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Editorial & Opinion

Las mentiras del socialismo (II)

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios

sábado 9, diciembre 2017 - 12:00 am

Es evidente que el Socialismo del Siglo XXI, tal como lo han entendido y desarrollado países como Venezuela, Bolivia y Nicaragua, y en su momento Argentina, Brasil y Ecuador, no tiene nada que ver con las ideas del Socialismo del Siglo XXI, establecido por Heinz Dieterich Steffan. Steffan determinó un modelo de Estado cuya inspiración era la filosofía y la economía marxista, y que se sustenta sobre cuatro pilares: el desarrollismo democrático regional, la economía de equivalencias, la democracia participativa y las organizaciones de base.

Dieterich aplicó sus teorías en la Venezuela chavista, siendo asesor de ese país hasta 2007, luego cayó en desgracia para el régimen, debido a que Hugo Chávez se salió del cauce original e hizo una mezcla con el neoliberalismo, tal como lo ha demostrado el proceso concesionario de Venezuela, donde unos cuantos empresarios afines al régimen se han enriquecido por la explotación de los recursos públicos.

Ahora bien, ningún país en el mundo que se dice ser socialista vive y respeta los postulados del verdadero socialismo, a excepción de aquellos países europeos que han reivindicado los derechos de sus ciudadanos, dado que han proporcionado mayor bienestar a más personas por un periodo de tiempo más largo a través de la socialdemocracia.  Pero cuando volvemos la vista hacia Venezuela el panorama cambia, debido a la miseria, falta de oportunidades, carencia de bienes de consumo masivo, hiperinflación, hospitales públicos sin medicamentos; las personas se están muriendo de hambre, entre algunos males.

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Entonces, ¿cómo puede ser posible esto? Si Venezuela posee una de las mayores reservas de petróleo del mundo, ha sido considerada uno de los países más ricos de Latinoamérica y una potencia en la producción de bienes y servicios. De manera que su declive económico tiene que ver con el debilitamiento del sector productivo y el mal manejo de los recursos públicos que han realizado personas en nombre de la revolución y en nombre del Socialismo del Siglo XXI; sin embargo, de revolución y socialismo no tienen nada, solo el eslogan: sus prácticas son tan salvajes como el capitalismo más atroz.

Todo ello se comprueba, ya que no han podido darle cumplimiento ni a lo básico del socialismo, aunque Dieterich les explicó que tenían que apostarle al “desarrollismo democrático regional”. No obstante, hicieron todo lo contrario: se pelearon con todos aquellos países que no estaban de acuerdo con los atropellos a los derechos humanos que ha hecho el régimen. Asimismo, debilitaron las instituciones en Venezuela, garante del Estado de Derecho. Tanto así que la libertad de expresión y la democracia, como ellos la conciben, ha quedado reducida a los que ostentan el poder, pero fuera de ellos son traidores y oligarcas.


También Dieterich les expuso lo importante que era apostarle a “la economía de equivalencias”, la cual se basa en que todos los ciudadanos tengan recursos equitativos, que se sustentan en bancos de tiempo; es decir, que la hora es equivalente al tiempo de trabajo y todo bien, o el servicio se puede valorar en horas de trabajo invertidas en su producción. Pero en la práctica, esto no ocurre ya que ello lo aplican únicamente al pueblo.

Mientras los que detentan el poder, como Nicolás Maduro y todos los miembros de la argolla de la revolución, viven en mansiones de lujo, manejan camionetas importadas, gozan de seguro médico privado, sus hijos estudian en el extranjero, usan indumentaria de alcurnia y todas sus riquezas están en paraísos fiscales. Pero al pueblo lo mantienen adormecidos con la teoría de la economía de equivalencias, pero nunca los líderes de la revolución tienen ingresos equivalentes a lo que gana el proletariado, ni comerán lo que el pueblo come ni sufren las miserias que vive el pueblo.

Asimismo, Dieterich expuso que un estado socialista debe tener como fundamento “la democracia participativa” y “las organizaciones de base”. Tampoco lo cumplen, porque siempre que someten a elección un referéndum, manipulan la voluntad popular, ya que tienen el control de la institucionalidad electoral. De esta manera, se aseguran el poder por medio del fraude y se mantienen perpetuamente en el poder y ganan las personas que ellos quieren que ganen.

De modo que el socialismo, como lo conciben, está plagado de mentiras, contradicciones en los estilos de vida y adormecen a los incautos que creen que papá Estado les resolverá su vida. Ante ello, es que debemos de estar atentos los salvadoreños que amamos las libertades, para que no se repita lo mismo que en Venezuela.




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