la corrupción, lo que nos puede abrir el camino a volver a ser un país serio.

Se decidió, además de cómo queda conformado el órgano legislativo, qué partidos sobreviven y cuál será el apoyo político que tendrán los candidatos a la presidencia. En las elecciones se estaba jugando si los candidatos del partido ARENA, como Javier Simán, lograrán una votación importante, pues se demostraba con ello, que no se puede transformar su popularidad en votos para sus seguidores y no tiene respaldo político para gobernar. Lo mismo le sucede a Calleja, si los candidatos a diputados que lo apoyan, y que se atribuyen, quizás por exceso de auto-indulgencia, no obtuvieron el domingo un número de votos que corresponda a lo que están registrando las encuestas.

Gerson Martínez podría haber detenido la tendencia descendente de su candidatura si hubiese aumentado la opinión a favor y superase la que está en contra y si la votación a favor de candidatos a diputados del FMLN que lo acompañan, se equipara a las que obtendrá el Frente o los partidos que figuran con mayor probabilidad de obtener votos en las elecciones del 2019. En estas votaciones se estaba jugando el futuro de la paz y posiblemente el del clientelismo, que puede estar próximo a entonar su canto del cisne.

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El FMLN no tuvo en esta ocasión la fuerza que logró en las pasadas elecciones, porque sus jefes han perdido parte del lustre y el carisma que les permitieron crear de la nada un partido relevante y porque han dejado que sus seguidores consigan sus propios votos. Esto podría debilitar el partido, si la gente vota por ellos. En cambio el Partido ARENA ha obtenido un caudal considerable de votos y sus candidatos a la primera magistratura están invirtiendo todo su talento político para que se mantenga esa posición.

Sin duda lograrán su objetivo, sin despertar el entusiasmo en la base ni mover los votos que estimulaban las banderas rojas del partido que hoy agitan los seguidores del ya mencionado Gerson. Él es ahora depositario de los ideales y la vocación popular. Al mismo tiempo, dentro del partido parece estar operando una quinta columna que trata de desviar a los futuros asambleístas para que apoyen a Óscar Ortiz.


Si esto ocurre, es porque existe una disonancia que debe resolverse a muy corto plazo y consiste en que el candidato del Frente no tiene maquinaria, pero es el personaje político que cuenta con la mayor aceptación. La maquinaria del partido, por el contrario, carece de prestigio y la mística que le sobra al candidato podría devolverle al FMLN parte de la figuración e importancia que tuvo. Si el candidato a la presidencia y los candidatos a diputados actuaran coordinadamente, podrían poner a trabajar juntos el prestigio, el favor y los votos.

Mientras esto sucede, todos los votantes pueden hacer libremente que en las consultas de la derecha o de la izquierda inflar o desinflar a Calleja o a Simán, que hoy encabezan las encuestas. La campaña presidencial comenzará a decidirse esta misma semana.

Son muchos los desafíos éticos que nos plantea el momento presente y debemos comenzar a resolverlos, vencer la profunda fractura social; devolver la magnanimidad a la Justicia; garantizar la plena vigencia de los derechos humanos; pagar la deuda contraída con miles de víctimas y reformar el modelo de economía que practicamos.

Pero quizás el reto mayúsculo es liberar la política, secuestrada en manos de malos políticos; blindar los procesos electorales de las influencias dañinas de los contratos estatales y fortalecer la capacidad del Estado para sancionar a los inescrupulosos.

Es el momento de convertir el escepticismo en acciones concretas para salir adelante. Hay que actuar a conciencia y libremente para construir un nuevo mañana de equidad, justicia social, seguridad y convivencia, pero sobre todo de pulcritud y valores éticos que consoliden el espíritu democrático, fruto de un consenso político que hoy no existe.

El Salvador sufre una bancarrota ética. El humo de la guerra no dejaba ver la corrupción. Derrotar ese monstruo exige un compromiso colectivo. La ética no la venden en los supermercados, ni los grandes cambios los hacen los superhéroes. La primavera de la transparencia que se debe generar la harán ciudadanos decididos a ponerle fin pacíficamente, a un pasado de ilegalidad, solidaridad ausente, apatía y exclusión que ha dominado a las mayorías durante décadas. Les invito a vencer el escepticismo. No hay razones para no ser parte del futuro. La democracia nos llama a defenderla. De todos depende que se celebre una enorme victoria contra la apatía y la corrupción.




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