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Editorial & Opinion

Las mentiras dan flores, pero jamás darán frutos

Sherman Calvo / Publicista

viernes 18, agosto 2017 - 12:00 am

El socialismo del siglo XXI es una bola de mentiras que rueda cuesta abajo, según artículo publicado en Diario El Comercio, desde que Hugo Chávez apareció con un discurso político que era un torbellino de palabras; un revoltijo de verdades y mentiras, ilusiones y alusiones, insultos y amenazas, ofertas y groserías; desde que se advirtió que este discurso era eficaz y congruente con modelos autoritarios, fue reproducido por todos los populismos de la región que convirtieron sus sistemas de comunicación en departamentos de publicidad.

El socialismo del siglo XXI se especializa en el ocultamiento de la verdad con cláusulas confidenciales y acuerdos secretos, denunciando con porfiada constancia golpes de Estado, tentativas de magnicidio, complots internacionales, sin presentar nunca la más mínima prueba. Perfeccionó la mentira maquillando cifras, cambiando las normas de medición, inventando la realidad y desacreditando a los disidentes.

Ahora que la franquicia chavista se viene abajo en todos los países, las mayorías ciudadanas -que han perdido la fe en el discurso populista- tienen por delante la compleja tarea de sepultar la mentira política y recuperar la verdad. No es tarea fácil porque la verdad como palabra es frágil, siempre puede ser atacada por el mentiroso, más aún cuando la falsedad viene organizada desde foros multinacionales.

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Los hombres de bien se han preguntado siempre en dónde reside la fragilidad de la verdad, por qué el engaño parece fácil y tentador. Hannah Arendt nos da las claves en un libro recién reeditado, Crisis de la República: “Las mentiras resultan a menudo más plausibles, mucho más atractivas a la razón que la realidad misma, dado que el mentiroso tiene la gran ventaja de conocer de antemano lo que su audiencia desea o espera oír”.

Los experimentos totalitarios utilizaron muchos recursos exitosos, pero el engaño permanente no figura entre sus logros. Siempre se llega a un punto en el cual la gente para sobrevivir tiene que marcar la línea divisoria entre la verdad y la mentira. “En la política las patas son largas. La verdad es más difícil de distinguir. “Nada es blanco o negro, sino con infinitas tonalidades de grises”. Ricardo Trotti, director ejecutivo de la Sociedad Interamericana de Prensa.


El presidente Nicolás Maduro retrata lo que es la mentira en política y demuestra que es inválido aquel adagio sobre que “la mentira tiene patas cortas”. Los políticos en el poder usan propaganda para que los engaños se confundan con verdades y maniatan a la justicia para que los delitos se barajen como simples problemas éticos. En la política la verdad es más difícil de distinguir. Propaganda, negociaciones, pago de favores, encubrimiento y falta de transparencia, sirven para disfrazar los hechos, confundir a la opinión pública y evitar que la justicia actúe con claridad y rapidez.

Existe una regla muy fácil de medir en la política. La inversión en propaganda es directamente proporcional a la cantidad de mentiras. En Venezuela, Nicolás disfraza su prepotencia con propaganda y clientelismo. Miente mucho y termina siendo cada vez más autoritario para poder defender sus realidades inventadas. Fantasea éxitos de una revolución inexistente para aferrarse al poder; las tiranías como la de Maduro no suelen medir las consecuencias mientras tienen el poder, y cuando lo pierden y se sienten acorralados, terminan con la paranoia típica de los que se creyeron sus propias mentiras. Acusan a todos de perseguirlos, así sean opositores, arrepentidos, periodistas o jueces.

Por fortuna para la política, a las mentiras de patas largas se le antepone aquella frase del célebre Abraham Lincoln: “Se puede engañar a parte del pueblo parte del tiempo, pero no se puede engañar a todo el pueblo todo el tiempo”.




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