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Editorial & Opinion

Las órdenes de Trump

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador venezolano en El Salvador

sábado 4, febrero 2017 - 12:00 am

No es posible evadir el tema de las Órdenes Ejecutivas (similares a los Decretos Leyes de nuestras legislaciones), firmadas por el presidente Trump sobre el tema migratorio, particularmente la que concierne a países catalogados como fuente del terrorismo islámico. Lista de siete países situados en el Cercano y Medio Oriente: Siria, Irak, Irán, Libia, Somalia, Yemen y Sudán que, directamente, como Estados, gobiernos, están implicados en hechos contrarios al Derecho Internacional. A Somalia, Yemen y Sudán difícilmente no se les pueda catalogar como Estados Forajidos; los otros sostienen una situación interna de virtual anarquía donde pululan soldados y líderes del Califato Islámico haciendo de las suyas, como tantas veces nos ha tocado observar; actos que se catalogan como crímenes contra la humanidad en razón de la religión, sexo, preferencia sexual o nacionalidad. Sin olvidar la destrucción de monumentos históricos que bordean los dos o tres mil años de antigüedad, que fueron patrimonio de la humanidad, y no de cual o tal etnia o religión. Irán es otra consideración, pero, igual, proclamado como Estado confesional, viola los Derechos Humanos de su propio pueblo, amenaza con desaparecer del mapa a la nación israelí, no oculta su ambición por poseer armas de destrucción masiva, ni su apoyo a los grupos fundamentalistas palestinos.

Los destinatarios de estas primeras Órdenes Ejecutivas del presidente Donald Trump, fueron incluidos previamente por la administración Obama en una lista de países terroristas, y sobre ella se basó la decisión migratoria que ha desencadenado tanta revuelta. Y la Europa, la mediatizada y rendida Europa en manos de los Podemos de turno, igualmente ha sufrido los embates del terrorismo islámico en su propio territorio. Mas, ya es tarde para ellos, ya perdieron la batalla por la civilización, entregados al “buenísmo”, las corbatas de seda, los LGBT, y avergonzados del origen de su cultura judeocristiana.

De modo que Estados Unidos, uno de los países más atacado por el terrorismo islámico, y por el interno, también hay que decirlo, tiene el derecho, el deber de salvaguardar su territorio y su gente. Allí no hay discusión alguna, de lo contrario se convertiría muy pronto en una Italia, España o Francia negociando su pasado y sus valores con esa nueva izquierda asexuada que recorre el continente europeo, una vez que perdió la batalla del modelo económico ofertado por el marxismo. O, peor, en una Venezuela diluida, amorfa, destruida, sin pasado ni futuro, sometida a la voluntad de los primeros bribones que se presentaron y amancebaron con todos los movimientos terroristas y antioccidentales existentes.

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Dicho esto, hay que precisar el alcance de la Orden Ejecutiva. En primer lugar, no es permanente la suspensión de emisión de nuevas visas ni la prohibición de entrada al país; la medida es por el lapso de 90 días, en tanto se reestructura la información y se adopten nuevas políticas generales y particulares sobre el terrorismo, impostergables para garantizar la seguridad del país.

No obstante, una Orden Ejecutiva de tal magnitud que involucra a seres humanos concretos, no ha debido ser firmada sin antes haber pasado por abogados, expertos de Inmigración y del propio Departamento de Estado, que hubiere podido evitar las injusticias causadas y el desorden creado por la desinformación e improvisación. Negativas de aceptar visas expedidas con anterioridad, Green Cards suspendidas, parejas separadas, abuelos llegados conforme a la ley, académicos, refugiados aceptados como tales por sus propios funcionarios gubernamentales se encontraron de repente sorprendidos, detenidos o deportados en y desde la propia sala del aeropuerto. No es el caso de violar derechos individuales por la premura o incapacidad de consejeros prejuiciados o ignorantes del tema. Algo parecido, pero menos grave, con lo acontecido con los médicos cubanos atrapados en un limbo jurídico, luego de haber huido de la tiranía cubana.


No hay duda que la acción emprendida por Trump se encuentra dentro del ámbito de ejecuciones presidenciales, en cumplimiento de una promesa electoral que el soberano votó por ella: mantener a salvo América y, de paso, poner las cosas en su sitio.




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