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Editorial & Opinion

Las lecciones del caso Saca

Rafael Domínguez / Periodista

miércoles 15, agosto 2018 - 12:00 am

El juicio Saca, al margen de su culpabilidad, debemos verlo como un proceso de aprendizaje, tan costoso como lo defraudado y manoseado en las cuentas de Casa Presidencial, pero importante en la lucha contra la corrupción. $301 millones movilizados desde la voluntad y mano del expresidente nos revelan la accesible y dadivosa estructura gubernamental para la corrupción, porque eso es lo que se ha podido apreciar, un sistema, una estructura hasta con manuales incluidos para utilizar el dinero público desde el cargo administrativo más importante del gobierno nacional.

El manual de gastos, las leyes y la “tradición” han sido utilizados en Capres para llenarse los bolsillos; es como un premio para el que llega, una gaveta de gastos con “refill” de la que no hay que dar explicaciones, tal vez algunos sustentos contables básicos o como lo hizo Saca, con su sola determinación se abrió paso a gastarlo en lo que fuere necesario incluso su propio beneficio.

La impunidad es el complemento en este caso, no solo porque se sabía que se estaba tomando dinero ilegalmente, sino porque el sistema de impunidad lo respaldaba; no habría fuerza o interés incluyendo el de los “contrarios” políticos para detener la estructura ya que como parte de la “tradición” ésta también se hereda y si fue bueno para ti lo será para mí; así, esta fuente de recursos nadie apuntó a cerrarla, investigarla o cuestionarla, al contrario, se han venido perfeccionando los procesos para tratar de mantenerla y usarla.

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Con base a lo anterior, lo que he aprendido es que los gastos “discrecionales” o “reservados” de la presidencia son el botín por el cual se vuelve interesante ser candidato o colocar un presidente, comenzando porque el sueldo real del gobernante no es más que el de un gerente de una mediana empresa, es un sueldo que no sustentaría los gastos que luego vemos estos personajes hacen; es decir, que de antemano ya se sabe que el sueldo no será la paga principal, pero el que llega a la silla sabe que tampoco todo es para él, que ese dinero debe repartirse, debe servir para manejar la “gobernabilidad” que no es más que pagar el servilismo y/o comprar las voluntades de aquellos que no se alinean inmediatamente. La caja “chica” pero inmensamente grande que se le provee al presidente en este sistema es también su garantía para comprar fidelidad, imagen, mantener su populismo y popularidad, es como lo ha mostrado el caso Saca: una licencia para gastar como lo haría un rey.

También me queda claro que las cuentas “de uso discrecional” mueven la banca y tienen poder para violentar principios y/o legalidad, que nadie quiere pelear con ellas y que la firma de esa chequera hace que otras personas e institucionalidades se quebranten, sin importar si son privadas o públicas; que los dólares que salen de Capres no solo llevan el poder verde de su valor, sino el respaldo de ser bien visto o aceptado políticamente en el futuro.


Estas cuentas y estos fondos he aprendido son aceptados por todos, puesto que existen desde la creación misma del Estado, el presidente saliente capacita al entrante y le entrega la maquinaria de uso discrecional que sostiene la política nacional; este botín fue creado como el premio de la gesta electoral: una vez ganado el puesto nadie objeta el premio y el uso que se haga de él porque al final todos ganaran algo.

Las instituciones que custodian el gasto público funcionan pero con un límite, el mismo que limita a los ciudadanos a entrar a Capres, un portón en el que no se entra sin permiso y una vez adentro se hace lo que el presidente dice, no lo que la ley dice; por eso la lección importante viene de la Corte de Cuentas, de Hacienda, del Tribunal de Ética, del BCR, etc…que son entidades al servicio del reparto y no de la legalidad.

Sin duda no hay que ser un genio financiero para gastar y usar las cuentas reservadas, solo hay que llegar al cargo y por derecho propio gastarás; nadie hará preguntas, nadie hará auditorías, nadie se interesará en cuadrar los gastos y los ingresos, y menos en corroborar la calidad del gasto; no hay licitaciones, mucho menos explicaciones y tampoco riesgos; nadie se preocupa si ese dinero genera ganancias o pérdidas y menos si las ganancias son para el presidente, sus secretarios, sus familiares y hasta sus amigos; ahora entiendo también por qué constitucionalmente el Vicepresidente es un adorno y un cargo sin poder, porque solo hay gasto discrecional para el primer lugar.

También he aprendido que la verdad siempre paga y en este caso le dio rédito al expresidente, pues de posibles 30 años de condena solo recibirá 10 y en todo caso unos  menos si se porta bien; paradójico si uno tiene claro que para ser “alguien” en la política salvadoreña la primera fortaleza está en “saber mentir”; igualmente me queda claro que lo gastado, usado y manipulado de la cuenta de gastos reservados es solo un pelo en la cola del gato, comparado a la corrupción en el reparto y manejo de los miles de millones del presupuesto general, donde no hay recibos por “comisiones”, no hay pagos en cheques, ni depósitos en la banca, solo bolsas negras, bolsas de papel o sobres de manila pero de eso por ahora no se habla.

Finalmente he aprendido que si sos corrupto y te capturan, estás por tu cuenta, nadie te dará apoyo y hasta negarán que te conocieron, tu historia será borrada y solo tú responderás por tus actos, aunque el dinero haya sido repartido entre diputados, amigos, fiscales, partidos políticos y más.




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