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Editorial & Opinion

Las mentiras del socialismo

Jaime Ramírez Ortega / Consejero legal y de negocios

sábado 2, diciembre 2017 - 12:00 am

Quizá para algunos salvadoreños no ha quedado claro lo atroz y salvaje que ha sido el supuesto modelo comunista o socialista que han instaurado de forma superficial una gran cantidad de dictadores que no solo tomaron el poder, sino que se perpetuaron en él, hasta alcanzar las riquezas necesarias para no volver a la pobreza, incluyendo a su círculo próximo.

Son elocuentes en el discurso y tiene la capacidad de persuadir a las masas, pero cualquier persona con un corto entendimiento sabe que es solo un mensaje repetitivo de antagonismo de clases, pero que está muy lejos de ser comunismo o socialismo.

Dado que el comunismo se define como la “doctrina económica, política y social, que defiende una organización social en la que no existe la propiedad privada ni la diferencia de clases, y en la que los medios de producción estarían en manos del Estado, que distribuiría los bienes de manera equitativa y según las necesidades”; lo cual no es cierto en la práctica, primero, porque la función del Estado es crear las condiciones para que sus ciudadanos se desarrollen en igualdad, pero cuando el Estado toma el rol de juez y parte, de querer producir y manejar esas riquezas, deviene el fracaso del pueblo.

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Porque los que manejan esas riquezas no entienden cómo multiplicarlas, ya que nunca han producido nada, por lo tanto, carecen de inventiva y creatividad en la generación de riquezas. Prueba de ello es que la mayoría de negocios de ALBA han fracasado, incluyendo VECA.  En segundo lugar, las reparticiones de los bienes que produce el Estado no son equitativos ni según la necesidad del pueblo, como lo quieren hacer ver, dado que estos se reparten con la cuchara más grande a un grupito reducido de personas del buen vivir.

Una vez más veamos los estilos de vida de algunos dictadores y presidentes, con su grupo selecto de amigos: Fidel Castro, Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Rafael Correa, Evo Morales, Cristina de Kirchner, Daniel Ortega, Mauricio Funes; todos ellos son acaudaladas que no tenían riquezas antes de llegar al poder, pero ahora poseen colecciones de relojes de lujo, con lo que se le puede dar de comer a toda una familia un año, viven en mansiones, tienen todo a su disposición, ¿entonces será esto una distribución equitativa de las riquezas como lo promueven los socialistas? Claro que no, solo desean el poder para cambiar sus vidas.


No olvidemos la revolución rusa que estuvo a punto de sucumbir por el desencanto del pueblo con la dichosa dictadura del proletariado que sólo les había traído más represión y miseria. Entonces los colaboradores de Stalin, preocupados por la situación, decidieron pedirle consejo para evitar una rebelión popular. Stalin les recibió y, sin mediar palabra, los llevó al patio de su casa. En ese momento tomó una gallina que deambulaba por ahí y procedió cruelmente a arrancarle todas las plumas.

Luego puso la gallina en el suelo y exclamó: “ya eres libre”, pero el ave, con la piel dañada, el alto frío y el dolor causado por el suplicio no hizo otra cosa que pegarse a los zapatos de su torturador, tratando de abrigarse con la tela de sus pantalones. Sin embargo, todos sus colaboradores pensaron que la gallinácea saldría huyendo espantada después del brutal acto. Stalin les explicó que el ejemplo representaba la base del socialismo para controlar a la ciudadanía: “Igual que la gallina, el pueblo humillado se postraría ante él suplicando sobrevivir cuanto más lamentables fueran sus condiciones de vida en un escenario de terror”.

El mensaje de Stalin estaba claro: crear una sociedad sumisa, aterrada y totalmente dependiente del Estado para someterla con facilidad como la gallina desplumada de modo que al oír el discurso del secretario general del FMLN, que desean desplumar a la empresa privada para pasar el modo de producción al Estado, debería de aterrar a todos los salvadoreños que amamos la libertad empresarial, la inventiva, la creatividad, la libertad de expresión y la libre determinación del pueblo a  elegir democráticamente a nuestros gobernantes.

Abramos bien los ojos para que no se repita lo mismo de Venezuela en El Salvador, y estemos prestos para defender la patria con sangre si fuera posible, para no darle cabida a modelos fracasados que donde han estado han producido miseria y hambre.




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