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Editorial & Opinion

Las elecciones en Costa Rica

Carlos Manuel Echeverría Esquivel / Consultor, exdiplomático costarricense.

sábado 24, febrero 2018 - 12:00 am

Me han motivado algunos amigos salvadoreños para que escriba sobre el proceso electoral en Costa Rica, actualmente en desarrollo. Lo hago con gusto, pues de alguna forma u otra, la experiencia costarricense puede ser válida para los salvadoreños, como la experiencia salvadoreña lo es para Costa Rica, cual es el caso del “voto por rostro” por ejemplo, un rubro donde El Salvador marcha a la vanguardia a nivel mundial.

Desde lo que podríamos llamar la Costa Rica moderna, a partir del punto de inflexión que fue la llamada “Revolución de 48 (1948)”, en defensa de la pureza del sufragio, como derecho sagrado, se han realizado en Costa Rica con la del 4 de febrero recién pasado, 18 elecciones presidenciales y legislativas, ambas en la misma fecha y cada 4 años. Durante poco más de tres décadas, hasta el 2003, estuvo prohibida constitucionalmente la re-elección y solo dos presidentes han sido re-electos.

El proceso electoral como tal se cumplió casi con perfección, tanto antes como durante el día de la votación y en la noche de ese día, cuando a las 10 pm, ya se sabía que candidatos a la presidencia y sus dos candidatos a la vicepresidencia, pasaban a la segunda ronda. Los resultados fueron bien recibidos, sin la más mínima protesta, sin pérdida de vidas, ni heridos por agresión. Un proceso ejemplar que denota instituciones sólidas y confiables, con una ciudadanía que les tiene fe. Si hubo desilusión en el partido de mayor trayectoria, el Partido Liberación Nacional, el que fundó don José Figueres Ferrer en 1949, cuya papeleta quedó fuera de la segunda ronda, posiblemente por un error cometido durante la pre campaña, que enajenó al grupo perdedor. En Costa Rica, para ganar en primera ronda se requiere un 40% de los votos emitidos. Eran 13 candidatos, con diversa orientación ideológica. Solo 5 llegaron a un 10% de quienes votaron.

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El primer lugar lo obtuvo luego de un sorpresivo y vertiginoso crecimiento en el último mes, el candidato del Partido Restauración Nacional (PRN), conservador en su pensamiento, con una base evangélica de más o menos el 7% de los votantes decididos, según las encuestas previas. Al final del proceso, el candidato del PRN, Fabricio Alvarado, obtuvo el 25% de los votos emitidos, basando su crecimiento vertiginoso, se creé, en que además del voto evangélico, se le acercó el del catolicismo conservador, motivado por una opinión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, con sede en el país, solicitada por el Gobierno de Costa Rica, vinculada a los derechos de la comunidad LGBTI, que no gustó a los católicos conservadores. Es posible que muchos votaran por la papeleta del PRN, desilusionados con la clase política adherida principalmente a los partidos tradicionales y al de Gobierno, el Partido Acción Ciudadana (PAC), éste último sin embargo, llegando en segundo lugar con 22% de los votos, demostrando la fuerza del PAC y de los grupos progresistas defensores de los derechos humanos de las minorías. Ambos, el candidato Carlos Alvarado, del mismo apellido de Fabricio aunque no emparentados, son jóvenes en sus 30s.

Donde el proceso electoral falló, fue en el abstencionismo, que alcanzó 34.34% en total, llegando en las 3 provincias con mayor pobreza en el país, donde el PRN ganó,  a cifras entre 40.77% y 44.55%. En el 2014, el abstencionismo llegó a 31.8% en la primera ronda, en el 2010 a 30.91% y como referencia, al 18.9% en 1994. En la segunda ronda del 2002 llegó a 40% y en la del 2014 al 43.16%. Muchos analistas dicen que este fenómeno de un creciente abstencionismo es propio de las democracias maduras; este servidor piensa que es inconveniente el no revertir esa tendencia, que parece estar ligada a una evidente desilusión con la clase política costarricense, así como a una gran parte del electorado, que no está informado sobre los temas políticos propios de la gestión del Estado o que no tiene interés en ellos. Puede ser también producto de fallas en el sistema educativo, que no potencia adecuadamente los valores cívicos.


Así está la situación en Costa Rica ahora, con la elección final el próximo 1 de abril, Domingo de Resurrección, fecha difícil para votar. Cualquiera de los dos puede ganar: un candidato y su novel partido y dirigencia de inspiración evangélica, que se encontró de la nada a las puertas de una presidencia; el otro, del partido de gobierno, con una base fuerte, pero no suficiente para ganar, despreciado por una parte importante del electorado. La lucha por los votos de los otros partidos y de los que no votaron en la primera ronda, será durísima, con el futuro de Costa Rica de por medio.




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